En los años treinta, Paul Strand, Silvestre Revueltas y dos jóvenes directores llegaron a Veracruz para hacer cine. Los habitantes de Alvarado terminaron entrando en la película.
Antes de que el cine mexicano encontrara charros impecables, cabarets fotogénicos y estrellas capaces de llenar marquesinas, hubo una película que decidió mirar directamente a unos pescadores.
Se llamó Redes.
Su gestación comenzó en el México posrevolucionario de los años treinta, cuando la Secretaría de Educación Pública experimentaba con una idea particularmente ambiciosa: utilizar el cine como educación pública.
El fotógrafo estadounidense Paul Strand participó en el proyecto. La historia mostraría una comunidad pesquera sometida a condiciones precarias que descubre la posibilidad de organizarse colectivamente.
Para filmarla eligieron Alvarado, Veracruz.
Y entonces ocurrió algo fundamental: en lugar de construir completamente aquel pueblo frente a una cámara, dejaron que una parte del pueblo entrara en ella.
Los pescadores hicieron de pescadores
Redes utilizó habitantes de Alvarado, Tlacotalpan y comunidades cercanas a la ribera del Papaloapan. Muchos participantes no eran actores profesionales.
Eso proporcionó a la película una textura difícil de fabricar.
Los cuerpos sabían cargar redes porque habían cargado redes. Las embarcaciones no necesitaban decoración para parecer embarcaciones de trabajo. El paisaje tampoco interpretaba nada.
La Filmoteca de la UNAM considera Redes una docuficción y destaca precisamente la participación de pescadores reales en una producción estatal impulsada por la SEP.
El rodaje reunió además a personajes que todavía no sabían la importancia que alcanzarían después.
Uno era Fred Zinnemann.
Décadas más tarde dirigiría películas como High Noon, From Here to Eternity y A Man for All Seasons, además de ganar premios Oscar.
Pero uno de sus primeros trabajos como director ocurrió entre pescadores mexicanos.
Entonces llegó Revueltas
La película necesitaba música. El encargo terminó en manos de Silvestre Revueltas, quien viajó a Alvarado para conocer el ambiente donde se realizaba el proyecto.
Revueltas no utilizó la música simplemente para rellenar silencios. Construyó una partitura capaz de conversar con el trabajo, el duelo, el mar y la organización colectiva.
El archivo dedicado al compositor conserva las distintas versiones de la obra. La primera todavía llevaba el título original del proyecto: Pescados.
Revueltas terminó una nueva partitura de Redes en diciembre de 1935. En mayo de 1936 dirigió personalmente una versión de concierto en el Palacio de Bellas Artes.
La música escapó de la película.
Todavía hoy puede escucharse en salas de concierto sin necesidad de que aparezca una sola imagen en la pantalla.
Una película hecha de experimentos
Redes no fue una producción sencilla ni completamente armónica. Hubo cambios creativos, retrasos, distintas ediciones y tensiones entre quienes participaron.
Precisamente por eso resulta fascinante.
No nació de una industria que ya conociera perfectamente su fórmula. Surgió mientras artistas, funcionarios, fotógrafos, músicos y cineastas discutían qué podía ser una película mexicana.
Su fotografía convirtió redes, rostros, agua y embarcaciones en composiciones de enorme fuerza plástica. Su música terminó adquiriendo vida propia.
Y sus habitantes reales dejaron en pantalla algo que ningún departamento de casting podía proporcionarles: la manera auténtica de habitar aquel paisaje.
La película fue estrenada en México en 1936.
Duraba poco más de una hora.
Ochenta años después, continúa proyectándose, restaurándose, estudiándose y escuchándose.
Los extras volvieron al río
Existe finalmente algo conmovedor en imaginar qué ocurrió después de una filmación semejante.
Los profesionales recogieron cámaras, partituras y negativos. Algunos construyeron posteriormente carreras internacionales extraordinarias.
Los habitantes de Veracruz regresaron a sus vidas.
Seguramente para muchos aquella película fue apenas un episodio extraño: unos forasteros llegaron con cámaras y durante algún tiempo les pidieron repetir frente a ellas cosas parecidas a las cotidianas.
Pero la cámara no se fue completamente.
Conservó sus caras, sus embarcaciones, sus redes y una porción del Veracruz de los años treinta que habría desaparecido sin dejar movimiento.
Por eso Redes tiene hoy dos argumentos.
Uno fue escrito para la película.
El otro ocurrió cuando los pescadores entraron a cuadro y, sin proponérselo, dejaron de envejecer.
