En 1982, cuando los aviones ya cruzaban el mundo y los transbordadores espaciales comenzaban sus viajes, Eduardo Cortés apostó por una forma de volar mucho más antigua: una enorme bolsa de tela, una canasta y aire caliente. Fundó Sepansa Balloons, una empresa mexicana dedicada a fabricar globos aerostáticos. Lo extraordinario es que aquella aventura terminó convirtiendo un taller de Tequisquiapan en una referencia nacional.
En 1982, Eduardo Cortés decidió emprender un negocio bastante distinto de los habituales: construir aeronaves que parecían enormes globos de fiesta, pero podían transportar personas.
No se trataba de juguetes ni de adornos para celebraciones. Eran globos aerostáticos, capaces de elevarse mediante aire caliente y desplazarse siguiendo el viento.
Cortés fundó Sepansa Balloons, una empresa dedicada a fabricar aquellas aeronaves, en una época en que volar en globo todavía era una actividad poco común.
Su proyecto terminaría vinculado con Tequisquiapan, Querétaro, una población que encontró en los vuelos aerostáticos una manera distinta de atraer visitantes y despertar curiosidad.
La historia tiene una paradoja deliciosa: mientras la tecnología aeronáutica perseguía motores cada vez más potentes, Cortés apostaba por una máquina sin alas ni hélices.
Su idea consistía en construir globos capaces de transportar pasajeros, pero también de servir como enormes anuncios publicitarios visibles desde las calles y carreteras.
La fábrica donde las máquinas voladoras se hacen con aguja e hilo
Fabricar un globo aerostático exige una combinación inesperada de oficios. Una parte del trabajo se parece más a una sastrería que a una fábrica de aviones.
Primero se cortan grandes piezas de tela resistente, siguiendo patrones que permitirán formar la enorme envoltura donde se acumulará el aire caliente necesario para elevarse.
Después llega la costura, un trabajo delicado porque las uniones deben soportar esfuerzos importantes cuando el globo está inflado y comienza a levantar pasajeros.
En Tequisquiapan, los trabajadores también elaboran las canastillas mediante técnicas artesanales, entrelazando materiales resistentes alrededor de una estructura diseñada para transportar personas.
La aeronave necesita además quemadores, tanques de combustible y conexiones que permitan calentar el aire de manera controlada durante las distintas etapas del vuelo.
Una investigación televisiva realizada en 2023 mostró que buena parte de ese proceso continúa dependiendo de manos expertas, máquinas de coser y trabajo artesanal.
La publicidad que aprendió a volar
Los primeros negocios de Sepansa estuvieron relacionados con la publicidad, una actividad donde los globos podían convertirse en anuncios gigantescos suspendidos sobre ciudades y campos.
Imagine la escena: una marca acostumbrada a anunciarse en carteles descubría que también podía colocar su nombre sobre una aeronave visible desde kilómetros de distancia.
La idea tenía atractivo comercial, pero también requería resolver problemas prácticos: fabricar los globos, mantenerlos en condiciones adecuadas y encontrar pilotos preparados para operarlos.
Ulises Pérez Álvarez, supervisor de Sepansa, explicó en una entrevista publicada por El Universal Querétaro que la empresa comenzó trabajando para distintas marcas comerciales.
«Empezó con lo que es publicidad para algunas marcas», recordó Ulises Pérez Álvarez, antes de explicar cómo la compañía comenzó a explorar el turismo aerostático.
Aquel cambio amplió las posibilidades del negocio: los globos dejaron de ser solamente anuncios flotantes y comenzaron a transportar pasajeros interesados en mirar desde arriba.
De Hidalgo a los amaneceres de Querétaro
La historia de la empresa también pasó por Hidalgo, donde Eduardo Cortés y su esposa, Nohemí Domínguez, participaron en el desarrollo de vuelos panorámicos.
Una de las etapas estuvo vinculada con la antigua hacienda de Apulco, un escenario rodeado de montañas donde los globos ofrecían nuevas perspectivas del paisaje.
Con el tiempo, las actividades se extendieron hacia Tequisquiapan, localidad queretana que terminaría asociándose con los vuelos turísticos y la fabricación de estas aeronaves.
El atractivo era sencillo de comprender: subir a una canasta, elevarse lentamente y contemplar desde el aire caminos, sembradíos, casas y montañas todavía adormecidas.
A diferencia de un avión, el globo no cuenta con un motor que lo impulse horizontalmente; su desplazamiento depende principalmente de las corrientes de aire.
El piloto controla la altura calentando el aire o permitiendo que se enfríe, mientras aprovecha los vientos disponibles para orientar el recorrido cuando resulta posible.
El secreto está en una enorme bolsa de aire caliente
El funcionamiento parece magia, pero responde a un principio físico sencillo: el aire caliente pesa menos que el aire frío que lo rodea.
Cuando los quemadores calientan el interior del globo, la diferencia de densidad genera una fuerza ascendente capaz de levantar la envoltura, la canasta y sus ocupantes.
La envoltura se fabrica con tela especialmente preparada para soportar las condiciones del vuelo, mientras las costuras mantienen unidas las grandes secciones de material.
La canastilla conserva una apariencia tradicional, aunque su fabricación requiere materiales y estructuras capaces de resistir las exigencias propias de una aeronave tripulada.
Los quemadores proporcionan el calor necesario para ascender o mantener determinada altura, y los tanques transportan el combustible que permite alimentar sus llamas.
Así, una combinación de tela, fibras entrelazadas, metal y fuego consigue algo que parece desafiar al sentido común: llevar personas por encima de las montañas.
El taller mexicano que llegó a los registros de aviación
En marzo de 2013, El Universal Querétaro documentó que Sepansa era una empresa dedicada a fabricar globos aerostáticos y que había recibido certificación aeronáutica.
El reportaje también mostró cómo el negocio había evolucionado desde la publicidad hasta los vuelos recreativos, mientras consolidaba sus instalaciones en territorio queretano.
La Secretaría de Turismo de Querétaro identifica a la compañía como fabricante mexicano de globos y reconoce la trayectoria iniciada por Eduardo Cortés en 1982.
En 2024, un directorio oficial de talleres aeronáuticos también registraba en Tequisquiapan a Servicios Especializados en Globos Aerostáticos Nacionales e Internacionales, empresa relacionada con aquella trayectoria.
La actividad impulsó otros servicios, entre ellos mantenimiento especializado, formación de pilotos y experiencias turísticas que ampliaron el alcance del proyecto iniciado décadas atrás.
Sin embargo, la documentación consultada no permite establecer cuántos globos fabricó Cortés personalmente ni identificar con certeza la fecha del primer vuelo de Sepansa.
El sueño que necesitaba quedarse sujeto a la tierra
Volar en globo puede parecer una actividad tranquila, pero requiere preparación, vigilancia del clima, mantenimiento y pilotos capaces de responder ante situaciones inesperadas.
La seguridad depende de muchos factores: condiciones del viento, estado de la aeronave, funcionamiento de los quemadores y decisiones tomadas antes de iniciar el vuelo.
Por eso, fabricar globos no consiste únicamente en conseguir que se eleven; también implica cumplir requisitos técnicos y mantenerlos en condiciones adecuadas de operación.
En 2023, MVS Noticias publicó señalamientos sobre presuntas deficiencias de fabricación relacionadas con Sepansa, a partir del testimonio de un propietario de globo.
Aquellas acusaciones periodísticas deben distinguirse de una resolución administrativa comprobada; no encontramos documentación suficiente para afirmar que hubieran terminado en una sanción definitiva.
El contraste recuerda que detrás de las fotografías espectaculares existe una industria donde el entusiasmo por volar debe acompañarse siempre de responsabilidad y controles.
El mexicano que encontró su lugar entre las nubes
Eduardo Cortés comenzó su proyecto en 1982, cuando fabricar globos aerostáticos en México estaba lejos de ser una actividad industrial conocida por todos.
La empresa que fundó abrió camino a una actividad que combinaba publicidad, turismo, trabajo artesanal y una manera singular de contemplar los paisajes mexicanos.
Su historia demuestra que una idea aparentemente extravagante puede convertirse en una actividad económica cuando encuentra personas dispuestas a aprender oficios y asumir desafíos.
También recuerda que los inventos más fascinantes no siempre necesitan tecnología futurista: algunas veces basta perfeccionar conocimientos antiguos y encontrarles nuevas posibilidades.
En Tequisquiapan, la imagen de un globo elevándose al amanecer todavía resume aquella combinación de paciencia, trabajo y curiosidad que comenzó décadas atrás.
Eduardo Cortés quiso fabricar globos. Terminó demostrando que una fábrica mexicana también podía tener el cielo como escaparate.
