En julio de 1938, un funcionario vinculado con el Museo de Historia y Arqueología apareció muerto en el baño de una vivienda de la calle Cañitas, en Ciudad de México. Tenía una herida de bala en el pecho. La explicación atribuida a la única testigo era desconcertante: el hombre se había inclinado para vomitar y su propia pistola se había disparado. La pregunta era inevitable: ¿cómo había ocurrido realmente?
Un cadáver en el baño y una explicación difícil de imaginar
La escena parecía tener todos los ingredientes de una novela policiaca: una vivienda, un hombre muerto, una pistola y una mujer que debía explicar lo sucedido.
Según el relato del caso difundido por Archivos secretos de la policía, el hallazgo ocurrió en julio de 1938, en una casa de la calle Cañitas.
La víctima era presentada como un funcionario del Museo de Historia y Arqueología, aunque la información disponible no permite establecer todavía su identidad completa.
El hombre tenía una herida de bala en el pecho. La versión atribuida a la testigo sostenía que el disparo había ocurrido accidentalmente.
De acuerdo con esa explicación, el funcionario comenzó a sentirse mal y se inclinó para vomitar, momento en que supuestamente se accionó su pistola.
El relato dejaba una pregunta elemental: ¿cómo podía dispararse un arma en esas circunstancias y provocar una herida mortal en el pecho de su propietario?
La mujer que tenía que explicar lo ocurrido
La versión difundida del episodio señala que había una testigo cuya declaración resultaba fundamental para comprender lo sucedido dentro de aquella vivienda capitalina.
Sin embargo, no contamos con una transcripción verificable de su testimonio ni con un expediente policial que permita reproducir sus palabras entre comillas.
Tampoco sería correcto convertirla automáticamente en sospechosa. Una explicación extraña puede despertar preguntas, pero no demuestra por sí misma la existencia de un asesinato.
Para determinar qué ocurrió, los investigadores habrían necesitado conocer la posición del arma, la trayectoria del proyectil y las circunstancias precisas del disparo.
También habría sido importante establecer quién encontró el cuerpo, cuánto tiempo había transcurrido desde la muerte y qué otras personas estuvieron presentes.
Esos datos permitirían distinguir entre un accidente, un suicidio y un homicidio, tres posibilidades que no pueden resolverse solamente mediante una narración llamativa.
La casa número 30 y el detalle que no encajaba
La dirección sí aparece identificada en la reconstrucción difundida por el podcast: número 30 de la calle Cañitas, en el entonces Distrito Federal.
Hay, además, un detalle importante en esa versión: el hombre llevaba habitualmente una pistola a la altura del cinturón, según declaró la testigo.
Cuando comenzó a sentirse enfermo, habría intentado quitársela mientras se inclinaba sobre el baño; durante ese movimiento, el arma supuestamente se accionó.
La dificultad estaba en la herida. El disparo había alcanzado el pecho, una circunstancia que despertó dudas sobre la explicación ofrecida a los policías.
No sabemos qué modelo de pistola llevaba, si tenía seguro, ni cómo quedó colocada después del disparo. Inventar esos detalles cambiaría artificialmente el caso.
La pregunta tampoco puede resolverse asegurando que el accidente era imposible. Para hacerlo sería indispensable contar con las conclusiones de los peritos originales.
Un misterio que necesita recuperar su expediente
La historia volvió a circular el 22 de diciembre de 2022, cuando el podcast Archivos secretos de policía dedicó su episodio 82 al caso.
La producción recupera historias de la nota roja publicadas por La Prensa, un periódico que durante décadas documentó crímenes y acontecimientos policiacos mexicanos.
La presentación del episodio confirma el lugar, el mes, la ocupación de la víctima y la explicación atribuida a la única testigo del incidente.
Sin embargo, ese resumen no identifica al fallecido ni informa si hubo detenciones, una acusación formal o una resolución definitiva de las autoridades.
Tampoco permite conocer qué dijeron los médicos forenses. Sin esa información, sería irresponsable afirmar que la policía descubrió un homicidio deliberado y encubierto.
El caso conserva su interés precisamente por esa incertidumbre: una muerte documentada en una crónica policiaca y una explicación que exigía ser examinada cuidadosamente.
La pregunta que quedó encerrada en el baño
Han transcurrido ochenta y ocho años desde aquella muerte ocurrida en una vivienda de la calle Cañitas, durante el verano de 1938.
El relato que sobrevivió conserva una escena inquietante, pero todavía necesitamos recuperar la crónica original para conocer cómo terminó la investigación policiaca.
Quizá los peritos encontraron una explicación convincente. Quizá descubrieron contradicciones mayores. Sin el expediente, ninguna de esas posibilidades puede presentarse como conclusión histórica.
Lo comprobable es que un funcionario del museo apareció muerto, tenía una herida de bala y una testigo describió un supuesto accidente doméstico.
La pistola pudo dispararse por accidente. También pudo haber ocurrido algo distinto. Ochenta y ocho años después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué pasó realmente en aquel baño?
