Foto. fundacionjumex.org
La casa que desapareció en el Pedregal vuelve convertida en un jardín fanta
El artista Álvaro Urbano recupera en el Museo Jumex la memoria de la Casa Cueva de Juan O’Gorman y Helen Fowler. La exposición Helen convierte una historia de arquitectura, naturaleza y pérdida en una experiencia que se puede recorrer.
Hubo una casa en el Pedregal de Ciudad de México que parecía haber brotado de la lava, como si las piedras hubieran decidido convertirse en habitaciones.
La diseñó el arquitecto y pintor Juan O’Gorman, quien buscaba una manera de vivir sin imponerle al paisaje volcánico las formas habituales de una vivienda.
La compartió con Helen Fowler O’Gorman, cuya relación con las plantas y el jardín formaba parte esencial de aquel experimento doméstico.
La construcción terminó desapareciendo, pero su historia regresa este viernes 16 de octubre mediante una exposición que no pretende reconstruirla ladrillo por ladrillo.
Se llama Helen, es obra del artista español Álvaro Urbano y puede visitarse en el Museo Jumex, en la colonia Granada de Ciudad de México.
Una casa que quiso crecer entre las piedras
El Pedregal nació de antiguas erupciones del volcán Xitle, que dejaron extensiones de roca negra donde después crecieron plantas adaptadas a condiciones difíciles.
Durante el siglo XX, ese paisaje comenzó a transformarse mediante proyectos urbanos que convirtieron parte de los terrenos volcánicos en zonas residenciales.
O’Gorman encontró allí un lugar para experimentar con una arquitectura que aprovechara las cuevas, las piedras y las irregularidades naturales del terreno.
En lugar de borrar las formas de la lava para levantar una casa convencional, buscó que la construcción pareciera formar parte del paisaje.
La Casa Cueva terminó convirtiéndose en una de sus obras más singulares, aunque también en un ejemplo de lo frágil que puede resultar el patrimonio arquitectónico.
Helen no era solamente la esposa del arquitecto
El título de la exposición desplaza deliberadamente la atención hacia Helen Fowler O’Gorman, una figura que suele quedar a la sombra del nombre de Juan O’Gorman.
Su interés por la botánica y su participación en el jardín permiten contar la historia de aquella vivienda desde una perspectiva distinta de la arquitectura.
Porque una casa también está hecha de las plantas que alguien cuida, de los recorridos cotidianos y de las decisiones aparentemente pequeñas de quienes la habitan.
En el proyecto de Urbano, ese universo vegetal adquiere protagonismo y ayuda a imaginar la vida que alguna vez existió entre los muros y las piedras.
La exposición propone mirar la vivienda no solamente como una obra arquitectónica desaparecida, sino como un espacio donde convivían personas, plantas y naturaleza.
El artista que trabaja con edificios desaparecidos
Álvaro Urbano ha desarrollado una obra que mezcla arquitectura, escultura e instalaciones para explorar las historias escondidas en edificios y espacios que cambiaron.
Sus proyectos suelen recuperar lugares mediante fragmentos, plantas y objetos, sin intentar reproducir exactamente aquello que ya no existe o fue transformado.
En Helen, esa manera de trabajar encuentra un escenario especialmente adecuado: una casa concebida para convivir con la naturaleza que terminó desapareciendo.
La instalación convierte la memoria del lugar en una experiencia física, donde el visitante puede acercarse a una historia que normalmente conocería mediante fotografías.
No se trata de presentar una maqueta histórica ni de ofrecer un recorrido turístico por una vivienda conservada, sino de imaginar sus huellas.
Un jardín que también habla de destrucción
La desaparición de la Casa Cueva permite plantear una pregunta incómoda: ¿qué pierde una ciudad cuando destruye una construcción que no se parece a ninguna otra?
El valor de aquella vivienda no estaba solamente en su diseño, sino en la relación que establecía con un paisaje que también sufrió transformaciones urbanas.
Por eso, recuperar su memoria mediante plantas resulta especialmente sugerente: la naturaleza vuelve a ocupar el centro de una historia marcada por la desaparición.
El jardín aparece como una forma de resistencia simbólica frente a la costumbre de sustituir edificios, borrar rastros y considerar que todo puede comenzar nuevamente.
Urbano utiliza el arte para hacer visible una ausencia, pero también para recordar que los espacios conservan historias incluso después de perder su forma original.
La casa desapareció, pero dejó demasiados fantasmas
La historia tiene otro personaje: Helen Escobedo, artista que ocupó posteriormente el terreno y realizó cambios que terminaron vinculados con la desaparición de la vivienda.
La exposición incorpora también referencias a esa etapa, evitando presentar la Casa Cueva como un lugar detenido para siempre en los años de O’Gorman.
En lugar de contar una historia con un principio y un final perfectamente ordenados, Urbano reúne distintas épocas que parecen conversar dentro de la instalación.
El Museo Jumex describe el resultado como una experiencia que transforma la galería en un espacio de «fantasmas y apariciones», una imagen particularmente apropiada.
Esos fantasmas no necesitan sábanas blancas ni cadenas: aparecen en los recuerdos de quienes habitaron el lugar y en las huellas que dejaron.
Un libro de plantas también puede convertirse en una máquina del tiempo
La exposición recupera Plantas y flores de México, libro publicado en español en 1963 donde Helen Fowler O’Gorman exploró la riqueza botánica del país.
El volumen combina imágenes de plantas con observaciones sobre las relaciones entre las personas y la naturaleza, una preocupación que atraviesa también la instalación.
Urbano retoma ese universo vegetal junto con referencias a los murales de piedra de Juan O’Gorman y a las transformaciones posteriores del terreno.
El resultado no busca explicar la historia mediante una sucesión de fechas, sino crear una atmósfera donde distintas memorias conviven al mismo tiempo.
Hay algo profundamente extraño en esa operación: un libro de plantas termina ayudando a reconstruir la presencia de una casa que ya no podemos visitar.
Dónde visitar el jardín fantasma y cuánto cuesta
La exposición Álvaro Urbano: Helen abrió este viernes 16 de octubre de 2026 y permanecerá hasta el 7 de febrero de 2027.
Se encuentra en el Museo Jumex, ubicado en Miguel de Cervantes Saavedra 303, colonia Granada, alcaldía Miguel Hidalgo, en Ciudad de México.
El museo abre de martes a viernes de 10:00 a 17:00 horas, los sábados hasta las 19:00 y los domingos hasta las 17:00.
La entrada es gratuita. Además, el museo ofrece visitas guiadas sin costo de martes a viernes, a las 12:00 y 16:00 horas.
La experiencia está pensada para recorrerse dentro del museo; no debe confundirse con una visita a la Casa Cueva original, que ya no existe.
La ciudad que derriba también necesita aprender a recordar
La historia de la Casa Cueva resulta especialmente pertinente en una ciudad donde los edificios desaparecen, los jardines se reducen y los terrenos cambian constantemente.
No todas esas transformaciones son iguales, pero cada demolición plantea preguntas sobre qué vale la pena conservar y quién decide el destino de los espacios.
Urbano no devuelve físicamente la vivienda al Pedregal. Hace algo distinto: recupera su memoria para que una nueva generación pueda imaginar lo que desapareció.
Y al colocar a Helen Fowler en el centro, también recuerda que las historias de la arquitectura no pertenecen exclusivamente a quienes firman los planos.
A veces, lo que permanece de una casa no es su fachada ni su dirección, sino las plantas que alguien eligió cultivar entre las piedras.
Quizá por eso este jardín fantasma tiene algo de revancha: la casa desapareció, pero sus recuerdos encontraron la manera de volver a florecer.
