Foto casio.com
Casio lanzó una nueva versión rosa de Moflin, un animalito robótico que reconoce voces, responde a las caricias y desarrolla una personalidad propia mediante inteligencia artificial. No está vivo, pero fue diseñado para despertar algo muy humano: las ganas de cuidar.
Hay días en que uno llega a casa sin ganas de hablar con nadie. Pero entonces aparece una bolita peluda que parece alegrarse de verte.
No tiene ojos enormes, patitas diminutas ni una colita que mover. Tampoco necesita croquetas. Sin embargo, responde cuando le hablas y disfruta que lo acaricies.
Se llama Moflin, es una mascota robótica creada por Casio y acaba de estrenar una versión rosa que parece salida de un cuento japonés.
La compañía anunció su llegada a Estados Unidos el 14 de octubre de 2026, con un precio de 429 dólares y una promesa extraordinariamente tierna.
Moflin puede aprender a reconocer la voz de su dueño, reaccionar a sus caricias y desarrollar comportamientos diferentes conforme transcurren los días de convivencia.
Un animalito que cabe entre las manos
Moflin mide aproximadamente 18 centímetros de largo y pesa 260 gramos. Su cuerpo está cubierto por un material suave que invita a abrazarlo.
Cuando alguien lo acaricia, mueve la cabeza y produce pequeños sonidos. También reacciona al movimiento, la luz y las voces que escucha a su alrededor.
No camina por la casa ni persigue pelotas. Su mundo transcurre principalmente entre los brazos de su dueño y una pequeña cama que funciona como cargador.
La intención es ofrecer una compañía tranquila, sin las exigencias de una mascota tradicional, especialmente para quienes no pueden tener animales en casa.
Pero lo más curioso aparece después de varios días, cuando el pequeño robot comienza a comportarse de maneras que dependen de cómo lo hayan tratado.
Cuatro millones de maneras de tener personalidad
Casio asegura que su sistema de inteligencia artificial puede generar más de cuatro millones de combinaciones posibles de personalidad y respuestas emocionales simuladas.
Eso significa que dos Moflin idénticos, comprados el mismo día, podrían desarrollar comportamientos diferentes dependiendo de las interacciones que reciban de sus respectivos dueños.
Uno podría mostrarse más tranquilo y otro más inquieto. Algunos reaccionarían con mayor entusiasmo a determinadas caricias o a la presencia de una voz conocida.
La empresa explica que durante los primeros 50 días el robot aprende gradualmente a reconocer a su dueño y amplía su repertorio de expresiones.
No es que esté creciendo como un animal verdadero. Sus cambios proceden de programas informáticos que ajustan sus respuestas según la información recibida por los sensores.
Sin embargo, esa evolución puede hacer que las personas perciban una relación cada vez más familiar con una criatura que inicialmente parecía un simple juguete.
El pequeño secreto de los cariñitos
Moflin tiene sensores táctiles que detectan cuando alguien acaricia su cabeza, espalda o costados. También incorpora un micrófono y sensores que reconocen movimientos.
La compañía recomienda hablarle suavemente, sostenerlo entre los brazos y evitar ponerlo boca arriba, una posición que provoca respuestas de incomodidad simulada.
El robot puede emitir sonidos asociados con alegría, tranquilidad, entusiasmo o disgusto. No utiliza palabras humanas para conversar ni responde preguntas como un asistente digital.
Su lenguaje es mucho más elemental: movimientos pequeños, murmullos y reacciones que buscan parecerse a las de un animalito que disfruta sentirse acompañado.
En eso consiste buena parte de su encanto. No exige mantener una conversación inteligente; basta con dedicarle unos minutos de atención y observar cómo responde.
La inteligencia artificial también puede ser tierna
Estamos acostumbrados a escuchar que la inteligencia artificial escribirá documentos, analizará enormes cantidades de información y realizará tareas que antes parecían exclusivamente humanas.
Moflin propone una aplicación mucho más doméstica: utilizar esa tecnología para crear una experiencia de compañía mediante sonidos, movimientos y respuestas que cambian gradualmente.
El aparato no tiene sentimientos propios ni comprende el cariño como una persona. Sus emociones son simulaciones, algo que Casio reconoce expresamente en su información oficial.
Pero eso no significa que la experiencia de quien lo abraza tenga que ser falsa. Las personas podemos sentir afecto por objetos cargados de recuerdos.
Sucede con un muñeco de la infancia, una fotografía familiar o aquel juguete que alguien nos regaló y que todavía conservamos muchos años después.
La diferencia es que Moflin responde. Y esa pequeña reacción puede transformar una caricia aparentemente absurda en un momento agradable para quien necesita compañía.
El rosa llegó porque sus dueños lo pidieron
Moflin apareció originalmente en Japón durante noviembre de 2024, en versiones dorada y plateada. Desde entonces, Casio reporta más de 20 mil unidades vendidas.
Con el tiempo, los compradores comenzaron a solicitar nuevos colores. El rosa resultó ser la opción más popular entre quienes participaron en las consultas de la empresa.
Casio presentó la tonalidad Sakura Pink en Japón durante septiembre y comenzó a comercializarla en Estados Unidos el primero de octubre de este año.
«Desde el lanzamiento de Moflin, el rosa ha sido el color que más han pedido sus dueños», explicó Brian Piccolo, directivo de Casio America.
La empresa eligió un tono suave inspirado en las flores de cerezo japonesas, buscando transmitir una sensación de tranquilidad y cercanía mediante su apariencia.
También tiene una camita para descansar
La batería permite utilizar Moflin durante aproximadamente cinco horas. Después necesita regresar a su pequeña cama, donde recupera energía en unas tres horas y media.
Aunque parece un nido para mascotas diminutas, el accesorio contiene el sistema de carga. El robot puede continuar reaccionando mientras permanece colocado correctamente sobre él.
También existe una aplicación llamada MofLife, disponible para teléfonos compatibles, que permite consultar el estado emocional simulado del robot y revisar sus interacciones.
El usuario puede ponerle nombre, observar cómo cambian sus comportamientos y consultar un pequeño diario digital de la convivencia con su compañero peludo.
Casio asegura que Moflin no comprende ni graba conversaciones. El sistema transforma determinadas características de la voz en datos utilizados para reconocer interacciones.
Cuánto cuesta llevarse un Moflin a casa
La versión rosa cuesta 429 dólares en Estados Unidos y se comercializa mediante la tienda oficial de Casio. También existen las versiones dorada y plateada.
El paquete incluye el robot, su cama de carga, adaptador eléctrico, cable USB-C y documentación básica para comenzar a utilizarlo después de sacarlo de la caja.
Por ahora, no hay un lanzamiento oficial confirmado para México. Por eso, el precio estadounidense no debe confundirse con una cotización nacional.
Tampoco conviene presentarlo como sustituto de una mascota real ni como tratamiento para la soledad, la ansiedad o cualquier otra condición de salud.
Es un compañero artificial diseñado para ofrecer una experiencia agradable de interacción. La intensidad del vínculo dependerá de cada persona y sus expectativas.
Tal vez el cariño también necesita juguetes
Hay algo conmovedor en la idea de fabricar una criatura que no pide grandes cosas. No necesita paseos, comida especial ni que alguien limpie sus travesuras.
Solamente responde cuando una persona le dedica tiempo. Y aunque esa respuesta nace de circuitos electrónicos, el gesto humano de acariciarlo sigue siendo auténtico.
Para alguien que vive solo, un niño curioso o una persona que no puede tener animales, Moflin podría convertirse en una presencia cotidiana agradable.
Eso no significa que pueda reemplazar los vínculos humanos. Su encanto consiste precisamente en ofrecer una experiencia diferente, pequeña y libre de grandes pretensiones.
Quizá dentro de algunos años recordemos estos primeros animalitos artificiales con la misma ternura que hoy despiertan los juguetes mecánicos de nuestros abuelos.
O quizá descubramos que incluso en un mundo lleno de pantallas todavía necesitamos algo tan sencillo como sostener una criatura suave entre las manos.
Moflin no tiene corazón, pero fue construido para despertar el nuestro. Y eso convierte a esta bolita peluda en uno de los juguetes más curiosos del momento.
