La ayuda internacional sufrió su mayor caída histórica mientras la deuda de los países en desarrollo llegó a 12.3 billones de dólares. El capital privado aparece como salvavidas, pero también cambia las reglas del desarrollo.
Durante décadas, buena parte del desarrollo mundial funcionó con una fórmula conocida: gobiernos ricos entregaban ayuda y organismos multilaterales financiaban carreteras, hospitales, escuelas o electricidad.
Esa fórmula se está encogiendo. La ayuda oficial proporcionada por los principales países donantes cayó 23 por ciento durante 2025, la mayor disminución anual registrada. Reuters
Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Japón y Francia explicaron juntos 96 por ciento de esa caída, precisamente cuando numerosas economías pobres necesitan más financiamiento externo.
Al mismo tiempo, la deuda externa conjunta de los países en desarrollo alcanzó 12.3 billones de dólares, medio billón más que apenas un año antes. Reuters
Cuando la ayuda desaparece llega el inversionista
El Banco Mundial está respondiendo con una idea distinta: combinar dinero público, inversión privada, filantropía y tecnología para financiar proyectos que los gobiernos solos ya no pueden cubrir.
Ajay Banga, presidente del organismo, lleva años empujando ese modelo y consiguió más que triplicar desde 2022 el capital privado movilizado hacia proyectos de desarrollo. Reuters
La lógica parece sencilla: si los presupuestos públicos no alcanzan, hay que convertir carreteras, energía, telecomunicaciones o vivienda en proyectos suficientemente atractivos para traer inversionistas.
Pero ahí aparece una pregunta incómoda. Una clínica rural puede ser socialmente indispensable y, al mismo tiempo, demasiado poco rentable para interesar a un fondo privado.
El canciller británico Ed Miliband admitió precisamente esa nueva realidad: “El sector privado tiene que dar un paso adelante”, afirmó durante las reuniones económicas de Bangkok. Reuters
También cuestionó una vieja percepción financiera: “Los riesgos de prestar a mercados emergentes han sido exagerados, y el riesgo de impago también”, sostuvo Ed Miliband. Reuters
La deuda se come primero el presupuesto
El problema es que muchos países llegan a esa nueva etapa cargando obligaciones anteriores. Antes de invertir en desarrollo deben pagar intereses sobre deuda contratada años atrás.
Jean Saldanha, directora de Eurodad, lanzó una pregunta difícil de esquivar: “¿Dónde están las medidas de emergencia para impedir que países gasten más en deuda que en salud y educación?”. Reuters
La frustración también alcanza al FMI y al Banco Mundial. Organizaciones dedicadas al alivio de deuda consideran insuficientes las respuestas ofrecidas durante las reuniones anuales.
“Hubo mucha información sobre lo difíciles que son los problemas, pero vimos muy poca acción”, señaló Eric LeCompte, director ejecutivo de Jubilee USA Network. Reuters
El desarrollo también empieza a tener accionistas
África ya experimenta este cambio. Bancos regionales están utilizando garantías para atraer fondos privados hacia proyectos de infraestructura que antes dependían principalmente de recursos públicos. Reuters
El Banco Islámico de Desarrollo también busca ampliar inversiones privadas mientras prepara alrededor de 10 mil millones de dólares de financiamiento para el próximo año. Reuters
Su presidente, Muhammad Al Jasser, reconoció la magnitud del problema: “Los desafíos son enormes. No vamos a resolverlos solos ni colectivamente en poco tiempo”. Reuters
El cambio puede desbloquear dinero indispensable. También introduce otra lógica: el inversionista necesita retorno, mientras el desarrollo incluye necesidades que jamás producirán dividendos atractivos.
El viejo mundo preguntaba cuánto estaban dispuestos los países ricos a donar. El nuevo empieza a preguntar cuánto beneficio necesita alguien para decidir invertir.
Y quizá esa sea la gran transformación silenciosa: el desarrollo deja de depender únicamente de solidaridad internacional y empieza a competir también por rentabilidad financiera.
