Una iniciativa propone instalar en cada CETRAM de la Ciudad de México al menos un módulo permanente para atender a mujeres que enfrenten violencia. El problema ocurre precisamente donde termina un viaje y comienza otro: espacios donde confluyen Metro, autobuses, combis, taxis, comercio y miles de personas buscando la siguiente puerta.
Bajarse del Metro y subir a una combi puede tomar diez minutos.
En una aplicación de movilidad, ese pequeño tramo probablemente aparecería apenas como una línea caminando entre dos transportes.
Para una mujer también puede significar atravesar andenes, pasillos, escaleras, comercio, paraderos y aglomeraciones donde saber quién debe ayudarla no siempre resulta evidente.
Una iniciativa presentada este jueves en el Congreso capitalino quiere colocar una respuesta identificable precisamente en esos espacios: los Centros de Transferencia Modal, mejor conocidos como CETRAM.
El diputado Ernesto Villarreal Cantú, del PT, propuso reformar las leyes de Movilidad y de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
El planteamiento establece que cada CETRAM tenga permanentemente al menos un módulo o espacio visible, accesible y debidamente señalizado para atender a mujeres que enfrenten hechos de violencia.
No sería solamente un sitio para preguntar dónde denunciar.
La iniciativa contempla orientación y atención inicial, además de facilitar asesoría jurídica, acompañamiento y canalización hacia las autoridades competentes según lo ocurrido.
Eso importa particularmente en un CETRAM porque ahí las fronteras institucionales pueden resultar mucho menos claras que las rutas dibujadas en los mapas.
Una agresión puede ocurrir después de abandonar instalaciones del Metro, antes de abordar transporte concesionado o mientras se atraviesa un espacio donde confluyen distintos sistemas.
La pregunta entonces deja de ser solamente qué ocurrió.
También aparece otra: ¿a quién se pide ayuda?
La capital ya cuenta con mecanismos para atender violencia sexual en el transporte, incluidos los módulos Viaja Segura, por lo que la propuesta no comienza sobre terreno vacío.
De hecho, el propio promovente recordó que existen esos módulos y que durante 2025 fueron anunciados espacios de atención integral contra la violencia hacia las mujeres en algunos CETRAM.
La diferencia de la nueva iniciativa está en llevar la obligación a la legislación y establecer al menos un espacio permanente de primer contacto en cada Centro de Transferencia Modal.
El proyecto propone que la implementación sea progresiva y establece un plazo máximo de 18 meses para completar el despliegue previsto.
Su exposición recupera además un estudio realizado en 2019 con participación del Banco Interamericano de Desarrollo sobre movilidad, accesibilidad y seguridad de las mujeres en tres CETRAM.
En Pantitlán, 69.5 por ciento de las mujeres encuestadas dijo sentirse insegura o muy insegura.
El dato debe leerse con cuidado: corresponde a un estudio de 2019, a una población específica y no describe automáticamente las condiciones actuales de todos los CETRAM capitalinos.
Pero ayuda a explicar por qué los transbordos también forman parte de la discusión sobre seguridad y movilidad.
La iniciativa surgió, además, de una propuesta de integrantes del Colectivo Mujeres en la Lucha Social participantes en el Parlamento de Mujeres 2026.
Todavía no es una obligación vigente.
Fue enviada a las comisiones unidas de Movilidad Sustentable y Seguridad Vial y de Igualdad de Género, donde deberá analizarse y dictaminarse.
Mientras eso ocurre, millones de viajes seguirán teniendo ese pequeño espacio que los mapas suelen representar como una conexión.
Para llegar a otro transporte hay que bajarse del primero.
Y durante esos metros, la ciudad también debería saber quién se hace cargo.
