La Unión Europea creó una misión de tres años para reforzar al Ejército libanés mientras UNIFIL prepara su salida. El vacío llega antes que la estabilidad.
Europa decidió entrar más profundamente en la seguridad libanesa justo cuando Naciones Unidas empieza a preparar la salida de una misión desplegada allí desde 1978.
Los ministros europeos aprobaron este lunes una misión inicial de tres años para asesorar y entrenar al Ejército libanés y a las fuerzas de seguridad internas.
El componente militar se concentrará en control territorial, fronteras y seguridad marítima; el civil añadirá capacidades contra contrabando, cibercrimen y amenazas internas crecientes.
Kaja Kallas aseguró que más de diez países europeos están dispuestos a aportar personal y recursos, mientras Bruselas acelera la planeación operativa para desplegarla pronto.
UNIFIL se va pero el problema se queda
La nueva misión aparece porque UNIFIL comenzará a retirarse al finalizar 2026, después de casi medio siglo intentando contener tensiones en el sur libanés.
Bruselas insiste en que su operación no sustituirá formalmente a los cascos azules, aunque resulta evidente que busca reducir parte del vacío que dejarán.
Ese vacío no es teórico: Israel mantiene posiciones dentro del sur libanés, Hezbollah conserva capacidad militar y el Ejército nacional sigue intentando ampliar control territorial.
La Unión Europea sostiene que Líbano necesita recuperar el monopolio estatal de las armas, objetivo que implica inevitablemente reducir el espacio militar autónomo de Hezbollah.
Francia e Italia incluso estudian mecanismos complementarios para ayudar al Ejército libanés, aunque ninguna capital europea quiere asumir directamente el desarme de la organización chiita.
Ahí está el límite político: Europa quiere fortalecer al Estado sin convertirse en fuerza ocupante ni entrar frontalmente en una confrontación armada con Hezbollah.
La misión también llega con calendario
El mandato europeo durará tres años y se apoya en asistencia previa: desde 2022, la UE ha destinado 182 millones de euros al Ejército libanés.
Solo este año aprobó otros 100 millones para vigilancia territorial, seguridad marítima, protección de instalaciones militares, sanidad y mejor conocimiento operativo sobre amenazas regionales.
Bruselas también mantiene un paquete de mil millones de euros para Líbano entre 2024 y 2027, mezclando seguridad, reformas, servicios básicos y apoyo humanitario.
La estrategia intenta construir capacidad estatal antes de que desaparezca un actor internacional que durante décadas funcionó como amortiguador entre Israel, Hezbollah y Beirut.
Pero la pregunta es incómoda: si la ONU no consiguió resolver el problema con miles de soldados, ¿qué podrá hacer una misión europea centrada principalmente en asesorar?
El relevo más delicado
La respuesta quizá esté en que Europa no pretende sustituir cascos azules con cascos europeos, sino reforzar a quienes deberían asumir gradualmente esa responsabilidad dentro de Líbano.
Eso convierte la misión en una apuesta de largo plazo: menos presencia internacional directa y más capacidad nacional para controlar fronteras, costas, contrabando y territorio.
Funcionará sólo si el Ejército libanés puede ocupar espacios reales, si Israel reduce su presencia y si Hezbollah acepta una pérdida efectiva de autonomía militar.
Ninguna de esas tres condiciones está garantizada.
Por eso Europa entra ahora: no porque Líbano haya resuelto su conflicto, sino porque la estructura internacional que lo contenía parcialmente está empezando a retirarse.
UNIFIL se va porque su mandato termina. Hezbollah sigue porque su problema no depende de calendario. Bruselas acaba de colocarse justo entre esas dos velocidades.
