El expresidente congoleño creó una coalición político-militar junto con dirigentes del M23. Quien gobernó el Estado ahora encabeza una estructura que combate contra él.
Joseph Kabila pasó años negando que respaldara directamente a los rebeldes del este congoleño. Este fin de semana decidió reducir considerablemente la distancia entre ambos.
El expresidente anunció el Frente para la Refundación de la Nación, una nueva coalición político-militar que sustituirá a la alianza AFC-M23 enfrentada actualmente con Kinshasa.
Kabila encabezará personalmente la organización y tendrá como vicepresidentes a Corneille Nangaa, Bertrand Bisimwa, Freddy Kaniki y Sultani Makenga, figuras centrales de aquella insurgencia.
La diferencia no es semántica: quien gobernó la República Democrática del Congo ahora comparte formalmente dirección política con comandantes que controlan territorios arrebatados al gobierno.
El expresidente entra al organigrama
Durante meses, Félix Tshisekedi acusó a Kabila de ayudar al AFC-M23. El antiguo mandatario negó esas imputaciones y presentó las investigaciones como persecución política interna.
Una corte militar terminó condenándolo a muerte en ausencia por traición, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad vinculados con su supuesto respaldo rebelde.
Kabila rechazó el fallo, pero también viajó previamente a Goma, ciudad controlada por M23, mientras varios antiguos colaboradores suyos se incorporaban progresivamente al movimiento.
Ahora desaparece parte de aquella ambigüedad: no necesita respaldar públicamente al M23 porque pasó a dirigir una estructura política que incluye directamente a sus dirigentes.
El nuevo frente asegura que pretende terminar con la corrupción, reconstruir el Estado y devolver democracia, incluso mediante el uso de fuerza cuando considere necesario.
Kinshasa puede leer exactamente lo contrario: un expresidente condenado por colaboración rebelde acaba de institucionalizar su alianza con quienes combaten militarmente al gobierno actual.
La guerra también busca uniforme político
El cambio ocurre mientras las conversaciones impulsadas por Estados Unidos, Qatar y la Unión Africana intentan convertir compromisos de alto al fuego en estabilidad sobre terreno.
Ese proceso ya enfrentaba enormes dificultades: nuevos combates estallaron recientemente en Masisi pese a visitas de mediadores africanos y mecanismos internacionales de verificación desplegados.
Añadir a Kabila modifica además la naturaleza del conflicto, porque el enfrentamiento deja de parecer exclusivamente rebelión regional y adquiere una dimensión política nacional mayor.
Nangaa conoce particularmente bien esa frontera: antes de convertirse en dirigente rebelde presidió la comisión electoral que supervisó las controvertidas elecciones congoleñas de 2018.
También persiste la dimensión regional. Naciones Unidas y gobiernos occidentales acusan a Ruanda de respaldar y ejercer influencia operativa sobre M23; Kigali continúa negándolo.
El hombre que entregó Palacio quiere refundarlo
Kabila dejó la presidencia cuando Tshisekedi llegó al poder. Ahora encabeza un frente que cuestiona precisamente la legitimidad y conducción del Estado que entonces entregó.
La nueva coalición no garantiza una victoria militar ni política, pero sí convierte al expresidente en participante directo de una confrontación que antes podía observar parcialmente.
Eso complica cualquier negociación futura: ya no habrá solamente que discutir con comandantes rebeldes, Kinshasa y Kigali, sino también con un antiguo jefe del Estado.
Congo lleva décadas viendo milicias transformarse en partidos y políticos convertirse en comandantes. Kabila acaba de recorrer ese camino particular en dirección contraria.
