La noche del 29 de noviembre de 1987, Víctor Yturbe abrió la puerta de su residencia en Las Arboledas, Estado de México. Tres hombres armados lo esperaban. Su asesinato dejó una investigación inconclusa, tres posibles móviles y un misterio que sobrevivió al cantante.
El timbre sonó cerca de la medianoche. Víctor Yturbe estaba viendo televisión en su casa de Las Arboledas, un fraccionamiento residencial de Atizapán de Zaragoza.
Era domingo 29 de noviembre de 1987. El cantante había cancelado una presentación prevista en Tijuana y disfrutaba una noche excepcionalmente tranquila junto a su familia.
Su hija Lucy había salido sin llaves. Cuando escuchó que llamaban a la puerta, el intérprete supuso que era ella y se levantó para recibirla.
No encontró a su hija. Frente a la entrada había tres hombres que, según las investigaciones policiales difundidas entonces, dispararon sin darle oportunidad de defenderse.
Seis detonaciones rompieron el silencio de aquella residencia. El hombre que había conquistado al público cantando boleros quedó gravemente herido junto a la puerta.
Los agresores escaparon. Adentro, su esposa Irma y su hijo Víctor Manuel escucharon los disparos y acudieron apresuradamente para averiguar qué había sucedido.
Encontraron a El Pirulí ensangrentado. La noche familiar se había convertido en una escena criminal y nadie podía explicar quiénes eran aquellos hombres armados.
Una puerta abierta y seis disparos
La muerte del cantante estremeció al país porque ocurrió en un lugar donde aparentemente estaba protegido: su propia casa, dentro de una zona residencial.
Las reconstrucciones periodísticas coinciden en que los agresores llegaron hasta la entrada y dispararon directamente contra Yturbe, sin que se documentara un enfrentamiento previo.
Los investigadores hablaron de seis impactos producidos por proyectiles de nueve milímetros, una violencia que alimentó inmediatamente las sospechas sobre un ataque deliberadamente preparado.
La precisión de los agresores llevó a los policías a considerar que podían ser sicarios experimentados, aunque nunca se estableció judicialmente su identidad.
El cuerpo fue trasladado hacia el interior de la residencia cuando sus familiares intentaban auxiliarlo, circunstancia que después complicaría la reconstrucción de los hechos.
Aquella intervención, realizada en medio de la emergencia, modificó la escena que los peritos necesitaban examinar para determinar posiciones y trayectorias de los disparos.
En las horas siguientes comenzaron los interrogatorios, las inspecciones y las primeras hipótesis. Pero el expediente pronto encontraría más preguntas que respuestas verificables.
La llamada que nadie pudo explicar
Entre los datos que aparecieron durante las pesquisas figuraba una llamada telefónica recibida por el cantante antes de que ocurriera el ataque aquella noche.
Algunas versiones periodísticas señalaron que pudo contener amenazas, pero las autoridades no lograron corroborar su contenido ni establecer una relación demostrable con el homicidio.
La coincidencia temporal alimentó sospechas, aunque por sí sola no permitía identificar a los agresores ni reconstruir las decisiones que precedieron al ataque armado.
También resultaba inquietante que los hombres hubieran llegado precisamente cuando Yturbe se encontraba en casa, después de cancelar un compromiso artístico fuera de México.
¿Conocían sus movimientos? ¿Sabían que abriría personalmente? ¿Habían elegido aquella noche por alguna circunstancia específica? Las preguntas quedaron abiertas desde las primeras investigaciones policiales.
La prensa comenzó a presentar el crimen como una ejecución, pero esa interpretación tampoco resolvía el problema fundamental: identificar quién había ordenado matar al cantante.
Tres pistas para encontrar a un asesino
La Procuraduría de Justicia del Estado de México investigó distintas posibilidades, entre ellas un conflicto sentimental relacionado con una persona supuestamente vinculada al narcotráfico.
Otra línea apuntaba hacia presuntas deudas económicas derivadas de inversiones inmobiliarias y propiedades en Puerto Vallarta, donde Yturbe mantenía importantes intereses personales.
La tercera hipótesis exploraba posibles relaciones con integrantes del crimen organizado, una sospecha difundida ampliamente que nunca quedó demostrada mediante una sentencia judicial conocida.
Las tres posibilidades ofrecían explicaciones diferentes para un mismo ataque, pero ninguna consiguió proporcionar pruebas suficientes para identificar y procesar a los responsables materiales.
Los investigadores también examinaron la posibilidad de un robo, aunque las reconstrucciones publicadas señalaron que no se acreditó la desaparición de objetos de valor.
La violencia empleada y la aparente ausencia de un botín fortalecieron las sospechas sobre una agresión dirigida, sin permitir establecer definitivamente su verdadero motivo.
Cada nueva versión parecía acercar a los policías hacia una explicación. Sin embargo, el expediente terminó acumulando hipótesis que nunca pudieron convertirse en conclusiones.
El cantante que había comenzado entre turistas
Víctor Manuel de Anda Yturbe nació el 8 de mayo de 1936 y desarrolló una trayectoria artística que comenzó lejos de los grandes escenarios.
Antes de convertirse en cantante, trabajó como payaso acuático en espectáculos turísticos, una actividad que aprovechaba su habilidad física y su sentido del humor.
Su vida cambió después de una lesión que lo apartó de aquellas presentaciones y lo acercó profesionalmente a la música en Puerto Vallarta, Jalisco.
Comenzó a cantar en el bar del hotel Posada Vallarta, donde su voz encontró un público que pronto empezó a reconocer su particular estilo romántico.
Su delgadez le había ganado el apodo de El Pirulí, sobrenombre que conservó cuando comenzó a grabar discos y presentarse ante públicos más numerosos.
El éxito llegó con interpretaciones de boleros y canciones románticas, acompañadas frecuentemente por arreglos que destacaban su voz y el sonido del requinto mexicano.
Entre sus temas más recordados quedaron Verónica, Felicidad, Mi segundo amor, Motivos y Soy lo prohibido, canciones que continuaron escuchándose después de su muerte.
Su presencia en programas como Siempre en Domingo lo convirtió en un rostro familiar para generaciones que asociaban su figura con serenatas y melodías amorosas.
El misterio también llegó a las primeras planas
El lunes 30 de noviembre de 1987, los periódicos mexicanos difundieron la noticia del asesinato, que rápidamente adquirió una dimensión nacional por su brutalidad.
La imagen pública de El Pirulí contrastaba violentamente con las circunstancias de su muerte: un intérprete de canciones amorosas abatido frente a su familia.
Las primeras planas comenzaron a llenarse de reconstrucciones policiales, declaraciones y especulaciones que intentaban explicar una agresión cuya motivación permanecía completamente desconocida entonces.
El seguimiento periodístico continuó durante semanas, pero los avances fueron insuficientes y las autoridades no consiguieron presentar una explicación definitiva respaldada por pruebas.
Con el paso del tiempo, algunas versiones adquirieron apariencia de certezas, especialmente aquellas que vinculaban el asesinato con conflictos sentimentales o presuntos narcotraficantes.
Sin embargo, ninguna de esas sospechas debe confundirse con una conclusión judicial, porque hacerlo significaría atribuir responsabilidades sin la documentación necesaria para demostrarlas.
El crimen permaneció sin esclarecerse y terminó formando parte de la historia de los asesinatos de personajes públicos mexicanos que nunca encontraron respuesta satisfactoria.
La escena del crimen se quedó sin desenlace
El asesinato de Víctor Yturbe conserva elementos propios de una novela policiaca: una llamada inexplicable, una puerta abierta y tres hombres que desaparecieron.
También contiene una circunstancia particularmente dolorosa: el cantante habría acudido a la entrada porque esperaba recibir a su hija, no porque anticipara peligro alguno.
La violencia interrumpió una noche doméstica y dejó a su familia frente a una investigación que nunca consiguió identificar públicamente a los responsables del homicidio.
Décadas después, las crónicas permiten reconstruir la secuencia general, pero siguen sin responder quiénes dispararon, quién pudo enviarlos y qué motivó aquella agresión.
El expediente quedó marcado por indicios incompletos, versiones contradictorias y sospechas que sobrevivieron mucho más tiempo que las posibilidades de comprobarlas mediante una investigación efectiva.
Mientras tanto, sus canciones continuaron circulando entre generaciones que conocieron su voz sin necesariamente recordar las circunstancias violentas que terminaron con su carrera artística.
En los discos, El Pirulí todavía canta sobre amores perdidos, despedidas y promesas incumplidas. En los archivos policiales permanece otra historia, mucho menos romántica.
La última escena conocida de su vida comienza con un gesto cotidiano: levantarse del sillón para abrir una puerta porque alguien está llamando afuera.
Víctor Yturbe pasó su vida cantando historias de amor que tenían principio y final. La historia de su muerte comenzó con un timbre y nunca tuvo respuesta.
