Hace cinco días advertimos que el Tribunal Electoral preparaba una regla distinta a la aprobada por el INE. Ya ocurrió: por unanimidad, la Sala Superior determinó que una boleta sin los dobleces necesarios para entrar en la urna no puede convertirse después en voto.
Hace cinco días todavía había que escribir esta historia en condicional. Felipe de la Mata había presentado un proyecto, pero las llamadas “boletas planchadas” seguían teniendo una posibilidad de sobrevivir.
Ya no.
La Sala Superior del Tribunal Electoral revocó este miércoles el criterio aprobado por el INE y estableció que esas papeletas deberán quedar fuera del resultado electoral.
La diferencia parece pequeña porque hablamos simplemente de doblar papel. Jurídicamente es enorme: desaparece la posibilidad de que un consejo distrital decida posteriormente si una boleta perfectamente lisa merece contarse.
El Tribunal colocó la frontera mucho antes.
Si físicamente no pudo seguir el camino legal hacia la urna, no puede terminar jurídicamente convertida en voto.
La puerta que había dejado abierta el INE
El Consejo General aprobó el 3 de septiembre los lineamientos para realizar los cómputos distritales de las elecciones federales de 2027 y allí reapareció aquella anomalía.
Las “boletas planchadas” son papeletas encontradas sin las marcas de doblez que normalmente deberían adquirir cuando el elector las pliega para introducirlas por la ranura correspondiente.
El acuerdo del INE no decía simplemente que esas boletas fueran válidas. Ésa sería una descripción incorrecta de lo que aprobó la mayoría del Consejo General.
Creaba un procedimiento.
Cuando apareciera una durante un recuento, debía separarse, documentarse la incidencia y llevarse posteriormente ante el consejo distrital para determinar fundadamente si debía contabilizarse.
La solución pretendía evitar una invalidez automática basada exclusivamente en la apariencia física de la papeleta, porque la legislación electoral no contiene expresamente una causal denominada “boleta planchada”.
Pero dejaba abierta exactamente la posibilidad que generó la controversia.
Una boleta completamente lisa podía terminar contándose.
El Tribunal cerró la puerta
La Sala Superior tomó ahora el camino contrario. El proyecto de Felipe de la Mata fue aprobado por unanimidad y convirtió la ausencia de dobleces en una consecuencia electoral concreta.
Una boleta sin las marcas necesarias para acreditar que pudo introducirse legalmente en la urna no debe incorporarse a la sumatoria de resultados.
El razonamiento parte de algo extraordinariamente material.
Las urnas tienen ranuras.
Las boletas tienen dimensiones mayores.
El elector debe doblarlas para introducirlas.
Si después aparece una completamente extendida, falta una característica física esperable del procedimiento ordinario mediante el cual el sufragio llega hasta aquella caja transparente.
El Tribunal no necesitó demostrar quién la introdujo, cuándo apareció ni qué candidatura estaba marcada para establecer la consecuencia sobre su cómputo.
Le bastó determinar que no existe certeza suficiente de que aquella papeleta haya recorrido el procedimiento legal exigido para convertirse en sufragio.
La regla empieza desde la casilla
La sentencia agrega una diferencia todavía más importante respecto del mecanismo diseñado por el INE: el problema no tendrá que esperar necesariamente hasta el consejo distrital.
Cuando durante el escrutinio ordinario aparezca una papeleta sin dobleces, los funcionarios de casilla deberán identificar la anomalía y dejar constancia en la hoja de incidentes.
Esa boleta deberá mantenerse separada y no incorporarse a los resultados.
Si posteriormente existe un recuento distrital y aparece allí una papeleta con esas características, los funcionarios deberán constatar nuevamente la ausencia del doblez y excluirla.
Desaparece así la deliberación posterior que permitía analizar individualmente la papeleta y eventualmente incorporarla al cómputo después de una decisión del consejo distrital.
La regla quedó simplificada.
Sin doblez suficiente para haber entrado en la urna, no hay voto computable.
La historia empezó antes de 2027
Las boletas planchadas no nacieron durante esta discusión reglamentaria. El fenómeno había aparecido en elecciones anteriores y adquirió especial relevancia durante la elección judicial de 2025.
Entonces fueron localizadas papeletas sin dobleces dentro de paquetes electorales, particularmente en Chiapas, y el propio INE terminó excluyendo resultados correspondientes a más de 400 casillas.
También existían antecedentes anteriores, incluida la elección de 2024 y litigios donde la ausencia de dobleces formó parte de irregularidades examinadas por las autoridades electorales.
Eso explica por qué el asunto reapareció antes de las elecciones intermedias de 2027.
El INE sabía que podía volver a ocurrir.
La discusión nunca fue si debía existir una regla.
Fue cuál.
El INE estaba dividido desde septiembre
La decisión del 3 de septiembre produjo una discusión particularmente extraña porque algunos de los argumentos más severos contra las boletas planchadas surgieron dentro del propio Instituto.
El consejero Uuc-kib Espadas sostuvo durante aquella sesión que una papeleta sin dobleces dentro de una urna constituía una anomalía incompatible con el recorrido físico normal del voto.
Otros integrantes consideraron, sin embargo, que transformar automáticamente esa característica en invalidez podía crear una causal que la legislación no establece expresamente.
La propuesta finalmente aprobada buscó una salida intermedia: identificar la papeleta, documentarla y trasladar la decisión sobre su validez al consejo distrital correspondiente.
PAN, PRI, Movimiento Ciudadano, Somos y PAZ llevaron el asunto ante el Tribunal Electoral.
Cinco semanas después, aquella salida intermedia desapareció.
Una anomalía no equivale automáticamente a demostrar fraude
Aquí permanece una precisión que hicimos cuando analizamos este asunto por primera vez y que la sentencia no vuelve innecesaria.
Encontrar una boleta sin dobleces permite ahora excluirla del cómputo.
No demuestra automáticamente quién cometió una irregularidad.
Tampoco identifica al responsable, acredita por sí sola una operación organizada ni permite atribuir el episodio a un partido, gobierno, candidato o funcionario determinado.
Son preguntas diferentes.
Una cosa es establecer si una papeleta reúne condiciones suficientes para ser contabilizada como sufragio y otra demostrar penal o electoralmente cómo llegó hasta allí.
El Tribunal resolvió la primera.
La segunda seguirá necesitando pruebas.
El doblez se convirtió en cadena de custodia
La importancia del fallo tampoco reside únicamente en cuántas boletas planchadas podrían aparecer durante las elecciones del próximo año.
Puede no aparecer ninguna.
La importancia está en haber convertido una característica física aparentemente insignificante en parte verificable del recorrido que debe seguir el voto.
La boleta sale de manos del funcionario.
Llega al elector.
Se marca.
Se dobla.
Entra en la urna.
Después se extrae y se cuenta.
El doblez funciona ahora como una cicatriz material de ese recorrido.
No demuestra absolutamente todo lo ocurrido durante la jornada, pero su ausencia puede demostrar que falta una parte indispensable de la historia.
2027 ya tiene una regla menos discutible
México llegará a las elecciones del próximo junio con enormes discusiones pendientes sobre candidaturas, observadores, fiscalización, intervención gubernamental, cómputos y vigilancia de aproximadamente 180 mil casillas.
Las boletas planchadas ya no estarán entre los asuntos donde cada consejo distrital pueda construir posteriormente su propia respuesta.
La Sala Superior escogió uniformidad.
Si aparece una papeleta lisa, deberá apartarse.
Si aparece durante un recuento, tampoco podrá incorporarse.
Y si existen elementos para investigar cómo llegó hasta el paquete electoral, esa investigación tendrá que desarrollarse independientemente de la decisión inmediata sobre el voto.
Hace cinco días escribimos que el Tribunal Electoral quería decidir qué hacer con las boletas perfectamente planchadas.
Hoy ya decidió.
El INE había construido un procedimiento para preguntar después si aquella hoja lisa podía ser voto.
El Tribunal encontró una respuesta bastante más sencilla.
Si nunca tuvo que doblarse para entrar, tampoco puede desdoblarse para contar.
