Este fin de semana, Expo Reforma tendrá más de cien estaciones con videojuegos independientes. Algunos todavía necesitan descubrir algo fundamental: qué ocurre cuando el jugador hace exactamente lo que nadie había previsto.
Un videojuego puede tardar años en construirse y apenas unos segundos en descubrir que alguien olvidó ponerle piso debajo de una puerta.
El personaje cae.
Desaparece.
Probablemente alguien grita.
Bienvenido al desarrollo de videojuegos.
Este 3 y 4 de octubre, Expo Reforma reunirá más de cien estaciones de juego durante Super Indie Games, encuentro dedicado a desarrolladores, estudios y jugadores independientes.
Habrá proyectos mexicanos e internacionales, algunos terminados y otros todavía recorriendo ese extraño territorio situado entre una gran idea y algo suficientemente estable para venderse.
Y ahí aparece una oportunidad poco frecuente.
Normalmente conocemos un videojuego cuando ya aprendió a comportarse. Lo descargamos, encendemos la consola y esperamos que personajes, puertas, enemigos, botones y mundos sepan perfectamente qué deben hacer.
Antes de eso existe otra criatura.
Los videojuegos también tienen adolescencia
Primero puede existir solamente un prototipo: una versión elemental construida para comprobar si una mecánica resulta realmente divertida antes de dedicar meses a decorarla.
Después aparecen versiones jugables cada vez más complejas. Se agregan personajes, animaciones, escenarios, música, enemigos, menús, reglas y cantidades indecentes de pequeñas decisiones invisibles.
Y entonces llega el jugador.
Ése es uno de los momentos más peligrosos.
El desarrollador conoce su creación demasiado bien. Sabe cuál puerta abrir, dónde saltar, qué botón presionar y hacia dónde caminar. Sin darse cuenta puede asumir que cualquier persona entenderá exactamente lo mismo.
Una persona desconocida tarda veinte segundos en demostrarle lo contrario.
Intenta abrir la puerta decorativa.
Salta donde nadie imaginó.
Ignora la enorme flecha luminosa.
Ataca al personaje que debía ayudarlo.
Encuentra una esquina donde queda atrapado para siempre.
Eso explica por qué mostrar videojuegos antes de terminarlos puede resultar tan valioso. Observar cómo juega otra persona descubre problemas que ninguna cantidad de horas frente al código necesariamente revela.
Un bug también cuenta una historia
Los errores forman parte de esta etapa. Un personaje atraviesa una pared porque falló una colisión. Un objeto comienza a flotar. Un enemigo olvida atacar. La cámara decide visitar el interior de una cabeza.
Algunos errores son desesperantes. Otros terminan convirtiéndose en anécdotas legendarias del desarrollo. Y ocasionalmente un comportamiento accidental resulta tan divertido que alguien decide conservarlo.
Super Indie Games quiere acercar precisamente esos dos extremos que normalmente permanecen separados: quienes construyen videojuegos y quienes solamente queremos sentarnos a jugarlos.
Además de las estaciones habrá talleres y conferencias con desarrolladores, creadores y profesionales de la industria. También se realizará la final del Devs Challenge, competencia destinada a proyectos independientes.
La convocatoria recibió más de cien registros. Los finalistas anunciados son Drunk City Bastards, Chamba Clones, Alcheminst Madness, Elders K.O., Project Timi y Caterva.
Sus creadores tendrán algo mucho más incómodo que mostrar una presentación bonita.
Tendrán que dejar jugar.
El jugador se convierte en conejillo de Indias
El sábado las actividades están anunciadas de 11:00 a 19:00 horas y el domingo de 11:00 a 17:00, en Expo Reforma, sobre avenida Morelos.
El boleto individual está anunciado en 280 pesos más cargos y el abono originalmente se ofreció en 500 pesos más cargos; los precios disponibles pueden cambiar conforme avanza la venta.
No hace falta saber programar para entender la parte divertida.
Durante décadas hemos recibido los videojuegos como mundos terminados. Alguien pone una caja en nuestras manos y fingimos que ese universo siempre funcionó perfectamente.
Nunca vemos los meses durante los cuales el héroe atravesaba paredes, los enemigos caminaban hacia atrás y el botón equivocado destruía accidentalmente medio planeta.
Este fin de semana podemos encontrarnos con algunos juegos antes de que lleguen a esa edad adulta.
Podemos sentarnos frente a la pantalla.
Tomar el control.
Ignorar todas las pistas.
Caminar exactamente hacia donde nadie quería que fuéramos.
Y quizá descubrir el bug que todavía estaba esperando a su primer jugador.
