El 18 de septiembre de 2000, Soraya Jiménez levantó 127.5 kilos en Sídney y se convirtió en la primera mujer mexicana campeona olímpica.
Soraya Jiménez tenía 23 años cuando caminó hacia una plataforma en Sídney para participar en una competencia que también estaba haciendo historia.
Por primera vez desde el nacimiento de los Juegos Olímpicos modernos, las mujeres podían competir oficialmente en halterofilia dentro del programa de unos Juegos.
Habían transcurrido 104 años desde Atenas 1896, donde la halterofilia formó parte del programa olímpico, pero fue disputada exclusivamente por hombres.
En Sídney llegaron finalmente 85 mujeres procedentes de 47 países, distribuidas en siete categorías de peso para disputar aquellas primeras medallas olímpicas femeninas.
Entre ellas estaba una mexicana que competía en la división de 58 kilos y que había comenzado a levantar pesas apenas nueve años antes.
Se llamaba Soraya Jiménez Mendívil y todavía no podía saber que aquella competencia terminaría modificando para siempre la historia olímpica de México.
Una niña encontró una barra
Soraya había probado otros deportes antes de descubrir la halterofilia: practicó basquetbol junto con su hermana y pasó también por natación y bádminton.
Tenía aproximadamente 14 años cuando encontró en las pesas algo que otros deportes no habían conseguido ofrecerle: un lugar adecuado para su extraordinaria fuerza.
Los entrenadores comenzaron a detectar rápidamente sus condiciones y, en 1996, ganó una competencia internacional en Venezuela donde estableció su primer récord mexicano.
Tres años después obtuvo la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Winnipeg y consiguió clasificarse para aquellos históricos Juegos Olímpicos de Sídney.
No llegaba, sin embargo, como la principal favorita de la categoría de 58 kilos; esa condición correspondía a la norcoreana Ri Song Hui.
Soraya llevó a la plataforma otra ventaja menos espectacular pero decisiva: durante toda la competencia olímpica no falló ninguno de sus seis levantamientos.
Seis veces frente a la barra
La halterofilia olímpica se disputaba mediante dos movimientos: el arranque y el envión, con tres oportunidades para cada atleta en cada una de esas modalidades.
Soraya completó correctamente sus tres intentos de arranque y terminó esa primera parte con una marca de 95 kilos sobre su cabeza.
Después llegaron los tres enviones y volvió a completar cada intento, hasta conseguir levantar 127.5 kilos en el último movimiento de su competencia.
La suma oficial fue de 222.5 kilos: 95 en arranque y 127.5 en envión, según los registros de la Federación Internacional de Halterofilia.
La precisión importa porque durante años distintas publicaciones han reproducido un total de 225.5 kilos, incompatible incluso con la suma de ambos levantamientos oficiales.
La cifra correcta es menos redonda para la leyenda, pero mucho más importante para la memoria: Soraya Jiménez ganó el oro levantando 222.5 kilos.
¿Cuánto pesan 127.5 kilos?
Las cifras de la halterofilia pueden volverse abstractas hasta recordar que Soraya participaba en una categoría reservada para mujeres de hasta 58 kilos.
En su último envión consiguió sostener sobre la cabeza más del doble del límite de peso corporal correspondiente a su categoría olímpica.
Primero debía arrancar la barra del suelo y llevarla hasta los hombros; después tenía que impulsarla nuevamente hasta extender completamente los brazos arriba.
Todavía faltaba algo: conservar el control del peso hasta recibir de los jueces la indicación que permitía finalmente devolver la barra al piso.
Ahí está probablemente la imagen que México conserva de Soraya: brazos extendidos, cuerpo debajo de la barra y 127.5 kilos intentando regresar al suelo.
Ella todavía no podía soltarlos, porque algunas veces la diferencia entre levantar algo y conquistar una medalla consiste simplemente en aguantar unos segundos.
La primera
México había celebrado campeones olímpicos extraordinarios: Humberto Mariles, Joaquín Capilla, Ricardo Delgado, Antonio Roldán, Felipe Muñoz y Daniel Bautista, entre otros nombres históricos.
Pero hasta aquella jornada del 18 de septiembre de 2000 ninguna mujer mexicana había conseguido subir al escalón más alto de un podio olímpico.
Soraya cambió esa historia precisamente cuando su propio deporte estaba cambiando otra: la halterofilia femenina acababa de conseguir su ingreso a los Juegos Olímpicos.
La coincidencia resulta extraordinaria: durante 104 años las mujeres estuvieron fuera de aquella competencia y una mexicana ganó oro en su primera edición olímpica.
Soraya no fue la primera campeona de la halterofilia femenina en Sídney —otras categorías ya habían competido—, pero sí escribió una primera página mexicana.
A los 23 años se convirtió en la primera mujer de México que ganaba una medalla de oro en toda la historia olímpica nacional.
Lo que vino después
Vista desde hoy, aquella fotografía de Sídney contiene también una tristeza imposible de percibir entre los aplausos y las luces del escenario olímpico.
La carrera posterior de Soraya atravesó lesiones, problemas deportivos y dificultades personales, hasta que finalmente quedó fuera de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Terminó retirándose de la halterofilia y posteriormente trabajó en televisión, mientras diferentes problemas de salud fueron complicando progresivamente los últimos años de su vida.
El 28 de marzo de 2013, Soraya Jiménez murió de un infarto a los 35 años, trece años después de aquella noche australiana.
Su muerte prematura puede modificar nuestra manera de mirar Sídney, pero sería injusto convertir retrospectivamente toda aquella victoria en el prólogo de una tragedia.
La muchacha que aparece debajo de aquella barra no conoce todavía el futuro; solamente sabe cuánto pesa el siguiente intento y cuánto necesita levantar.
127.5
Quizá por eso conviene regresar al instante anterior a todo lo que vino después, cuando Soraya todavía permanecía debajo de aquellos 127.5 kilos.
Había llegado a Australia como una joven levantadora mexicana y regresaría convertida en algo que ninguna mujer de su país había conseguido antes.
Sobre sus brazos había más del doble del peso correspondiente a su categoría, pero también había un siglo de ausencia femenina en aquel deporte olímpico.
Soraya sostuvo la barra hasta recibir la señal de los jueces y entonces, solamente entonces, permitió que los 127.5 kilos regresaran al piso.
La barra cayó. Su nombre no volvió a hacerlo.
