En todo el país se realizó el Simulacro Nacional de sismo
A las 12:00 el Gobierno lanzó una alerta de emergencia a escala nacional. Millones de teléfonos sonaron y vibraron al mismo tiempo, pero también aparecieron reportes de equipos que permanecieron en silencio. Horas después del Segundo Simulacro Nacional, falta el dato que permitiría medir realmente el experimento: cuántos dispositivos recibieron el mensaje.
A las 12:00 del sábado México intentó algo extraordinariamente sencillo de explicar y bastante más complicado de ejecutar: hacer sonar al mismo tiempo decenas de millones de teléfonos.
No hacía falta descargar una aplicación. Tampoco estar conectado a internet. El mensaje debía aparecer directamente en los celulares compatibles mediante el sistema de alertamiento de emergencia.
Y apareció.
Durante aproximadamente minuto y medio, millones de teléfonos emitieron un sonido y mostraron el aviso del Segundo Simulacro Nacional 2026.
Pero no todos.
En redes sociales comenzaron casi inmediatamente los reportes de personas cuyos teléfonos permanecieron en silencio.
Ahí está precisamente la información que todavía falta.
El Gobierno había anunciado que el alertamiento alcanzaría a más de 80 millones de celulares. Horas después del ejercicio existen reportes de que el mensaje fue distribuido masivamente, pero no un balance público suficientemente detallado que permita saber cuántos de esos equipos efectivamente lo recibieron.
La diferencia parece pequeña.
En una emergencia real puede ser enorme.

Enviar no es lo mismo que recibir
Dos días antes del simulacro, la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, había explicado en Palacio Nacional que el sábado sonarían los teléfonos de todo México.
“Son más de 80 millones de celulares”, dijo.
La tecnología utilizada permite enviar una alerta a los dispositivos compatibles conectados a determinadas antenas, sin necesidad de conocer el número telefónico de cada usuario.
El sábado se puso nuevamente a prueba a escala nacional.
A las 12:00 apareció en los equipos el mensaje:
“ESTO ES UN SIMULACRO”.
La alerta llegó acompañada de sonido y vibración.
La operación coincidió con la activación de los sistemas tradicionales de alerta sísmica en las entidades donde existe cobertura de SASMEX, además de radio y televisión.
El experimento tenía una particularidad: por primera vez el simulacro nacional del 19 de septiembre se realizaba en sábado.
La intención era probar también lo que ocurre cuando millones de personas están en sus casas y no necesariamente en oficinas, escuelas o edificios públicos.
Los teléfonos que se quedaron callados
La dimensión del despliegue puede producir una impresión engañosa.
Que millones de aparatos hayan sonado no significa que todos lo hayan hecho.
Durante y después del simulacro aparecieron reportes ciudadanos de teléfonos que no recibieron la alerta o no emitieron sonido.
Eso no demuestra por sí mismo una falla general del sistema.
Un teléfono puede no recibir determinadas alertas por incompatibilidad del dispositivo, configuración, conexión a la red o características técnicas específicas.
Pero precisamente para eso sirve un simulacro.
No solamente para comprobar lo que funciona.
También para encontrar lo que no.
Y en ese punto falta todavía la radiografía completa.
La cifra anunciada previamente —más de 80 millones— describe el universo que el Gobierno esperaba alcanzar. No debe convertirse automáticamente en el número de teléfonos que efectivamente recibieron la alerta.
Para conocer la eficacia real habrá que saber cuántos dispositivos fueron alcanzados, cuántos quedaron fuera y por qué.
Los altavoces sí tienen examen
En la Ciudad de México existe ya una medición mucho más precisa de la otra gran infraestructura de alertamiento.
El Gobierno capitalino informó que funcionó 98.93% de los altavoces.
Eso significa también lo contrario: aproximadamente 1.07% no funcionó correctamente.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó además una participación estimada de 7 millones 889 mil 435 personas y un tiempo promedio de evacuación de un minuto con 43 segundos.
Para los celulares todavía no tenemos un porcentaje semejante.
Y ésa debería ser la siguiente cifra del simulacro.
No basta saber cuántos mensajes fueron lanzados desde el sistema.
Hay que saber cuántos llegaron al bolsillo.
Cinco terremotos imaginarios
El ejercicio tampoco simuló exactamente el mismo terremoto para todo México.
Protección Civil diseñó cinco hipótesis sísmicas regionales.
Para la zona centro, incluida la Ciudad de México, se planteó un terremoto de magnitud 7.7 con epicentro al suroeste de Tehuacán, Puebla, y profundidad de 67 kilómetros.
Las hipótesis cambiaron según la región para poner a prueba distintas capacidades locales de reacción.
A las 12:10, diez minutos después de la alerta, comenzó además el ejercicio del Comité Nacional de Emergencias encabezado por el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch.
La presidenta Claudia Sheinbaum participó durante su gira por el norte del país.
Pero el experimento más grande probablemente estaba ocurriendo lejos de las cámaras.
Dentro de millones de bolsillos.
El celular se convirtió en infraestructura
Hay una transformación detrás del simulacro que puede pasar inadvertida.
Durante décadas, en buena parte de México una alerta de emergencia significaba escuchar una sirena instalada en algún punto de la ciudad.
Ahora una parte de esa infraestructura está dentro de un aparato privado que cada persona carga consigo.
El teléfono.
Eso multiplica extraordinariamente la cobertura potencial.
También introduce nuevas preguntas.
¿Qué modelos son compatibles?
¿Qué configuraciones permiten recibir el mensaje?
¿Qué ocurre cuando un equipo está apagado?
¿Qué pasa en zonas con cobertura deficiente?
¿Qué operadores entregaron correctamente la alerta?
¿Y cuántos teléfonos permanecieron en silencio?
El simulacro del sábado permitió comprobar algo importante: México ya puede lanzar simultáneamente una alerta de emergencia a una cantidad gigantesca de dispositivos.
La siguiente prueba es bastante más exigente.
Saber exactamente a cuántos llegó.
Porque entre decir que una alerta fue enviada a 80 millones de teléfonos y demostrar que 80 millones de personas pudieron escucharla existe una diferencia.
Y esa diferencia es, precisamente, lo que un simulacro debería ayudarnos a encontrar.
