Aylin, Kimberly, Karol, Michelle y Claudia estudiaban en la misma universidad. Fueron asesinadas en distintos municipios de Morelos durante 17 meses. Sus casos no permiten hablar hasta ahora de una sola trama criminal, pero juntos muestran otra cosa: una comunidad universitaria que lleva más de un año preguntándose cómo proteger a sus alumnas en uno de los estados con mayor violencia contra las mujeres.
Primero fue Aylin.
Después Kimberly.
Mientras los estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos todavía exigían encontrar a Kimberly, desapareció Karol.
En mayo fue Michelle.
Y el sábado pasado, Claudia.
Cinco nombres en 17 meses.
Cinco estudiantes de la misma universidad asesinadas en distintos puntos de Morelos.
La muerte de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio académico en la UAEM, volvió a poner juntas historias que ocurrieron en lugares, circunstancias y momentos diferentes.
Y ahí conviene detenerse.
Que las cinco hayan sido alumnas de la misma universidad no significa que exista una misma organización, un mismo agresor, un mismo móvil o una conexión criminal entre sus asesinatos.
Hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmarlo.
Lo que sí existe es una sucesión de crímenes que ha obligado repetidamente a la misma comunidad universitaria a marchar, suspender actividades y exigir seguridad.
Aylin: abril de 2025
Aylin Rodríguez Fernández estudiaba Psicología en la UAEM.
Fue asesinada el 4 de abril de 2025 en Jiutepec.
En este caso existe un proceso judicial en marcha. La Fiscalía de Morelos detuvo a Uriel “N” y obtuvo su vinculación a proceso por feminicidio. Un juez le impuso prisión preventiva.
Es importante decirlo exactamente así: vinculación a proceso no significa condena. La responsabilidad penal deberá determinarse mediante sentencia.
El asesinato de Aylin fue el primero de los cinco casos que hoy pueden reconstruirse dentro de un periodo de 17 meses.
Después llegó 2026.
Y la frecuencia cambió.
Kimberly: once días buscándola
Kimberly Joselin Ramos Beltrán tenía 18 años y estudiaba en la Facultad de Contaduría, Administración e Informática.
Fue vista por última vez el 20 de febrero en las inmediaciones del campus Chamilpa, en Cuernavaca.
Durante once días sus compañeros la buscaron.
Cerraron accesos.
Ocuparon la rectoría.
Las clases presenciales fueron suspendidas.
El 2 de marzo encontraron su cuerpo.
La Fiscalía detuvo a Jared Alejandro “N”, también estudiante de la UAEM, y posteriormente cumplimentó en su contra una orden de aprehensión por feminicidio. El proceso continúa, por lo que también conserva la presunción de inocencia.
Pero mientras la comunidad universitaria procesaba la noticia de Kimberly, otra familia comenzaba la misma búsqueda.
Karol desapareció el día que encontraron a Kimberly
Karol Toledo Gómez tenía 18 años y estudiaba en una unidad académica de la UAEM en Mazatepec.
Desapareció el 2 de marzo.
El mismo día en que fue localizado el cuerpo de Kimberly.
Sus compañeros comenzaron a movilizarse. La Fiscalía activó el protocolo de búsqueda.
Tres días después, el 5 de marzo, Karol fue encontrada sin vida en Coatetelco.
A diferencia de los casos de Aylin y Kimberly, la reconstrucción pública disponible no muestra hasta ahora una persona detenida ni un proceso judicial equivalente por su asesinato.
La coincidencia temporal de los dos casos produjo una reacción que trascendió los expedientes penales.
Los estudiantes se fueron a paro.
Y escribieron algo que ahora resulta imposible ignorar.
En su pliego petitorio de abril señalaron que los asesinatos de Kimberly y Karol no podían entenderse como hechos aislados y los colocaron dentro de un contexto de violencia de género, inseguridad y lo que calificaron como omisiones institucionales en prevención y atención de riesgos.
Era una posición de los estudiantes, no una conclusión judicial.
Pero la universidad ya había recibido el mensaje.
Michelle tenía 15 años
Pasaron menos de tres meses.
El 24 de mayo desapareció Michelle Itzayana Fuentes Calderón.
Tenía 15 años y estudiaba el bachillerato dentro del sistema de la UAEM.
Había salido en Yautepec.
Su madre explicó públicamente que iba a comprar cartulinas.
Comenzó otra búsqueda.
La propia Fiscalía informó sobre operativos para localizarla.
El 2 de junio fue encontrado su cuerpo en Tepoztlán.
Otra estudiante.
Otra familia.
Otra investigación.
Y nuevamente una comunidad universitaria que acababa de protestar por los asesinatos anteriores.
Hasta entonces, tres alumnas de la UAEM habían sido asesinadas en poco más de tres meses de 2026.
Después pasaron junio, julio y agosto.
Claudia vino desde España
Claudia Tacoronte Aguilera tenía 21 años.
Estudiaba Educación Infantil en la Universidad de Granada y llegó a Morelos para realizar una estancia académica en el Instituto de Ciencias de la Educación de la UAEM.
El sábado 12 de septiembre acudió a actividades relacionadas con la Fiesta Nacional de la Planta Medicinal en Cuautla.
Fue atacada con un arma blanca.
Murió esa noche.
Cinco días después, las autoridades detuvieron a Francisco Javier “N”, señalado como probable responsable del feminicidio.
La Fiscalía informó este viernes que una de sus líneas sobre el móvil apunta al robo del teléfono celular de Claudia y que pretende formular la imputación por feminicidio atendiendo a las circunstancias y lesiones del ataque.
El detenido conserva la presunción de inocencia y será un juez quien determine su responsabilidad.
La muerte de Claudia produjo además una consecuencia que los casos anteriores no habían tenido: convirtió la inseguridad de Morelos en un asunto internacional.
La Universidad de Granada canceló la llegada de otros tres estudiantes que viajarían a la UAEM.
¿Existe entonces un patrón?
Cinco mujeres.
Una universidad.
Diecisiete meses.
La tentación es unir los puntos.
Pero los expedientes obligan a hacer lo contrario.
Aylin fue asesinada en Jiutepec y existe un imputado vinculado a proceso.
Kimberly desapareció en el entorno del campus Chamilpa y otro estudiante fue detenido.
Karol desapareció en Mazatepec y fue encontrada en Coatetelco.
Michelle salió de su casa en Yautepec y fue localizada en Tepoztlán.
Claudia fue atacada en Cuautla y hay un detenido cuyo presunto móvil, según la Fiscalía, habría sido el robo de su teléfono.
No son el mismo lugar.
No son necesariamente las mismas circunstancias.
No existe públicamente una conexión criminal entre los cinco casos.
La universidad es el elemento común, pero no necesariamente el origen común de los crímenes.
Y quizá ésa sea una distinción todavía más inquietante.
Una universidad dentro de Morelos
La UAEM tiene alrededor de 40 mil estudiantes distribuidos en aproximadamente una veintena de sedes.
Sus alumnas no viven únicamente dentro del campus.
Se desplazan entre municipios, utilizan transporte público, trabajan, salen de casa, regresan de noche y participan en una sociedad donde la violencia contra las mujeres excede ampliamente los límites universitarios.
Los datos oficiales colocan desde hace tiempo a Morelos entre las entidades con mayores tasas de feminicidio del país.
Por eso sería incorrecto convertir cinco expedientes distintos en la historia de un supuesto “asesino de estudiantes” que no existe.
Pero también sería insuficiente tratarlos como cinco acontecimientos completamente desconectados.
Hay otro vínculo.
Después de Kimberly y Karol, los estudiantes exigieron mejores mecanismos de seguridad, protocolos, iluminación, transporte y atención institucional.
Hubo protestas.
Hubo paro.
Hubo compromisos.
Después murió Michelle.
Y después Claudia.
La pregunta para la UAEM, la Fiscalía y el Gobierno de Morelos no es únicamente si existe una relación penal entre los cinco crímenes.
La pregunta es qué cambió después de cada uno.
Cinco expedientes, una misma pregunta
En 17 meses una comunidad universitaria aprendió cinco nombres por la peor razón posible.
Aylin.
Kimberly.
Karol.
Michelle.
Claudia.
Los expedientes judiciales avanzan a velocidades distintas. En algunos hay detenidos y procesos; en otros las familias siguen esperando resultados públicos.
No sabemos si algún día una investigación encontrará conexiones que hoy desconocemos.
Con la información disponible, no podemos afirmar que existan.
Pero tampoco hace falta inventar un patrón criminal para encontrar una historia común.
Cinco estudiantes de la misma universidad fueron asesinadas mientras estudiaban, viajaban, vivían y se desplazaban por Morelos.
La comunidad protestó después de las primeras.
Exigió medidas.
Volvió a protestar después de las siguientes.
Ahora el asesinato de Claudia hizo que una universidad situada a nueve mil kilómetros decidiera que, por el momento, no enviaría a otros tres alumnos.
Quizá la pregunta que une los cinco casos no esté dentro de las carpetas de investigación.
Está fuera de ellas.
¿Cuántas veces puede una universidad prometer que sus estudiantes estarán más seguras antes de que llegue otro nombre?
