Sanae Takaichi explicó que maquillaje, desayuno y tareas domésticas alargan su jornada. Su comentario abrió una discusión incómoda sobre quién sostiene la vida cotidiana.
Japón tardó décadas en tener una mujer al frente del gobierno. Ahora su primera ministra acaba de mostrar que incluso el cargo sigue diseñado pensando en hombres.
Sanae Takaichi explicó ante el Parlamento que dedica varias horas adicionales a tareas domésticas y a prepararse antes de aparecer públicamente frente a las cámaras.
“Por la mañana me baño, preparo el desayuno, lavo los platos y después me maquillo”, dijo durante una sesión parlamentaria celebrada esta semana en Tokio.
Y añadió una comparación que encendió la discusión: “Siento que dedico tres o cuatro horas más que los primeros ministros hombres a estas cosas”.
El problema no era solamente el maquillaje
Las palabras provocaron críticas porque parecieron presentar esas obligaciones como algo naturalmente femenino, precisamente cuando Japón intenta reducir una enorme desigualdad doméstica entre hombres y mujeres.
Las cifras oficiales ayudan a entender la reacción: las japonesas dedican cerca de cinco horas diarias a tareas domésticas, mientras los hombres emplean aproximadamente cuarenta minutos.
La abogada Fusako Miwa cuestionó públicamente esa explicación: “Pedir comprensión porque necesita tiempo para maquillarse como excusa es inaceptable”, escribió después de escucharla.
Pero la frase también permite otra lectura: Takaichi describió involuntariamente un sistema político construido durante décadas para dirigentes cuya vida doméstica estaba resuelta por otras personas.
Una oficina pensada para otro tipo de vida
La discusión apareció cuando legisladores analizaban reducir las interminables horas que el primer ministro japonés debe permanecer físicamente atendiendo sesiones del Parlamento durante cada año.
Un estudio citado durante el debate encontró que el jefe de gobierno japonés acude muchos más días al Parlamento que sus equivalentes británico y alemán.
Takaichi reconoció que esa rutina le deja poco espacio para pensar estratégicamente: “Me resulta difícil encontrar tiempo para sentarme y pensar en el futuro del país”.
La primera ministra también ha contado que lleva documentos a casa y continúa leyéndolos durante la madrugada, dentro de una cultura política acostumbrada a jornadas extenuantes.
La igualdad también se mide después de cerrar la oficina
Takaichi puede haber querido explicar simplemente por qué necesita más tiempo. Sin embargo, terminó abriendo una discusión mayor sobre quién realiza el trabajo invisible cotidiano.
Porque ocupar el mismo cargo que un hombre no necesariamente significa vivir bajo las mismas condiciones, especialmente cuando cocinar, limpiar y cuidar siguen distribuyéndose de manera desigual.
Japón rompió finalmente el techo más alto de su política al nombrar una primera ministra. Después descubrió que debajo seguían intactas muchas habitaciones construidas para hombres.
