Debajo de segundos pisos, edificios y estaciones de Metro sobrevive otra Ciudad de México. En sus zonas rurales todavía se cultivan razas de maíz nativo que conservan diversidad genética, conocimientos campesinos y una relación con el territorio bastante anterior al tráfico. Este domingo, parte de ese campo capitalino llegó hasta Chapultepec.
Una mazorca producida dentro de Ciudad de México puede recorrer menos kilómetros para llegar a Chapultepec que muchos habitantes que esta mañana intentarán atravesar la capital.
La diferencia es que viene del campo.
Porque la misma ciudad que contiene rascacielos, segundos pisos, Metro y aproximadamente cualquier modalidad imaginable de embotellamiento todavía conserva una superficie considerable dedicada a funciones ambientales y actividades rurales.
Ahí sigue creciendo maíz.
No uno solo.
Trabajos de conservación y caracterización realizados por autoridades ambientales capitalinas han permitido identificar nueve razas de maíz presentes en el territorio rural de la Ciudad de México.
La palabra raza tiene aquí un significado agrícola.
No describe una marca ni simplemente el color de una mazorca, sino poblaciones de maíz con características compartidas desarrolladas mediante generaciones de selección, cultivo e intercambio campesino.
Eso explica por qué una mazorca azul y otra amarilla pueden contar historias genéticas bastante más complejas que su apariencia.
La propia autoridad ambiental capitalina ha documentado una colección superior a dos mil muestras asociadas al trabajo de identificación y conservación de esas nueve razas.
Y hay algo particularmente extraño cuando se observa desde el Centro Histórico.
La agricultura no ocurre afuera de la Ciudad de México.
Ocurre dentro.
El Suelo de Conservación comprende territorio de alcaldías como Xochimilco, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan, Magdalena Contreras, Cuajimalpa, Álvaro Obregón y una porción de Iztapalapa.
Ahí existen productores agrícolas, comunidades rurales, chinampas, milpas, bosques y actividades pecuarias que conviven administrativamente con una de las concentraciones urbanas más grandes del continente.
La ciudad literalmente cultiva parte de su comida.
Este domingo esa realidad puede verse lejos de las parcelas.
Chapultepec recibe el segundo y último día de la Feria del Maíz y la Agrobiodiversidad, organizada para acercar productores del Suelo de Conservación directamente a consumidores urbanos.
La cita ocurre en la Fuente Xochipilli, de 10:00 a 17:00 horas, con entrada gratuita.
Hay productores, alimentos, semillas, talleres y actividades destinadas a mostrar que detrás de una tortilla existen muchas decisiones agrícolas que normalmente desaparecen cuando llega al plato.
Conservar maíces nativos tampoco consiste en guardar mazorcas antiguas dentro de una vitrina.
Una semilla permanece viva porque vuelve a sembrarse.
Cada ciclo permite seleccionar plantas, intercambiar semillas y mantener características adaptadas durante generaciones a determinados suelos, altitudes, temperaturas, lluvias y prácticas culturales.
Ahí está una parte de su valor.
La diversidad genética puede proporcionar materiales con características diferentes frente a enfermedades, condiciones ambientales o cambios climáticos, además de preservar sabores, colores, texturas y usos culinarios.
México es centro de origen, domesticación y diversificación del maíz.
En ese mapa gigantesco, las nueve razas identificadas en la capital representan solamente una fracción de la diversidad nacional, no nueve clases exclusivas inventadas por la ciudad.
Pero conservarlas dentro de una metrópoli tiene una dimensión particular.
Cada hectárea agrícola capitalina compite indirectamente con presiones urbanas, cambios de uso del suelo, abandono productivo y dificultades económicas que pueden volver más rentable dejar de sembrar.
Por eso proteger maíz también significa proteger a quien todavía sabe cultivarlo.
La Ciudad declaró en 2025 su territorio libre de maíz genéticamente modificado y estableció políticas para fomentar conservación, monitoreo, investigación, producción y comercialización de maíz nativo.
En 2026 continúan programas específicos para fortalecer su manejo agroecológico dentro del Suelo de Conservación.
Pero una declaratoria tampoco siembra sola.
La continuidad depende de productores capaces de obtener ingresos, conservar semillas, encontrar compradores y conseguir que una actividad heredada durante generaciones tenga futuro económico además de pasado cultural.
La feria de Chapultepec dura dos días.
Las milpas no.
Mañana los puestos desaparecerán, la Fuente Xochipilli recuperará su rutina y las mazorcas restantes regresarán probablemente a lugares bastante menos visibles para la ciudad.
Allá seguirán creciendo.
Entre volcanes, chinampas, pueblos y terrenos agrícolas que todavía caben dentro del mismo mapa donde alguien busca desesperadamente estacionamiento.
Quizá por eso las nueve razas cuentan una historia particularmente chilanga.
Ciudad de México lleva décadas extendiéndose hacia casi todas partes.
Y todavía no consigue pavimentar completamente su milpa.
