Cada domingo, salvo el último del mes, decenas de kilómetros de calles capitalinas cambian temporalmente de usuario. De 8:00 a 14:00, bicicletas, patines, corredores y peatones ocupan una ruta que durante el resto de la semana pertenece principalmente al tráfico motorizado. El coche no desaparece: simplemente deja de mandar.
Paseo de la Reforma tiene una transformación bastante radical que ocurre casi todas las semanas y desaparece antes de que llegue la hora de comer.
A las ocho de la mañana, automóviles dejan de ser protagonistas sobre distintos tramos y aparecen bicicletas, corredores, patines, mascotas y familias caminando por la avenida.
Es el Paseo Dominical Muévete en Bici, una ciclovía recreativa que comenzó en 2007 con apenas diez kilómetros sobre Reforma.
Hoy la ruta se extiende por alrededor de 61 kilómetros y atraviesa seis alcaldías: Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Coyoacán, Gustavo A. Madero y Venustiano Carranza.
Funciona todos los domingos, excepto el último de cada mes, entre las 8:00 y las 14:00 horas.
Y aunque la fotografía habitual muestra una avenida felizmente vacía de coches, la operación real tiene bastantes más costuras.
Las calles no dejan de formar parte de una ciudad donde siguen existiendo viviendas, hospitales, estacionamientos, negocios, transporte público y personas que necesitan atravesarlas.
Por eso existen cruces vehiculares controlados a lo largo del recorrido y personal operativo encargado de coordinar los movimientos donde bicicletas y automóviles vuelven a encontrarse.
Para quien conduce, eso significa una regla sencilla: una valla o señalización del paseo no es una invitación a encontrar personalmente algún hueco para atravesarla.
Hay que utilizar los cruces habilitados y obedecer las indicaciones del personal.
Mover conos, entrar detrás de otro vehículo o aprovechar algunos metros aparentemente vacíos puede colocar un automóvil frente a ciclistas que no esperan encontrar tráfico motorizado ahí.
También conviene pensar desde el sábado dónde quedará estacionado el coche si normalmente se utiliza una calle incorporada al recorrido dominical.
El paseo modifica temporalmente la circulación y puede complicar accesos o salidas mientras permanezca instalado el dispositivo vial.
La bicicleta, sin embargo, tampoco recibe ciudadanía absoluta.
Las reglas del paseo piden mantener velocidad moderada, respetar semáforos y pasos peatonales, circular en el sentido establecido y obedecer al personal operativo.
Quien rueda lentamente debe mantenerse preferentemente hacia la derecha, igual que quienes llevan niñas, niños o mascotas y necesitan una marcha menos apresurada.
Los grupos tampoco deberían convertirse en murallas móviles.
La recomendación es circular como máximo en dos filas y evitar ocupar innecesariamente más espacio del recorrido, permitiendo que otros usuarios puedan rebasar.
Una señal aparentemente pequeña también ayuda: levantar el brazo antes de detenerse o cambiar de carril vuelve previsible aquello que está a punto de hacer una bicicleta.
En una ruta con miles de personas, la sorpresa resulta considerablemente menos divertida.
Además hay servicios distribuidos durante el paseo: asistencia médica, mecánica básica, actividades físicas y espacios donde es posible aprender a utilizar una bicicleta o mejorar habilidades de ciclismo urbano.
La Biciescuela opera los domingos en distintos puntos y ofrece cursos gratuitos para quienes todavía sienten que mantener el equilibrio requiere negociaciones con la gravedad.
Todo eso explica por qué Muévete en Bici es algo más extraño que cerrar una avenida para que pase una rodada.
Durante unas horas cambia la definición misma de calle.
El espacio normalmente organizado alrededor de velocidad, carriles y motores comienza a funcionar como parque lineal, pista, paseo familiar y salón de clases sobre ruedas.
Después llegan las dos de la tarde.
Las bicicletas regresan hacia banquetas, ciclovías y calles ordinarias; las barreras se retiran y los motores recuperan gradualmente el territorio.
Reforma vuelve a parecerse a Reforma.
Hasta el domingo siguiente, cuando durante seis horas tendrá que recordar que una avenida puede tener muchos propietarios.
Y ninguno compró la calle.
