El primer ministro ordenó investigar y procesar a participantes del documental premiado en Venecia. La disputa ya no es sólo sobre Gaza, sino sobre quién puede contarla.
Benjamín Netanyahu abrió este domingo un nuevo frente contra NAZA, documental israelí premiado en Venecia que reconstruye operaciones militares en Gaza mediante testimonios internos ahora.
El primer ministro pidió investigar y procesar a quienes participaron en la película por supuestos delitos contra la seguridad, difamación penal y perjuicio diplomático oficialmente.
La precisión importa: la orden no procesa todavía directamente a sus directores, Yuval Abraham y Rachel Szor, aunque ambos llevan semanas bajo amenazas oficiales israelíes.
Netanyahu dirigió su petición al jefe del Ejército, al Shin Bet y a la fiscal general, buscando identificar especialmente a militares y agentes que hablaron anónimamente.
NAZA reúne testimonios de 24 soldados y funcionarios de inteligencia que describen sistemas de selección de objetivos, inteligencia artificial y cálculos previos de bajas civiles.
El Ejército israelí rechaza las acusaciones, cuestiona la verificabilidad de testimonios anónimos y sostiene que sus operaciones procuran cumplir el derecho internacional humanitario aplicable vigente.
La cámara entra al campo de batalla
El documental, producido con participación de The Guardian, ganó el Premio Especial del Jurado en Venecia y recibió una ovación que agravó la reacción política interna.
Desde entonces, ministros israelíes han acusado a sus autores de traición, pedido retirarles la ciudadanía y promovido castigos más severos contra quienes difamen al Ejército.
Netanyahu anunció además que impulsará legislación para retirar ciudadanía y elevar sanciones económicas contra israelíes que, según su gobierno, dañen internacionalmente a las fuerzas armadas.
Ahí aparece el conflicto central: una democracia en guerra intenta separar filtración de secretos, difamación y periodismo crítico cuando las tres cosas terminan mezcladas políticamente.
Investigar una filtración militar puede ser legalmente legítimo si compromete información clasificada; perseguir una obra por cuestionar al Estado abre una discusión completamente diferente adicional.
Los directores sostienen que la película se apoya en años de investigación periodística previa y que buena parte de sus revelaciones ya había sido publicada antes.
El gobierno responde que convertir esos testimonios en una película premiada internacionalmente amplifica acusaciones que considera falsas y perjudica directamente la seguridad y reputación israelíes.
El problema ya no está sólo en Gaza
Pero esa misma reacción puede producir el efecto contrario: convertir una película incómoda en un examen mundial sobre cuánto espacio conserva Israel para cuestionarse internamente.
NAZA ya no es solamente un documental sobre Gaza. También se convirtió en una prueba sobre qué puede decir un israelí cuando denuncia a su propio Ejército.
Netanyahu quiere saber quién habló. La pregunta política más grande será si, después de encontrarlos, Israel castigará secretos revelados o voces que simplemente resultaron insoportables.
