Mamdani obliga a cancelar suscripciones con la misma facilidad utilizada para contratarlas. México ya reconoce ese derecho, pero todavía deja demasiado espacio para esconderlo.
Nueva York decidió convertir una molestia cotidiana en asunto regulatorio: si una suscripción puede contratarse por internet, también debe poder cancelarse mediante esa misma vía.
Desde el 1 de octubre, Click to Cancel obliga a empresas a ofrecer cancelaciones sencillas, transparentes y mediante el mismo método utilizado originalmente para contratar.
El alcalde Zohran Mamdani acompañó la medida con un portal municipal de denuncias, multas desde 525 dólares y posibles reembolsos para consumidores afectados directamente.
La idea parece revolucionaria porque combate una práctica demasiado conocida: altas instantáneas y bajas diseñadas como laberintos de llamadas, formularios, retenciones y visitas presenciales obligatorias.
México ya escribió parte de la respuesta
Pero el espejo mexicano arroja una sorpresa: México reformó en diciembre de 2025 la Ley Federal de Protección al Consumidor para enfrentar precisamente ese problema.
El artículo 76 Bis obliga a informar cobros recurrentes, avisar renovaciones automáticas cinco días antes y habilitar mecanismos para cancelar inmediatamente servicios, membresías o suscripciones.
Profeco explica además que las suscripciones pagadas directamente al proveedor deben cancelarse desde la cuenta, mediante la aplicación oficial o el sitio de internet correspondiente.
La diferencia importante está en la arquitectura práctica: Nueva York exige expresamente que cancelar pueda hacerse por el mismo método utilizado originalmente para darse de alta.
Además, concentró la denuncia en un portal sencillo, entrega número de seguimiento y conecta cada caso directamente con mediadores y equipos municipales de defensa del consumidor.
En México, el derecho existe, pero la experiencia depende todavía del proveedor, del intermediario de pago y, demasiadas veces, de cuánto insista finalmente cada consumidor.
Tener derecho no significa encontrar el botón
Eso convierte el problema mexicano en uno de cumplimiento, diseño y vigilancia, no solamente legislación: tener derecho a cancelar no garantiza encontrar fácilmente cómo ejercerlo.
Una empresa puede cumplir formalmente ofreciendo cancelación y simultáneamente rodearla de suficientes pasos para transformar una decisión sencilla en una negociación agotadora para cualquiera.
Nueva York ataca precisamente ese espacio gris: obliga a que la salida sea comparable con la entrada y castiga económicamente las trabas diseñadas para desalentarla.
El verdadero estándar podría resumirse así: contratar y cancelar deberían exigir esfuerzos equivalentes, sin que ninguna empresa gane dinero precisamente gracias al agotamiento de sus clientes.
México ya tiene buena parte de la ley. Nueva York añadió algo quizá igual de importante: decidió que el derecho también debe aparecer claramente en pantalla.
