Monterrey Tech Week termina este sábado con hackatones donde una idea puede convertirse en prototipo durante unas horas. Agua, movilidad, aire y seguridad también entrarán al taller.
Una empresa normalmente comienza de manera bastante poco espectacular. Alguien descubre un problema, imagina una solución y pasa meses intentando averiguar si otra persona pagaría por ella.
Monterrey decidió comprimir parte de ese proceso hasta conseguir que quepa dentro de un sábado.
Este 3 de octubre termina Monterrey Tech Week, seis días durante los cuales la ciudad reunió más de cien actividades sobre tecnología, inversión, inteligencia artificial, educación y emprendimiento.
No funciona exactamente como un congreso.
No existe un enorme escenario central donde todo mundo tenga que sentarse obedientemente a escuchar la misma conversación. Universidades, empresas, emprendedores y comunidades organizan actividades distribuidas por diferentes espacios.
Hay talleres, demostraciones, encuentros, presentaciones y hackatones.
Esa última palabra merece explicación.
Hackear no significa necesariamente entrar donde no te invitaron
Un hackathon mezcla hack y marathon, pero aquí hack se acerca más a encontrar una solución ingeniosa que a vulnerar ilegalmente una computadora.
La mecánica básica resulta deliciosamente brutal.
Reúnes personas con habilidades diferentes, les entregas un problema, pones un reloj sobre la mesa y les pides construir algo antes de que se termine el tiempo.
No necesariamente una empresa.
Ni siquiera un producto completamente terminado.
Primero basta con conseguir un prototipo capaz de demostrar que la idea podría funcionar.
Este sábado habrá un ejemplo particularmente literal dentro del Tecnológico de Monterrey.
El Hackathon por Nuevo León presentará problemas relacionados con agua, movilidad, calidad del aire, seguridad y medio ambiente. Equipos multidisciplinarios intentarán desarrollar prototipos utilizando herramientas de inteligencia artificial.
Tendrán siete horas.
A las diez de la mañana puede existir solamente una pregunta.
A las cinco de la tarde debería existir algo que permita comenzar a responderla.
Una empresa todavía puede ser de cartón
La palabra importante es prototipo.
Antes de fabricar miles de unidades de cualquier objeto resulta bastante sensato construir una versión imperfecta y descubrir todo aquello que estaba equivocado en nuestra maravillosa idea.
Puede ser una maqueta, una interfaz parcialmente funcional, algunas pantallas conectadas entre sí, un modelo computacional o una demostración construida específicamente para probar una hipótesis.
El prototipo tiene permiso para ser feo.
También para romperse.
Su trabajo consiste precisamente en fallar suficientemente temprano para que todavía resulte barato cambiarlo.
Otro hackathon de la jornada llevará esa velocidad todavía más lejos.
Hack4Impact plantea reunir hasta cien personas en equipos de máximo cuatro integrantes. No exige saber programar y permite llegar sin equipo.
La promesa es empezar desde cero y terminar el mismo sábado con un proyecto funcional construido mediante herramientas de inteligencia artificial.
Habrá registro, formación de equipos, un taller inicial, ocho horas de desarrollo, entrega de proyectos, demostraciones y premiación.
Once horas después de entrar, alguien debería poder enseñar algo que por la mañana solamente existía dentro de su cabeza.
El sábado es una fábrica de primeras versiones
Habrá además un encuentro de AI Tinkerers dirigido a quienes construyen productos con inteligencia artificial y otras actividades de cierre distribuidas dentro del ecosistema tecnológico regiomontano.
Eso explica mejor Monterrey Tech Week que cualquier escenario con luces.
La segunda edición comenzó el 28 de septiembre y termina este sábado. Su programa supera los cien eventos y la organización proyectó más de 10 mil asistentes.
Todo es gratuito, aunque cada actividad administra su propio registro y algunas ya alcanzaron su capacidad.
La semana reúne 17 verticales y rutas dedicadas a tecnología, producto, negocios, inversión, educación, talento, ciudad y comunidades emprendedoras.
Pero detrás de todo ese vocabulario permanece una actividad bastante antigua.
Hacer cosas.
La diferencia es que ahora una mesa puede reunir a una diseñadora, un programador, alguien que conoce un problema de movilidad y una inteligencia artificial ayudándoles a construir rápidamente una primera versión.
Quizá no salga una empresa.
Probablemente tampoco solucionen el agua, el tráfico o la contaminación de Nuevo León antes de cenar.
Ése no es realmente el punto.
Un hackathon no necesita terminar con una compañía valorada en millones.
Necesita terminar con algo que no existía cuando comenzó.
Una pantalla.
Un modelo.
Un pedazo de código.
Una idea suficientemente concreta para ponerla frente a otra persona y preguntarle algo bastante peligroso:
¿Y si funciona?
