Este fin de semana el WTC reunirá vestidos, banquetes, coreografías, fotógrafos, salones, viajes y mesas de regalos. La fiesta mexicana de quince años se convirtió también en una pequeña industria.
Hay una edad en México que aparentemente resulta demasiado complicada para organizarla únicamente con pastel, refrescos, una bocina prestada y algunas sillas colocadas alrededor de la sala.
Cumplir quince años puede necesitar vestido, salón, banquete, fotógrafo, video, DJ, coreografía, invitaciones, accesorios, mesa de regalos, viaje y suficientes decisiones para poner nervioso a cualquier organizador profesional.
Tantas, que ya caben dentro de una exposición de dos días.
Este sábado y domingo, Expo Eres 15 ocupará el WTC de Ciudad de México reuniendo proveedores especializados prácticamente en cada componente imaginable de una fiesta de XV años.
Habrá vestidos y pasarelas, salones y banquetes, fotografía, música, academias de baile, invitaciones, accesorios, viajes y servicios para organizar una celebración completa.
Incluso habrá casting de modelos.
Cumplir quince dejó de ser solamente una fecha.
También tiene cadena de suministro.
Una fiesta tiene departamentos
Pensemos por un momento en la cantidad de especialistas necesarios para producir una sola noche.
Alguien fabrica el vestido. Otra persona maquilla y peina. Un salón proporciona mesas, iluminación y espacio. La cocina alimenta invitados. El fotógrafo intenta conseguir que toda la familia mire simultáneamente hacia la cámara.
Después aparece el DJ.
También puede intervenir una academia encargada de conseguir algo considerablemente más difícil: que quinceañera y acompañantes recuerden una coreografía mientras decenas de teléfonos los están grabando.
La celebración contemporánea admite además aquello que cada familia quiera conservar, eliminar o reinventar.
Puede haber vals y chambelanes, cambio de zapatilla, último juguete, brindis, ceremonia religiosa, baile sorpresa, sesión fotográfica, video, viaje o ninguna combinación idéntica a la anterior.
Eso importa porque los XV nunca han sido un manual inmutable.
Investigadores del INAH que estudiaron etnográficamente estas celebraciones en Yucatán encontraron precisamente un ritual lleno de mensajes sobre familia, prestigio, cuerpo, género e identidad.
Otro trabajo antropológico en Morelos describe elementos como coronación, zapatilla, último juguete y brindis, pero recuerda que las reglas no están escritas: existen porque una comunidad reconoce determinados gestos como parte de la celebración.
El vestido también habla
Probablemente ningún objeto explique mejor esa mezcla entre tradición e individualidad.
Un estudio del INAH encontró que, aun dentro de una silueta reconocible de vestido de quinceañera, las familias y jóvenes buscan diferenciarse mediante color, diseño, calidad y procedencia.
Ésa es una paradoja estupenda.
Hay que parecer quinceañera.
Pero no parecerse demasiado a ninguna otra.
La industria entendió perfectamente el problema.
Por eso una exposición puede llenar el WTC con alternativas para una sola celebración. No vende únicamente objetos: vende maneras distintas de construir una noche que debería sentirse irrepetible.
Y las redes sociales añadieron otra capa.
Una fiesta que antes sobrevivía principalmente en álbumes familiares ahora puede producir fotografías previas, videos, coreografías ensayadas, publicaciones y recuerdos digitales destinados a circular mucho después de apagar las luces.
La quinceañera es protagonista y, durante algunas horas, también directora involuntaria de una producción.
Dos días para organizar una noche
Expo Eres 15 abrirá sábado y domingo de 10:30 a 19:30 horas en el WTC.
La entrada anticipada cuesta 135 pesos por persona y en taquilla será de 150. Los menores de once años entran gratuitamente.
Además de comparar proveedores habrá desfile de vestidos, presentaciones de academias y una dinámica cuyo premio principal es precisamente aquello que resume perfectamente el tamaño alcanzado por este ecosistema:
Una fiesta de XV.
No una muñeca.
No unos zapatos.
La fiesta completa.
Quizá eso explique por qué semejante celebración necesita ahora una exposición especializada.
Quince años se cumplen en un segundo.
La fotografía puede tomar una tarde.
El vals dura unos minutos.
La fiesta termina esa misma noche.
Organizarla, en cambio, puede ocupar meses.
Y este fin de semana intentarán meter todo ese trabajo dentro de dos días.
