Una propuesta en el Congreso capitalino pide revisar los hidrantes instalados en espacios públicos. Ubicación, acceso, válvulas, conexiones y presión importan bastante poco hasta el minuto exacto en que llegan los bomberos y todo tiene que funcionar.
Hay objetos urbanos capaces de pasar años sin recibir una mirada hasta que, durante algunos minutos, toda una emergencia depende de que funcionen exactamente como deberían.
Los hidrantes contra incendios pertenecen a esa familia discreta: conectan a los equipos de emergencia con agua disponible para combatir un fuego cuando cada minuto importa.
Ahora el Congreso capitalino quiere que alguien compruebe su estado antes de que la prueba consista en humo, sirenas y personas esperando que salga agua.
La diputada Miriam Saldaña, del PT, registró un punto de acuerdo para solicitar una revisión coordinada de los hidrantes ubicados en espacios públicos capitalinos.
La petición está dirigida a Protección Civil, SEGIAGUA y al Heroico Cuerpo de Bomberos, con mantenimiento preventivo y correctivo cuando las inspecciones encuentren problemas.
No basta con que siga parado en la esquina
Un hidrante funcional necesita algo más que existir: debe poder localizarse, permanecer accesible, conservar válvulas y conexiones, estar correctamente conectado y disponer de condiciones hidráulicas suficientes.
Eso convierte una pieza aparentemente sencilla en infraestructura crítica. Puede verse perfectamente normal desde la banqueta sin que su apariencia permita saber qué ocurrirá al abrirla.
El planteamiento legislativo tampoco significa que exista actualmente una epidemia comprobada de hidrantes descompuestos ni presenta un censo que permita conocer cuántos estarían fuera de servicio.
De hecho, ahí está una de las preguntas pendientes: conocer las condiciones reales de esa infraestructura y priorizar reparaciones antes de que aparezca una emergencia.
También existe un enemigo bastante menos técnico.
Un coche.
El Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México prohíbe estacionarse frente a hidrantes destinados al uso de los bomberos, precisamente para conservar libre su acceso.
Puestos, materiales u otros obstáculos alrededor pueden producir un problema parecido: obligar a los equipos de emergencia a perder tiempo despejando aquello que debería estar disponible inmediatamente.
Tampoco es una llave pública
Encontrar un hidrante tampoco autoriza a cualquier vecino curioso a abrirlo para comprobar si funciona o utilizar su agua para alguna necesidad particular.
La legislación hidráulica establece que esas instalaciones deben ser operadas por personal del sistema de agua y, durante incendios, también por Bomberos o unidades de emergencia.
La regla tiene sentido.
Abrir válvulas de una red hidráulica sin autorización puede alterar condiciones de operación, desperdiciar agua, afectar infraestructura y convertir una comprobación doméstica en otro problema urbano.
Por eso el mantenimiento preventivo importa mucho más que averiguar su estado cuando ya existe fuego: una conexión deteriorada o válvula inmóvil cuesta entonces minutos irrepetibles.
El punto de acuerdo busca justamente adelantar ese momento mediante revisiones de ubicación, accesibilidad, señalización, conexiones, válvulas y condiciones para proporcionar agua durante una emergencia.
Por ahora sigue siendo una propuesta turnada a la Comisión de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil; todavía no constituye un programa nuevo aprobado.
Tampoco sabemos, a partir del documento presentado, cuántos hidrantes capitalinos funcionan correctamente, cuántos requieren mantenimiento ni cuántos permanecen obstruidos actualmente.
Quizá por eso el hidrante de la esquina parece uno de los objetos más aburridos de la ciudad durante prácticamente todos los días de su existencia.
Ésa es precisamente la idea.
Su mejor jornada laboral ocurre cuando nadie lo necesita.
Pero cuando lleguen las sirenas tendrá que demostrar, en segundos, que todos esos años parado en la banqueta no fueron solamente decorativos.
