CIMUA estrena en Ciudad de México un festival donde las canciones también cuentan historias. Hay cortometrajes, videoclips, álbumes visuales, conversaciones y un cierre que cambia la pantalla por el escenario.
Primero aprendimos a mirar películas. Después llegaron los videoclips, YouTube convirtió canciones en pequeñas producciones cinematográficas y Beyoncé ayudó a popularizar otra criatura: el álbum visual.
Ahora resulta cada vez más difícil saber dónde termina una canción y comienza una película. CIMUA decidió instalar precisamente ahí su primera edición en Ciudad de México.
Del 22 al 26 de septiembre, el Festival de Cine, Música y Audiovisual reúne obras donde la música no necesariamente acompaña imágenes: también puede construirlas, explicarlas o protagonizarlas.
La selección incluye cortometrajes, videos musicales y álbumes visuales. También hay encuentros con creadores, conversaciones y música en vivo alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué ocurre cuando escuchamos imágenes?
La convocatoria buscó ficción y documental con la música como interés central, además de videoclips realizados mediante cualquier técnica cinematográfica y pertenecientes prácticamente a cualquier género musical.
Para los videos musicales, incluso desapareció una vieja obsesión festivalera: podían competir piezas previamente publicadas en internet. Aquí haber vivido antes en una pantalla pequeña no significaba quedar expulsado.
También existe una consideración poco espectacular pero importante. Todas las copias de exhibición deben incorporar subtítulos en español, incluso como apoyo para espectadores con discapacidad auditiva.
El festival entrega reconocimientos a película, videoclip, dirección, edición y fotografía. Es decir, trata al video musical como obra audiovisual y no simplemente como envoltura publicitaria de una canción.
Y esa distinción importa.
Durante décadas, algunos videoclips terminaron convertidos en pequeñas piezas de historia cinematográfica. Directores como David Fincher, Spike Jonze o Michel Gondry pasaron por ese territorio antes o durante sus carreras cinematográficas.
Hoy la frontera se ha vuelto todavía más porosa. Un músico puede construir una narración audiovisual de una hora; un cineasta trabajar alrededor de un disco; una canción existir simultáneamente como sonido e imagen.
CIMUA incorpora precisamente los llamados visual albums, formato donde varias canciones se articulan mediante una propuesta audiovisual continua o relacionada, en lugar de funcionar únicamente como videoclips independientes.
También programó una conversación sobre derechos musicales, asunto menos fotogénico pero fundamental: poner una canción dentro de una película implica autores, intérpretes, grabaciones y permisos que pueden convertirse en un laberinto.
Esta noche hay darkwave en la pantalla
Entre los especiales aparece “A Beautiful Place”, presentado en México como estreno latinoamericano y construido alrededor de Lebanon Hanover durante su gira europea de 2024.
La película acompaña desde cerca al dúo asociado con el darkwave y post-punk. Su proyección está programada este viernes 25 en Foro Bizarro, en Roma Norte.
Las puertas abren a las 18:00 y la función comienza a las 20:00. Después habrá Underworld Party, convirtiendo una proyección cinematográfica en continuación natural de una noche musical.
El acceso anunciado por el recinto cuesta 100 pesos y los boletos se venden el mismo día. Foro Bizarro se encuentra en Yucatán 10, primer piso.
Y mañana la película termina en concierto
CIMUA cerrará el sábado 26 cambiando nuevamente de lenguaje. La clausura será un concierto con Shifters, El Desierto Detrás de la Ventana y Garnica en Conexión 222.
Eso quizá explique mejor que cualquier manifiesto lo que intenta este festival debutante: comenzar frente a una pantalla y terminar mirando músicos reales sobre un escenario.
CIMUA apenas tiene una edición, así que todavía sería prematuro declararlo tradición, fenómeno o referencia imprescindible. Primero tendrá que demostrar que puede regresar y construir público.
Pero encontró un territorio interesante.
Durante años preguntamos si una película tenía buena música. Quizá llegó el momento de invertir la pregunta.
Hay imágenes que uno mira.
Y otras que, inevitablemente, también escucha.
