La exposición de La ciencia está en la cancha en el Universum se retira el 27 de septiembre
Universum convirtió una cancha de futbol en laboratorio para descubrir qué ocurre detrás de un chanfle, un cabezazo o un disparo imposible. La exposición termina esta semana en Ciudad Universitaria y todavía podemos comprobar algo inquietante: cuando gritamos gol, probablemente deberíamos darle las gracias a la física.
El delantero coloca la pelota, retrocede unos pasos, mira la portería y dispara. El balón comienza derecho, pero repentinamente dobla su trayectoria y engaña al portero.
Nosotros gritamos gol, el jugador corre hacia la tribuna y el estadio enloquece. Mientras tanto, completamente ignorada, la física contempla tranquilamente el espectáculo que acaba de montar.
Porque ese tiro que parece haber cambiado de opinión mientras viajaba por el aire no hizo magia. Obedeció fuerzas, velocidades, rotaciones, presiones y turbulencias perfectamente terrenales.
Universum decidió entonces hacer algo estupendo: tomar uno de nuestros juguetes favoritos, ponerlo bajo el microscopio y preguntarse qué demonios ocurre realmente cuando pateamos una pelota.
El chanfle tiene explicación
La exposición La ciencia está en la cancha, instalada desde mayo en el Museo de las Ciencias de la UNAM, utiliza experiencias interactivas para desmontar científicamente el futbol.
Ahí aparecen la geometría del balón, sus materiales, la tecnología contemporánea, la velocidad de los jugadores y los mecanismos físicos que permiten cabezazos, disparos y tiros con efecto.
Uno de esos fenómenos tiene nombre propio: efecto Magnus. Cuando una pelota gira mientras avanza, modifica el flujo y la presión del aire alrededor de su superficie.
Esa diferencia genera una fuerza lateral capaz de curvar la trayectoria. El jugador no necesita conocer la ecuación: necesita haber aprendido, mediante miles de patadas, cómo provocarla.
Por eso algunos tiros libres parecen dirigirse hacia un lugar y terminan exactamente en otro. El balón no desafió las leyes de la física: las aprovechó maravillosamente bien.

Tu cerebro también juega
Pero un gol no ocurre únicamente entre el pie y la pelota. Antes del disparo existe una pequeña tormenta de información sucediendo dentro del cuerpo del futbolista.
Hay que observar compañeros y rivales, calcular espacios, anticipar movimientos, conservar el equilibrio y decidir dónde golpear mientras alguien intenta arrebatarte violentamente la pelota de los pies.
Universum convierte algunas de esas capacidades en retos físicos y sensoriales: alcanzar velocidad, probar la potencia de un cabezazo y experimentar cómo cuerpo y mente coordinan una jugada.
Después llega la tribuna, porque tampoco existe futbol únicamente con veintidós personas. La muestra explora porras, símbolos e identidad para incorporar al famoso jugador número doce.
Una pelota tampoco es solamente una pelota
Hasta el balón tiene biografía. Sus materiales, paneles, geometría y fabricación han cambiado durante décadas buscando controlar vuelo, resistencia, impermeabilidad, visibilidad y comportamiento sobre diferentes superficies.
Los balones contemporáneos incluso incorporan tecnología capaz de aportar información durante los partidos. Aquella esfera que pateábamos contra una pared terminó convertida también en un pequeño objeto tecnológico.
Y ahí aparece el verdadero encanto de esta exposición: no intenta utilizar la ciencia para quitarle misterio al futbol, sino para encontrar todavía más misterio dentro del juego.
Saber por qué una pelota dobla su trayectoria no vuelve menos hermoso aquel disparo. Al contrario: ahora sabemos cuántas cosas tuvieron que salir perfectamente para conseguirlo.
Última llamada para jugar
La ciencia está en la cancha permanecerá en Universum hasta el 27 de septiembre. Puede visitarse de miércoles a domingo, entre 10:00 y 17:00 horas.
Este viernes 25 habrá además una charla sobre goles aparentemente imposibles, desde el efecto Magnus hasta la hoja seca, impartida por Arturo Camacho Guardián, del Instituto de Física.
La entrada general al museo cuesta 90 pesos y la tarifa reducida para estudiantes, maestros, INAPAM, trabajadores y exalumnos acreditados de la UNAM es de 80.
En El Recreo encontramos esta vez probablemente el juguete más sencillo de todos. Es redondo, rueda, rebota y millones de personas llevan más de un siglo persiguiéndolo.
Sólo descubrimos un pequeño detalle: dentro de esa pelota estaban escondidas física, geometría, neurobiología, tecnología, psicología y unas cuantas leyes capaces de explicar aquel gol imposible.
Bueno.
Casi todo.
Porque después de entender velocidad, turbulencia, resistencia del aire y efecto Magnus todavía queda una pregunta que ningún museo ha conseguido responder: ¿cómo demonios falló ésa con la portería vacía?

