El peluche viajó como compañero de la astronauta francesa de la ESA Sophie Adenot
Un Pikachu de peluche viajó a la Estación Espacial Internacional y regresó convertido en una improbable herramienta para acercar la exploración espacial a nuevas generaciones.
Pikachu ha peleado, lanzado rayos, recorrido bosques, protagonizado videojuegos, películas y series, pero después de treinta años de aventuras todavía le faltaba algo bastante grande: ir al espacio.
Ya fue. Un pequeño Pikachu de peluche viajó a la Estación Espacial Internacional, permaneció allí 67 días y completó 1,040 vueltas alrededor de nuestro planeta.
Mientras usted trabajaba, dormía, preparaba café o buscaba las llaves que tenía en la mano, Pikachu podía estar pasando a unos 400 kilómetros sobre su cabeza.
La historia forma parte de una colaboración entre The Pokémon Company International y la Agencia Espacial Europea (ESA) para acercar la exploración espacial a niños y aficionados.
Pikachu, astronauta
El peluche viajó como compañero de la astronauta francesa de la ESA Sophie Adenot, integrante de Crew-12, misión que llegó a la Estación Espacial Internacional en 2026.
Dentro de la estación, Pikachu flotó en microgravedad, apareció frente a las ventanas con la Tierra detrás y protagonizó una misión bastante más seria de lo imaginable.
No realizó experimentos ni recibió entrenamiento de astronauta, naturalmente. Su trabajo consistía en algo diferente: convertirse en una pequeña puerta amarilla para entrar al mundo de la ciencia.
Porque aquí aparece la sencilla genialidad de la historia: podemos comenzar explicando mecánica orbital, microgravedad y estaciones espaciales o sencillamente anunciar que Pikachu estuvo allá arriba.
Probablemente ya tenemos su atención. Después podemos contarle que la Estación Espacial Internacional viaja alrededor de la Tierra mientras astronautas realizan investigaciones a cientos de kilómetros de nosotros.
Un juguete puede abrir una puerta
La ESA y Pokémon quieren aprovechar ahora aquel viaje mediante una colaboración educativa con contenidos, actividades y acciones relacionadas con Pokémon GO durante la Semana Mundial del Espacio.
Pikachu termina convertido así en embajador entre dos universos aparentemente distantes: uno poblado por científicos e ingenieros; el otro, por criaturas fantásticas guardadas dentro de pequeñas esferas.
Pero ambos mundos nacen exactamente del mismo lugar: la curiosidad por descubrir qué existe más allá, qué podemos encontrar allí y qué ocurre cuando decidimos aventurarnos.
Un niño puede observar al peluche flotando y preguntar por qué no cae al suelo. Esa pregunta aparentemente diminuta permite comenzar una conversación enorme sobre la microgravedad.
Puede preguntar dónde está Pikachu y descubrir la Estación Espacial Internacional; después querrá saber cómo llegó hasta ahí y aparecerán cohetes, órbitas, astronautas e ingeniería.
¿Por qué una agencia espacial necesita un Pokémon?
El espacio tiene una contradicción fascinante: pocas cosas provocan tanto asombro y, sin embargo, su ciencia puede parecer tremendamente distante cuando comienza a explicarse mediante términos especializados.
Las agencias espaciales hablan inevitablemente de módulos, vehículos, órbitas, experimentos y siglas. Todo importa, aunque semejante vocabulario compite diariamente contra una pantalla diseñada para robarnos la atención.
Pikachu posee una ventaja formidable. Pokémon cumplió 30 años en 2026, de modo que la criatura amarilla ya pertenece simultáneamente a varias generaciones de jugadores y espectadores.
Quien comenzó persiguiendo criaturas dentro de un Game Boy durante los noventa puede estar hoy enseñándole Pikachu a un hijo que juega desde una pantalla táctil.
Ahí aparece una herramienta extraordinaria de divulgación: no sustituir la ciencia con entretenimiento, sino aprovechar un personaje conocido para conducir nuestra curiosidad hasta preguntas genuinamente científicas.
El juguete que llegó más lejos
En El Recreo buscamos juguetes capaces de llevarnos hacia lugares inesperados. Esta vez encontramos uno amarillo, con orejas negras, que acaba de viajar muchísimo más lejos que nosotros.
Pikachu, evidentemente, no sabe que estuvo en el espacio porque sigue siendo un peluche. Los niños que contemplen sus fotografías flotando alrededor de la Tierra sí pueden saberlo.
Quizá alguno levante entonces los ojos, descubra que existe una estación dando vueltas sobre nuestras cabezas y formule la pregunta detrás de prácticamente toda gran aventura científica:
¿Cómo puedo llegar hasta allá?
Para eso sirven también los juguetes. Algunas veces nosotros los llevamos al recreo; otras, cuando tenemos mucha suerte, son ellos quienes consiguen llevarnos muchísimo más lejos.
