La Jefa de Gobierno, Clara Brugada participará en una Cumbre de Alcaldes en Nueva York
Clara Brugada participará en la cumbre Urban 20 para presentar, entre otras políticas, el modelo capitalino de vivienda asequible. La ciudad tiene programas, presupuesto y una meta de 200 mil acciones. También tiene rentas difíciles de pagar, reconstrucción inconclusa y una oferta pública que todavía está lejos de resolver el problema.
La Ciudad de México llevará su política de vivienda a Nueva York.
Antes de hacer la maleta, conviene revisar la casa.
Clara Brugada participará este 20 y 21 de septiembre en la Cumbre de Alcaldes del Urban 20, donde expondrá políticas de la capital sobre vivienda asequible, agua, espacio público, medio ambiente y combate a la desigualdad. El Congreso capitalino autorizó su salida del país del 19 al 21 de septiembre.
En vivienda hay cosas que mostrar.
El gobierno fijó una meta de 200 mil acciones habitacionales hacia 2030, que no significa construir 200 mil departamentos nuevos: la cifra suma vivienda nueva, rehabilitación, mejoramientos, créditos y otras intervenciones.
Para 2026, Brugada anunció la construcción o rehabilitación de 10 mil viviendas. Además, el INVI mantiene créditos sociales sin intereses para vivienda en conjunto, con pagos que no deben superar 20% del ingreso familiar.
También comenzó a construirse algo menos habitual en la política habitacional mexicana: un parque público de vivienda para renta asequible. El primer paquete contempla alrededor de mil viviendas, incluidas 700 en predios de Centro, Buenos Aires, El Rosario y Tacuba y el proyecto piloto para jóvenes en la colonia Doctores.
Hasta ahí, la presentación internacional tiene sustancia.
El problema aparece cuando uno abre la puerta.
La propia Brugada ha reconocido que sólo uno de cada diez habitantes tendría condiciones para destinar 30% de su salario a una vivienda y que casi la mitad de quienes rentan lo hacen porque no pueden acceder a un crédito hipotecario.
A eso se agrega una reconstrucción que todavía no termina nueve años después del sismo de 2017, la presión inmobiliaria sobre barrios centrales y un fenómeno de desplazamiento y gentrificación que obligó al propio gobierno a convertir la permanencia de los habitantes en uno de los ejes de su política.
Nueva York puede ser precisamente un buen lugar para discutirlo.
No porque la CDMX no tenga nada que enseñar, sino porque una política de vivienda no se mide únicamente por cuántas acciones anuncia, sino por algo bastante más difícil:
si una persona que trabaja en esta ciudad todavía puede permitirse vivir en ella.
