El 25 de octubre será la segunda vuelta en Brasil
Cuatro años después de la elección que enfrentó a Lula con Jair Bolsonaro, Brasil volverá a decidir su Presidencia entre los mismos polos políticos. Esta vez Bolsonaro se llama Flávio.
Brasil necesitó cuatro años, una condena por intento de golpe de Estado y otra elección presidencial para regresar prácticamente al mismo lugar: Lula contra Bolsonaro.
Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro disputarán el 25 de octubre la segunda vuelta presidencial después de que ninguno consiguiera superar la mitad de los votos válidos.
Pero existe una diferencia considerable respecto de 2022. Esta vez Lula no llegó primero. Flávio Bolsonaro terminó delante del presidente y convirtió el apellido familiar en mayoría relativa.
Con más de 99 por ciento escrutado, Bolsonaro obtuvo alrededor de 47 por ciento de los votos válidos, mientras Lula quedó cerca de 45 por ciento.
La distancia fue aproximadamente 2.3 millones de votos. Suficiente para modificar el ánimo de la segunda vuelta, aunque demasiado pequeña para resolver una elección nuevamente partida casi por mitades.
Bolsonaro ya no necesitó a Jair en la boleta
Flávio Bolsonaro tiene 45 años, es senador por Río de Janeiro y pertenece al Partido Liberal. También posee una característica electoral imposible de separar de su candidatura.
Es el hijo mayor de Jair Bolsonaro, presidente entre 2019 y 2022, derrotado por Lula hace cuatro años y actualmente condenado a 27 años de prisión.
El expresidente fue sentenciado por encabezar una conspiración destinada a impedir la continuidad democrática después de perder las elecciones de 2022 frente al propio Lula.
Su ausencia de la boleta, sin embargo, no eliminó al bolsonarismo. La primera vuelta de 2026 acaba de demostrar que incluso puede competir electoralmente sin su fundador como candidato.
Flávio no heredó solamente un apellido. Recibió una estructura política conservadora, respaldo evangélico, presencia territorial y una relación ideológica cercana con el presidente estadounidense Donald Trump.
El resultado permite además una lectura incómoda para quienes imaginaron que las investigaciones, procesos judiciales y condena de Jair Bolsonaro terminarían debilitando definitivamente al movimiento construido alrededor suyo.
Ocurrió algo diferente. Bolsonaro desapareció de la candidatura presidencial, pero su apellido obtuvo más votos que Lula y quedó aproximadamente tres puntos porcentuales debajo de ganar desde primera vuelta.
Lula tampoco se fue
La otra mitad de la paradoja brasileña tiene 80 años y gobierna nuevamente el país desde enero de 2023, después de haberlo presidido entre 2003 y 2010.
Lula busca ahora un cuarto mandato no consecutivo. Ningún otro político de la democracia brasileña contemporánea ha ocupado durante tanto tiempo el centro de su sistema electoral.
Su regreso en 2022 parecía entonces cerrar el ciclo de Bolsonaro. Cuatro años después, ambos proyectos políticos permanecen frente a frente aunque uno haya cambiado de candidato.
Lula llega además a la segunda vuelta desde una posición menos cómoda que aquella anticipada por algunos sondeos previos, que lo colocaban ligeramente delante de Flávio Bolsonaro.
El propio presidente reconoció después del escrutinio que no había obtenido el resultado esperado. Su conclusión fue igualmente sencilla: desde ahora comienza una elección diferente.
Y probablemente así será. Los votos de los candidatos eliminados se vuelven decisivos porque ninguno de los dos grandes bloques dispone todavía de mayoría absoluta.
El mapa también habló
La primera vuelta produjo otras señales favorables para la derecha brasileña, particularmente en São Paulo, el estado más poblado y principal colegio electoral del país.
Tarcísio de Freitas, antiguo ministro de Jair Bolsonaro y una de las figuras más importantes de la derecha, consiguió reelegirse como gobernador desde la primera vuelta.
Su victoria adquiere importancia nacional porque São Paulo concentra una enorme cantidad de electores y porque Tarcísio había sido considerado previamente una alternativa presidencial al propio Flávio.
Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente, también consiguió un escaño en el Senado, prolongando todavía más la presencia institucional de una familia convertida prácticamente en organización política.
El bolsonarismo, por tanto, llega al balotaje presidencial acompañado por resultados que indican algo mayor que la supervivencia personal de un candidato o de un expresidente encarcelado.
El 25 de octubre será otra elección
Brasil tiene aproximadamente 159 millones de electores habilitados. Ellos decidirán ahora entre dos proyectos políticos conocidos hasta el cansancio, aunque uno presente un rostro relativamente nuevo.
Lula intentará convertir la segunda vuelta en una defensa de programas sociales, soberanía brasileña y democracia frente al movimiento asociado con el intento de desconocer las elecciones anteriores.
Flávio buscará transformar su ventaja inicial en una elección sobre seguridad, economía, desgaste del gobierno petista y necesidad de sustituir nuevamente al Partido de los Trabajadores.
También estará Donald Trump. Flávio mantiene cercanía política con el presidente estadounidense, mientras Lula ha convertido las tensiones con Washington en un argumento de soberanía nacional durante la campaña.
La elección definirá así mucho más que quién ocupará el Palacio del Planalto desde enero. Pondrá nuevamente a prueba los límites de dos identidades políticas extraordinariamente resistentes.
Brasil intentó jubilar políticamente a Lula, pero Lula regresó. Inhabilitó electoralmente a Jair Bolsonaro y después lo encarceló, pero el bolsonarismo encontró otro Bolsonaro.
Cuatro años después de aquella elección que parecía destinada a cerrar una época, las urnas terminaron produciendo una secuela casi perfecta.
Brasil podrá escoger nuevamente entre Lula y Bolsonaro. Lo único que cambió fue el nombre de pila.

