Günther Fehlinger-Jahn quiere competir por la Presidencia austriaca en 2028 y convirtió el regreso de la pieza mexicana en promesa política. El problema empieza después de ganar.
Günther Fehlinger-Jahn todavía necesita convertirse oficialmente en candidato, ganar una elección y resolver varios problemas jurídicos. Después tendría pendiente uno todavía más delicado: conseguir que el Penacho sobreviva.
El economista y activista austriaco que pretende competir por la Presidencia de su país en 2028 prometió devolver a México la pieza conocida popularmente como Penacho de Moctezuma.
Lo hizo desde el lugar más apropiado para semejante promesa.
Fehlinger-Jahn publicó imágenes desde el Weltmuseum Wien, donde permanece la pieza, y escribió que como presidente de Austria devolvería el Penacho a México.
La frase cabe perfectamente en una publicación electoral.
La devolución, bastante menos.
Para empezar, Fehlinger-Jahn todavía no es candidato presidencial formal. Ha anunciado públicamente su intención de competir en las próximas elecciones, previstas para 2028.
Cuando llegue el proceso correspondiente deberá cumplir los requisitos establecidos por la legislación austriaca, entre ellos reunir seis mil declaraciones de apoyo para formalizar una candidatura presidencial.
Después tendría que ganar.
Y aun consiguiendo ambas cosas, convertirse en jefe de Estado no colocaría automáticamente las llaves de la vitrina del Weltmuseum dentro de su despacho presidencial.
Austria es una república parlamentaria y numerosas facultades presidenciales requieren intervención del Gobierno federal, ministros u otras instituciones. El destino de una pieza museística tampoco depende simplemente de una orden personal.
Fehlinger-Jahn no ha explicado todavía el mecanismo jurídico mediante el cual pretende cumplir su promesa ni si habla de restitución definitiva, préstamo prolongado o alguna fórmula acordada bilateralmente.
Pero existe un obstáculo todavía más curioso.
Incluso suponiendo que Austria aceptara entregarlo mañana, quedaría pendiente determinar si el Penacho puede recorrer aproximadamente diez mil kilómetros hasta México sin sufrir daños irreversibles.
Especialistas mexicanos y austriacos estudiaron conjuntamente la pieza entre 2010 y 2012 y encontraron un objeto extraordinariamente frágil después de aproximadamente cinco siglos de existencia.
Los análisis identificaron numerosas fracturas en sus largas plumas de quetzal y miles de pequeños fragmentos desprendidos, además de una estructura extremadamente sensible a movimientos y vibraciones.
El problema no es conseguir un avión suficientemente cuidadoso.
Un traslado implica vibraciones terrestres, manipulación, despegue, vuelo, aterrizaje, cambios ambientales y otro recorrido terrestre hasta colocar finalmente la pieza en condiciones museísticas estables.
Los especialistas concluyeron que las tecnologías evaluadas entonces no permitían garantizar un viaje sin poner en peligro la integridad del objeto.
México no abandonó por eso su pretensión.
Distintos gobiernos mexicanos han solicitado durante años el regreso del Penacho y las autoridades culturales mantienen abierta la discusión sobre restitución y recuperación de patrimonio histórico localizado fuera del país.
También existe una cuestión histórica que suele perderse debajo del nombre más famoso de la pieza.
No está demostrado que el tocado haya pertenecido personalmente a Moctezuma Xocoyotzin.
El propio museo vienés lo identifica como un tocado del México antiguo y reconoce que no existe certeza absoluta sobre su propietario original ni sobre la manera exacta en que terminó en Europa.
Su presencia europea sí puede rastrearse al menos hasta 1596, cuando apareció inventariado entre las colecciones relacionadas con el archiduque Fernando II de Tirol.
Más de cuatro siglos después volvió a convertirse en objeto político.
Fehlinger-Jahn ha colocado a México dentro de otras propuestas internacionales particularmente ambiciosas, incluida una iniciativa denominada EU50 para construir una comunidad euroatlántica mucho más amplia.
Ahora agregó el Penacho.
La promesa tiene una ventaja electoral evidente: se entiende en siete palabras.
“Como presidente de Austria devolveré el Penacho a México”.
Cumplirla necesitaría muchas más.
Primero deberá reunir seis mil firmas.
Después ganar una elección.
Luego convencer a las instituciones que correspondan.
Y finalmente resolver un problema que lleva años esperando tecnología suficiente.
Cómo devolver a México algo que quizá no pueda viajar.
