El 17 de julio de 1928, el presidente electo asistió a una comida en el restaurante La Bombilla, en San Ángel. Un joven se acercó a mostrarle un dibujo y sacó una pistola. El asesinato terminó con el regreso de Obregón al poder y abrió una crisis que transformaría la política mexicana.
El restaurante La Bombilla estaba lleno de políticos cuando Álvaro Obregón llegó a la comida organizada para celebrar su reciente victoria en las elecciones presidenciales.
Era martes 17 de julio de 1928. El general sonorense había conseguido regresar a la Presidencia mediante una reforma constitucional que permitía su reelección no consecutiva.
Entre los invitados había diputados guanajuatenses, colaboradores y simpatizantes. La música de una orquesta amenizaba el encuentro mientras los meseros servían comida a los asistentes.
Obregón ocupó su lugar sin imaginar que un hombre de veintisiete años llevaba una pistola y había conseguido entrar al restaurante haciéndose pasar por caricaturista.
Su nombre era José de León Toral. Aquella tarde convirtió una celebración electoral en uno de los asesinatos políticos más importantes del México posrevolucionario.
El regreso que había dividido al país
Obregón había gobernado México entre 1920 y 1924. Su administración concluyó con la llegada de Plutarco Elías Calles, antiguo aliado y compañero revolucionario sonorense.
La Constitución prohibía entonces la reelección presidencial, pero una reforma aprobada en 1927 permitió que antiguos mandatarios regresaran al cargo después de un periodo intermedio.
La modificación abrió el camino para Obregón, aunque también provocó enfrentamientos entre militares y políticos que consideraban peligroso restaurar aquella posibilidad de retorno presidencial.
Los generales Francisco R. Serrano y Arnulfo R. Gómez, aspirantes presidenciales, fueron ejecutados en 1927 después de ser acusados de participar en movimientos rebeldes.
Obregón quedó como candidato sin adversarios efectivos y ganó las elecciones del 1 de julio de 1928, celebradas bajo un clima de fuerte tensión política.
Su victoria parecía asegurar la continuidad del grupo sonorense. Sin embargo, la disputa por el poder estaba lejos de resolverse mediante las urnas.
Un dibujante entre los invitados
José de León Toral era un joven católico que trabajaba como dibujante y participaba en círculos religiosos opuestos a las políticas anticlericales del gobierno.
México atravesaba la Guerra Cristera, conflicto armado iniciado en 1926 que enfrentaba al Estado con grupos católicos movilizados contra restricciones al culto religioso.
Toral consideraba a Obregón y Calles responsables de aquella confrontación. Sus convicciones religiosas y políticas fueron determinantes en la preparación del atentado que cometería.
Para acercarse al presidente electo, utilizó una habilidad aparentemente inofensiva: dibujar caricaturas de los personajes reunidos en la comida de La Bombilla.
Realizó retratos de algunos asistentes y consiguió que los dibujos circularan entre las mesas. Su intención era aproximarse al hombre sentado en el lugar principal.
La maniobra funcionó. Obregón recibió al joven que sostenía un papel y se dispuso a observar la caricatura preparada para llamar su atención.
Los disparos que apagaron la música
Toral se colocó detrás de Obregón y le mostró el dibujo. Cuando el presidente electo volvió la mirada, el atacante sacó una pistola.
Los disparos provocaron confusión entre los comensales. Obregón cayó mortalmente herido mientras los asistentes intentaban comprender lo ocurrido y localizar al responsable del ataque.
Los testimonios históricos coinciden en que Toral fue detenido inmediatamente, aunque existen diferencias sobre la cantidad exacta de disparos y algunos movimientos posteriores.
La orquesta dejó de tocar. La celebración terminó convertida en una escena de violencia que rápidamente movilizó a policías, militares y funcionarios del gobierno.
Obregón tenía cuarenta y ocho años. Había sobrevivido a batallas revolucionarias, perdido el brazo derecho en combate y gobernado México durante cuatro años.
Sin embargo, murió en un restaurante de San Ángel, frente a hombres que celebraban su regreso a un poder que ya nunca volvería a ejercer.
La investigación que abrió nuevas sospechas
La detención de Toral no cerró las preguntas. Los investigadores buscaron posibles cómplices y examinaron sus relaciones con organizaciones católicas involucradas en el conflicto religioso.
Entre las personas señaladas apareció Concepción Acevedo de la Llata, religiosa conocida como la Madre Conchita, a quien las autoridades atribuyeron participación intelectual.
Toral sostuvo inicialmente que había actuado por decisión propia. Los interrogatorios, sin embargo, estuvieron marcados por torturas e irregularidades documentadas posteriormente por investigadores históricos.
El proceso judicial se convirtió en un espectáculo público. La prensa siguió las audiencias mientras los partidarios de Obregón exigían castigos y responsabilidades.
También circularon acusaciones políticas contra Calles y otros adversarios del presidente electo. Aquellas sospechas alimentaron enfrentamientos, pero no demostraron una conspiración gubernamental.
La investigación histórica mantiene abiertas preguntas sobre las redes que rodearon al atacante y la solidez de las pruebas utilizadas contra la religiosa.
El fusilamiento en Lecumberri
En noviembre de 1928, un jurado declaró culpable a José de León Toral. La sentencia estableció la pena de muerte por el asesinato de Obregón.
Concepción Acevedo recibió una condena de veinte años de prisión, aunque estudios posteriores han cuestionado la consistencia de las pruebas presentadas en su contra.
Toral permaneció encarcelado en Lecumberri mientras sus abogados agotaban recursos legales. La solicitud de indulto fue rechazada por el presidente Emilio Portes Gil.
El 9 de febrero de 1929 fue conducido ante un pelotón de fusilamiento. Tenía veintiocho años y su proceso había provocado una controversia nacional.
El Archivo General de la Nación conserva documentación de aquel juicio, incluidos testimonios sobre las irregularidades procesales y la ejecución del asesino confeso.
La muerte de Toral cerró su expediente penal, pero no terminó con las discusiones sobre las responsabilidades políticas y religiosas alrededor del magnicidio.
La silla presidencial que quedó vacía
Obregón debía asumir la Presidencia el 1 de diciembre de 1928. Su asesinato obligó al sistema político revolucionario a encontrar una salida constitucional.
El Congreso designó presidente interino a Emilio Portes Gil, mientras Calles concluía su mandato y buscaba contener las tensiones entre los grupos revolucionarios.
La crisis aceleró la creación del Partido Nacional Revolucionario, fundado en marzo de 1929 para organizar la sucesión presidencial y reducir enfrentamientos entre facciones.
Calles presentó aquel proyecto como una transición del gobierno de los caudillos al funcionamiento de las instituciones, aunque conservó considerable influencia política posteriormente.
El periodo que siguió sería conocido como Maximato, una etapa durante la cual Calles mantuvo poder sobre distintos gobiernos sin ocupar formalmente la Presidencia.
La muerte de Obregón había eliminado al único dirigente revolucionario que parecía capaz de disputar directamente aquella influencia dentro del grupo político dominante mexicano.
El restaurante que desapareció bajo un monumento
La Bombilla dejó de ser únicamente el nombre de un restaurante. Su ubicación quedó asociada para siempre con el asesinato del presidente electo.
En aquel espacio de San Ángel se construyó posteriormente un monumento dedicado a Obregón, inaugurado en 1935, rodeado por un parque público.
Durante décadas, el recinto conservó en exhibición el brazo derecho que el general había perdido durante la batalla de Celaya, ocurrida en 1915.
La extremidad fue retirada del monumento en 1989 y sustituida por una representación escultórica, cerrando una de las exhibiciones históricas más singulares del país.
Hoy, el Parque de la Bombilla recuerda un acontecimiento que modificó la sucesión presidencial y convirtió una comida política en episodio fundamental de México.
El dibujo que nadie quería recordar
José de León Toral no necesitó entrar armado a un cuartel ni organizar una emboscada militar. Su estrategia consistió en acercarse con papel y lápiz.
La caricatura le permitió atravesar una barrera que probablemente habría detenido a cualquier desconocido que intentara aproximarse directamente al presidente electo de México.
Obregón había sobrevivido a numerosas batallas, conspiraciones y disputas por el poder. Finalmente, su muerte llegó durante una celebración de su victoria electoral.
En la mesa quedaron los platos de una comida interrumpida. En la historia quedó una Presidencia que nunca comenzó y un sistema político transformado.
Álvaro Obregón ganó las elecciones para volver a gobernar México. Dieciséis días después, un hombre le mostró un dibujo y terminó cambiando el destino del país.
