Una iniciativa presentada en el Congreso de la CDMX quiere incorporar la alfabetización en inteligencia artificial a la Ley de Educación. No se trata solamente de aprender a pedirle tareas a una máquina, sino de reconocer cuándo inventa, qué datos entregamos y por qué una respuesta perfectamente escrita también puede estar equivocada.
Durante generaciones, alfabetizar significó aprender a leer una frase, escribirla y entender qué quería decir.
La inteligencia artificial acaba de complicar considerablemente esa definición.
Una iniciativa presentada en el Congreso capitalino propone incorporar a la Ley de Educación de la Ciudad de México la alfabetización en inteligencia artificial para niñas, niños y jóvenes.
La propuesta fue presentada por el diputado Ricardo Rubio Torres, del PAN, durante la sesión ordinaria del 29 de septiembre y plantea adicionar un artículo 4 Bis.
Su punto de partida resulta difícil de discutir: los estudiantes ya utilizan inteligencia artificial aunque la escuela todavía esté decidiendo qué hacer con ella.
Según una encuesta nacional difundida por la Secretaría de Educación Pública y citada en la iniciativa, más de 60 por ciento de estudiantes y docentes universitarios consultados utiliza cotidianamente estas tecnologías.
Entre los alumnos participantes, ocho de cada diez dijeron emplearlas para elaborar textos.
La propuesta busca que aprender inteligencia artificial signifique algo bastante más amplio que descubrir qué instrucciones producen una respuesta bonita.
Plantea desarrollar conocimientos progresivos, adecuados a la edad y desarrollo de los estudiantes, para utilizar estas herramientas de manera crítica, segura, ética y responsable.
Ahí comienza la parte interesante.
Un alumno alfabetizado en inteligencia artificial debería saber que una respuesta redactada con enorme seguridad puede contener información falsa, referencias inexistentes o conclusiones sin sustento.
También tendría que comprender que escribir información personal dentro de una plataforma significa compartir datos con un sistema cuyo funcionamiento, almacenamiento y condiciones de privacidad conviene conocer.
La alfabetización incluye además reconocer sesgos, distinguir contenido generado artificialmente, comprobar información mediante otras fuentes y entender que delegar una tarea no equivale necesariamente a aprenderla.
La iniciativa contempla también capacitación para docentes, porque difícilmente puede enseñarse a utilizar críticamente una herramienta que quien está frente al grupo tampoco comprende.
Eso no significa que el Congreso capitalino pueda decidir mañana que todas las escuelas tendrán una nueva materia llamada Inteligencia Artificial.
Los planes y programas educativos corresponden al ámbito federal. La propuesta busca establecer principios y orientación dentro de las facultades educativas de la Ciudad de México.
Tampoco es legislación vigente.
Fue turnada a la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Innovación e Inteligencia Artificial, donde deberá analizarse y eventualmente dictaminarse antes de continuar el proceso legislativo.
La discusión llega cuando prohibir simplemente estas herramientas parece cada vez menos suficiente.
Durante años enseñamos a los estudiantes que no debían creer todo lo que encontraban en internet.
Ahora habrá que añadir una advertencia más complicada.
Tampoco deben creer todo lo que internet aprendió a contestarles.
