Tailandia ya no enfrenta una corrida contra el baht. Su problema ahora es más lento: inversión débil, deuda doméstica alta y una economía que perdió velocidad.
En 1997 Tailandia vio desplomarse el baht, agotarse sus reservas y llegar al Fondo Monetario Internacional con un paquete de rescate por 17 mil 200 millones.
Casi treinta años después, Bangkok vuelve a recibir al FMI, pero esta vez el peligro no está en una moneda sitiada sino en una economía cansada.
Reuters documentó este viernes que la inversión representa apenas entre 22 y 23 por ciento del PIB, demasiado poco para recuperar el dinamismo perdido durante años recientes.
El ministro de Finanzas, Ekniti Nitithanprapas, quiere elevar crecimiento mediante semiconductores, centros de datos, vehículos eléctricos y energías renovables durante los próximos tres años completos.
La meta gubernamental es alcanzar tres por ciento anual, aunque el Banco de Tailandia calcula un crecimiento potencial cercano a 2.7 por ciento y más lento.
La crisis que no parece crisis
La diferencia con 1997 es precisamente lo inquietante. Entonces había una emergencia visible: ataques especulativos, devaluación, bancos frágiles y empresas cayendo rápidamente por todas partes.
Hoy Tailandia mantiene reservas sólidas, sistema financiero estable y mejores defensas externas, pero arrastra deuda doméstica elevada y menor capacidad para crecer sostenidamente.
El turismo todavía no recupera completamente su antiguo impulso, mientras exportaciones enfrentan competencia regional y Bangkok negocia con Washington nuevas reglas comerciales bajo Trump.
Estados Unidos absorbe cerca de una cuarta parte de las exportaciones tailandesas, suficiente para convertir cualquier arancel estadounidense en problema directamente nacional para Bangkok.
El primer ministro Anutin Charnvirakul asegura que el acuerdo comercial está prácticamente terminado, después de que Washington impusiera en julio un arancel de 12.5 por ciento.
A diferencia de 1997, el problema tampoco puede resolverse solamente estabilizando mercados. Una economía lenta exige productividad, infraestructura, inversión privada y reformas políticamente sostenidas.
El alumno recibe ahora al profesor
La ironía llegará la próxima semana cuando Bangkok reciba las reuniones anuales del FMI y Banco Mundial, casi tres décadas después de necesitar su rescate.
Ekniti tenía entonces poco más de veinte años y estudiaba en Estados Unidos cuando Tailandia abandonó la defensa del baht y detonó la crisis asiática.
Ahora será uno de los funcionarios encargados de presentar al mismo país como destino estable, neutral y confiable para capitales que buscan diversificar Asia.
Fitch acaba de mejorar la perspectiva tailandesa a estable, señal de que los inversionistas tampoco contemplan una repetición automática del colapso financiero de los noventa.
Pero sobrevivir a una vieja crisis no garantiza escapar de una nueva. Sólo cambia aquello que debe repararse antes de que el deterioro resulte irreversible.
En 1997 Tailandia necesitó dinero extranjero para sobrevivir. En 2026 necesita algo más complicado: razones suficientes para que ese dinero quiera quedarse e invertir.
El FMI vuelve a Bangkok y encontrará una economía mucho más fuerte que entonces. También encontrará un espejo donde Tailandia puede observar cuánto dejó de correr.
