En Gertrudis Sánchez, vecinos denuncian luminarias apagadas y deterioro en un corredor intervenido como Sendero Seguro. El problema parece pequeño hasta recordar para qué fue construido: una calle no se vuelve segura porque alguien le puso el apellido.
Un Sendero Seguro funciona de una manera curiosa: cuando todo está encendido probablemente nadie piensa demasiado en las luminarias. Basta que algunas fallen para descubrir cuánto dependía de ellas.
Eso están reclamando vecinos de la colonia Gertrudis Sánchez, en Gustavo A. Madero, donde un corredor intervenido para mejorar las condiciones de tránsito peatonal presenta fallas y deterioro.
Entre los problemas señalados aparecen luminarias que dejaron de funcionar, además de afectaciones en infraestructura instalada como parte del espacio destinado a ofrecer recorridos más seguros.
Parece un asunto de mantenimiento. En realidad toca una pregunta bastante mayor: ¿qué convierte una banqueta iluminada en un lugar donde alguien efectivamente se siente más seguro?
Los Senderos Seguros han formado parte durante años de las estrategias capitalinas para intervenir recorridos utilizados principalmente por mujeres, estudiantes y usuarios del transporte público.
La iluminación es uno de sus componentes más visibles, pero el modelo también ha incorporado mejoramiento del espacio público, poda, recuperación de banquetas y otras intervenciones dependiendo del corredor.
No es decoración urbana.
Una luminaria puede ampliar la visibilidad del peatón, reducir zonas completamente oscuras y permitir observar mejor quién viene, dónde termina la banqueta o qué ocurre alrededor.
Pero instalarla resuelve solamente la primera mitad del problema.
Después hay que conservarla.
Árboles que vuelven a cubrir lámparas, luminarias averiadas, infraestructura vandalizada, banquetas deterioradas o mobiliario sin mantenimiento pueden degradar paulatinamente una intervención que costó recursos públicos.
En Gertrudis Sánchez, el reclamo vecinal precisamente apunta hacia esa segunda vida de la obra: qué ocurre después de la inauguración.
Los habitantes pueden reportar luminarias apagadas y problemas de servicios urbanos mediante el Sistema Unificado de Atención Ciudadana y Locatel, proporcionando ubicación y referencias precisas.
Dependiendo de la vialidad y del tipo de infraestructura, el reporte será canalizado hacia la autoridad responsable, por lo que conservar el folio permite posteriormente consultar su atención.
Conviene además documentar las fallas con fotografías y señalar cuántas luminarias están apagadas, entre qué calles se encuentran y desde cuándo se observa el problema.
Eso transforma “está oscuro” en información que puede localizarse.
También conviene no prometer demasiado en sentido contrario: ninguna lámpara puede garantizar por sí misma que una persona no será víctima de un delito.
La seguridad urbana depende de múltiples factores y la iluminación es sólo uno de ellos.
Pero precisamente por eso resulta extraño invertir dinero en crear un corredor pensado para disminuir vulnerabilidades y después permitir que alguno de sus elementos básicos deje de funcionar.
Construir un Sendero Seguro requiere presupuesto, proyecto e infraestructura.
Mantenerlo exige algo mucho menos espectacular.
Que cuando llegue la noche todavía prenda.
