Seis senadores republicanos pidieron revertir el acuerdo energético con Moscú. El combustible prometía bajar precios, pero terminó encendiendo una disputa interna sobre Putin.
Donald Trump quería que el diésel ruso ayudara a bajar precios estadounidenses. Terminó consiguiendo algo menos habitual: que seis senadores republicanos cuestionaran públicamente su estrategia.
Doce legisladores, mitad republicanos y mitad demócratas, pidieron este martes cancelar el acuerdo con Vladimir Putin y restablecer las sanciones suspendidas para facilitarlo.
Entre los firmantes aparecen Susan Collins, Lisa Murkowski, Mitch McConnell, John Cornyn, Thom Tillis y Alan Armstrong, nombres difíciles de presentar como oposición demócrata.
Su mensaje fue excepcionalmente duro: liberar ventas rusas de combustible beneficia económicamente a Moscú, perjudica a Ucrania y contradice la presión aprobada previamente por Congreso.
El combustible que debía apagar un problema
Trump anunció el 9 de octubre que Rusia liberaría inmediatamente más de 300 mil toneladas métricas de diésel y posteriormente cantidades mucho mayores al mercado.
La Casa Blanca presenta el acuerdo como herramienta para reducir costos energéticos estadounidenses en un momento de precios elevados y preocupación económica antes de las elecciones legislativas.
Pero los senadores sostienen que aquella primera cantidad equivale a menos de un día del consumo estadounidense de transporte y tendría impacto prácticamente insignificante sobre precios.
En cambio, argumentan que permitir mayores exportaciones rusas generaría ingresos utilizables por el Kremlin mientras continúa financiando su ofensiva militar contra Ucrania actualmente.
Ahí apareció la grieta: no discuten solamente si conviene comprar combustible barato, sino qué precio estratégico tiene ayudar simultáneamente a quien Washington todavía sanciona.
Trump firmó las sanciones y después abrió la puerta
La contradicción institucional resulta particularmente incómoda porque Trump firmó apenas en septiembre una nueva ley que endurece herramientas económicas contra Rusia y sus principales facilitadores.
Ahora varios republicanos le recuerdan que aquellas facultades estaban diseñadas para aumentar presión negociadora sobre Putin, no para facilitar nuevas ventas de productos energéticos rusos.
También existe una prohibición estadounidense de 2022 contra importaciones energéticas rusas, cuya aplicación puede suspenderse únicamente bajo determinadas certificaciones y facultades presidenciales específicas.
Los críticos sostienen que la nueva autorización entra en tensión con ese marco. La administración argumenta que dispone de autoridad suficiente mediante licencias y excepciones.
El debate tendrá fecha cercana: Trump enfrenta el 18 de octubre un plazo relacionado con la aplicación de nuevas sanciones o con posibles exenciones presidenciales adicionales.
Una rebelión pequeña pero poco común
Seis republicanos no representan al partido entero. Otros dirigentes, incluido John Barrasso, defienden la maniobra como herramienta simultánea para negociar con Putin y contener precios.
Pero la identidad de quienes protestan importa: Collins preside Apropiaciones y McConnell encabeza la subcomisión encargada de financiar defensa, dos posiciones institucionalmente relevantes dentro del Senado.
También hay críticas republicanas adicionales fuera de la carta, mientras legisladores de la Cámara preparan intentos para bloquear compras rusas mediante nuevas iniciativas legislativas bipartidistas.
La cuestión llega además pocas semanas antes de las elecciones intermedias, cuando cualquier discusión sobre gasolina, inflación, Ucrania y liderazgo presidencial adquiere automáticamente dimensión doméstica.
Putin consiguió vender y dividir
Moscú anunció que está dispuesto incluso a superar los volúmenes inicialmente acordados, señal de que Rusia identifica claramente el valor económico del nuevo acceso comercial.
Para Trump, el combustible puede convertirse en instrumento transaccional: comprar a Rusia mientras intenta presionarla diplomáticamente para alcanzar una salida negociada en Ucrania.
Para sus críticos republicanos, justamente ahí está el problema: cada tonelada comprada reduce el costo económico que las sanciones pretendían imponer sobre Putin originalmente.
El diésel ruso todavía puede resultar pequeño frente al enorme mercado energético estadounidense. Su efecto político dentro del Partido Republicano ya resultó bastante más visible.
Trump buscaba combustible barato. Encontró seis senadores de su propio partido recordándole que algunas compras también vienen acompañadas de una factura geopolítica.
