Con menos de una cuarta parte de la votación de Morena, el PVEM consiguió posiciones estratégicas rumbo a 2027. Su fuerza no está solamente en cuántos votos tiene, sino en cuánto los necesita su aliado.
El Partido Verde obtuvo alrededor de nueve de cada cien votos válidos para diputados federales en 2024. Morena consiguió casi 44. Tres años después, aquella diferencia explica solamente media historia.
La otra mitad aparece en las negociaciones rumbo a 2027: el partido pequeño consiguió colocar perfiles propios o políticamente cercanos en algunas de las gubernaturas que disputará la coalición oficialista.
Nayarit, Baja California Sur y Quintana Roo muestran claramente ese crecimiento. San Luis Potosí agrega una variante todavía más interesante: ahí el Verde pretende competir por cuenta propia.
La aritmética parece desproporcionada hasta comprender cómo funciona una coalición. El valor político de un aliado no depende únicamente de cuántos votos posee, sino de quién los necesita.
Morena sigue siendo, por mucho, la fuerza dominante. Precisamente por eso enfrenta una paradoja: mientras mayor es su expectativa de conservar poder, más costoso puede resultar perder porcentajes marginales.
Nueve por ciento puede valer muchísimo
En la elección federal de 2024, el PVEM obtuvo 4 millones 963 mil 984 votos para diputaciones de mayoría relativa, equivalentes a 8.99 por ciento de la votación nacional efectiva.
Morena alcanzó 24 millones 58 mil 979 sufragios, 43.57 por ciento bajo ese mismo cálculo. Por cada voto verde hubo prácticamente cinco votos morenistas.
Sin embargo, las elecciones no reparten únicamente prestigio proporcional. Un partido capaz de aportar ocho o nueve puntos puede decidir una contienda cerrada cuando amenaza con llevárselos.
Eso explica buena parte del nuevo peso negociador del Verde. No demuestra que cada coordinación haya sido intercambiada por apoyo legislativo, pero sí revela cuánto importa conservarlo dentro.
La alianza enfrentará 17 elecciones de gobernador durante 2027, además de la renovación completa de la Cámara de Diputados, donde mantener la mayoría constituye una prioridad estratégica.
Cada ruptura estatal puede fragmentar votos, estructuras territoriales, candidatos y recursos. Para Morena, contener esas fugas tiene un valor que supera ampliamente el tamaño nacional de sus aliados.
El Verde consiguió lugares
Jasmine Bugarín, senadora con licencia del PVEM, encabezará los trabajos de la coalición en Nayarit aunque Héctor Santana obtuvo el mejor resultado general en la encuesta interna.
La explicación oficial fue paridad. Morena determinó que debía encabezar una mujer y Bugarín resultó la aspirante femenina mejor posicionada, circunstancia que terminó beneficiando directamente al Verde.
En Baja California Sur, el diputado federal pevemista Manuel Alejandro Cota quedó al frente después de un proceso disputado que provocó inconformidad entre simpatizantes de otros aspirantes.
Quintana Roo produjo otro resultado favorable al Verde con Eugenio Segura, senador identificado con ese partido y cercano políticamente al grupo gobernante encabezado por Mara Lezama.
Los casos no son idénticos ni permiten afirmar que existió una sola negociación nacional que repartiera gubernaturas. Encuestas, paridad y fuerzas locales intervinieron de manera diferente.
Pero juntos producen una fotografía difícil de ignorar: cuando terminó la primera gran distribución territorial de 2027, el Verde había convertido su condición de aliado en posiciones concretas.
San Luis Potosí enseña la otra carta
San Luis Potosí muestra qué ocurre cuando el partido considera que puede prescindir de Morena. Ahí el PVEM pretende impulsar a Ruth González, esposa del gobernador Ricardo Gallardo.
Morena colocó como coordinador a Elí Cervantes, mientras el Verde mantiene su propia ruta. La posibilidad de competir separados revela precisamente dónde reside el poder negociador pevemista.
Un aliado solamente puede cobrar caro cuando marcharse resulta creíble. Si Morena supiera que todos los votos verdes permanecerán inevitablemente dentro de su coalición, tendría menos razones para conceder posiciones.
Algo semejante ocurre en Nuevo León. Después de la designación de Clara Luz Flores, la dirigencia estatal verde ha dicho que todavía no existe alianza definida y mantiene abierta otra opción.
En Chihuahua ocurrió lo contrario: el Verde había expresado respaldo a Cruz Pérez Cuéllar y amagó con revisar su alianza si el alcalde juarense quedaba fuera del proceso.
Pérez Cuéllar terminó obteniendo la coordinación. Eso no demuestra que la presión verde decidiera el resultado porque también encabezó el proceso interno, pero muestra nuevamente su disposición a negociar.
El PT salió con las manos más vacías
La comparación más reveladora quizá no sea con Morena, sino con el otro socio. El Partido del Trabajo obtuvo aproximadamente 5.9 por ciento de la votación efectiva para diputados en 2024.
También necesita la coalición y también la necesita Morena. Sin embargo, después de las definiciones de las 17 coordinaciones, el PT manifestó inconformidad por no encabezar ninguna.
La diferencia enseña que el poder negociador tampoco puede medirse solamente mediante porcentajes. Importan territorios, candidatos competitivos, gobiernos locales y credibilidad de una eventual ruptura.
El Verde llega a 2027 con algo que durante décadas convirtió en especialidad: suficiente flexibilidad para formar parte del bloque dominante sin desaparecer completamente dentro de él.
Antes acompañó al PRI. Después construyó acuerdos con otras fuerzas y desde 2018 convirtió su alianza con Morena en la columna principal de su expansión nacional.
No es una anomalía accidental. Es un partido que ha aprendido a identificar cuándo sus pocos puntos porcentuales se encuentran exactamente donde otro partido necesita encontrarlos.
Morena también gana
La relación, sin embargo, no debe explicarse como una extorsión unilateral. El Verde obtiene candidaturas, estructura y acceso al poder; Morena recibe votos y organizaciones territoriales adicionales.
En 2024 esa suma contribuyó a una victoria presidencial cercana a 60 por ciento y a una representación legislativa suficientemente amplia para transformar profundamente el Congreso.
Por eso sería incorrecto presentar al Verde únicamente como beneficiario parasitario. Morena ha utilizado esa alianza porque electoralmente le funciona y ha decidido conservarla precisamente por esa utilidad.
La pregunta hacia 2027 será cuánto puede seguir creciendo el precio sin que el socio mayor concluya que determinadas concesiones cuestan más que los votos obtenidos.
El Verde parte con una ventaja: sabe que esa decisión no puede

