Andrea Chávez perdió Chihuahua y una semana después recibió Ciudad Juárez sin nueva encuesta conocida. Tatiana Clouthier se rebeló en Nuevo León y Félix Salgado exige otra medición en Guerrero. Morena ya eligió candidatos; ahora necesita encontrar qué hacer con quienes perdieron.
Morena terminó de escoger a quienes encabezarán sus 17 batallas por gubernaturas en 2027, pero las encuestas resolvieron solamente una parte del problema: dejaron demasiados perdedores importantes.
Una semana después apareció la primera solución. Andrea Chávez no ganó Chihuahua, pero este lunes fue designada coordinadora municipal de la transformación en Ciudad Juárez, su principal bastión político.
No hubo para ese nombramiento una convocatoria municipal previamente publicada ni una nueva encuesta conocida. La Comisión Nacional de Elecciones simplemente anunció que Chávez asumiría la coordinación juarense.
La diferencia resulta especialmente llamativa porque Morena acaba de defender las encuestas como el método científico, transparente y democrático que legitima sus decisiones cuando existen varios aspirantes competitivos.
En Chihuahua sí hubo encuesta. Cruz Pérez Cuéllar obtuvo 8.50 de los diez puntos utilizados por Morena para evaluar aspirantes. Chávez consiguió apenas 1.50 y quedó fuera.
Ciudad Juárez fue diferente. La senadora con licencia pasó de perder una competencia medida durante meses a obtener otra posición estratégica mediante una decisión directa de la dirigencia.
Formalmente, ser coordinadora municipal no equivale todavía a recibir una candidatura. Políticamente, sin embargo, la coloca en la ruta natural hacia la presidencia municipal más importante de Chihuahua.
Y ahí aparece una pregunta que puede extenderse mucho más allá de Juárez: ¿Morena está comenzando a construir premios de consolación para evitar que sus derrotados se conviertan en adversarios?
Perder sin irse
La idea no resulta descabellada. Al día siguiente de concluir las coordinaciones estatales, Claudia Sheinbaum recordó públicamente que quienes perdieron podían participar posteriormente en otras convocatorias partidistas.
Andrea Chávez demostró cuánto puede comprimirse ese “posteriormente”. Apenas transcurrió una semana antes de que recibiera una responsabilidad que conserva estructura, territorio y expectativa electoral para 2027.
También resuelve un problema para Morena. Después de su derrota, dirigentes del Partido del Trabajo habían dejado abierta la posibilidad de competir separadamente y eventualmente postular a Chávez.
Colocarla en Ciudad Juárez mantiene a la senadora dentro de Morena, le ofrece una salida políticamente digna y reduce el incentivo para explorar una candidatura bajo otras siglas.
No existe evidencia pública de que ésa haya sido la negociación. Pero objetivamente el nombramiento produce exactamente esos tres efectos y proporciona un precedente para otros derrotados inconformes.
Tatiana no quiere premio todavía
Nuevo León presenta una rebelión diferente. Tatiana Clouthier no solamente cuestionó el resultado que convirtió a Clara Luz Flores en coordinadora; acusó a Morena de traicionar principios fundamentales.
Clouthier sostuvo que la decisión violentó valores de honestidad e integridad y respondió creando Todos con Conciencia, una organización propia que, según ella, no pretende obtener cargos públicos.
La reacción llegó hasta Palacio Nacional. Sheinbaum evitó intervenir en candidaturas, pero recomendó expresamente a la dirigencia partidista que dialogue con Clouthier y dejó abierta la posibilidad de conversar personalmente con ella.
“Ya que hablen con ella las compañeras de Morena”, dijo la Presidenta, mientras reiteraba su consideración hacia quien fue secretaria de Economía y posteriormente integrante de su administración.
La frase revela la dimensión del problema. Tatiana perdió una coordinación, pero conserva nombre, seguidores y capacidad suficiente para construir una organización fuera de la estructura formal de Morena.
Su caso todavía no tiene premio de consolación. Tiene algo políticamente anterior: la instrucción de que alguien encuentre la manera de impedir que la inconformidad termine convirtiéndose en ruptura.
Félix quiere que le enseñen la otra encuesta
Guerrero ofrece una rebelión distinta y quizá más peligrosa porque ocurre en uno de los territorios donde Morena conserva una posición electoral particularmente fuerte.
Beatriz Mojica obtuvo la coordinación estatal. Félix Salgado Macedonio respondió mediante una transmisión en redes sociales exigiendo que Morena muestre una encuesta espejo que, asegura, demostraría su verdadera fuerza política.
Salgado sostiene que esa medición incluyó su nombre y reclama que sea presentada. También advirtió a quienes ya se consideran candidatos que todavía no deberían asumir que aparecerán finalmente en la boleta.
La respuesta presidencial fue considerablemente menos conciliadora que con Tatiana. Sheinbaum defendió nuevamente las encuestas y advirtió que “las ambiciones personales no deben ser motivo de disputa”.
Félix no es cualquier inconforme. Fue candidato de Morena al gobierno guerrerense en 2021 hasta que perdió el registro y su hija Evelyn Salgado terminó sustituyéndolo y ganando.
Ahora vuelve a encontrarse fuera de la candidatura principal, conserva estructura política propia y reclama públicamente una medición que, según su versión, modificaría la fotografía difundida por Morena.
Todavía no sabemos cuál podría ser su eventual salida. Pero el problema pertenece a la misma familia: qué ofrecer a un dirigente con votos suficientes para hacer daño cuando no recibe aquello que quería.
La encuesta produjo más heridos
Los casos no terminan allí. Morena reconoció solicitudes formales de revisión en Baja California, Baja California Sur, Zacatecas y Nayarit después de presentar sus coordinaciones estatales.
Milena Quiroga, exalcaldesa de La Paz, pidió revisar datos técnicos de Baja California Sur e instalar una mesa para aclarar el proceso que favoreció al pevemista Manuel Alejandro Cota.
En Zacatecas, Ulises Mejía solicitó revisar metodología y bases después de perder frente a Verónica Díaz. Morena permitió revisar datos, muestras e incluso audios de entrevistas.
El resultado oficial otorgó 9.75 puntos a Díaz y apenas 0.25 a Mejía, aunque algunas variables individuales mostraron diferencias considerablemente menores que esa contundencia aparente del marcador final.
En Baja California, Ismael Burgueño recibió 0.25 puntos frente a 9.75 de Julieta Ramírez y también estuvo entre quienes solicitaron revisar técnicamente el procedimiento partidista.
Nayarit produjo la paradoja inversa. Héctor Santana ganó la encuesta, pero la aplicación del criterio de paridad trasladó la coordinación a Jasmine Bugarín, del Partido Verde.
Santana aceptó públicamente la decisión. Precisamente por eso su caso muestra la otra herramienta disponible para Morena: no todos los derrotados requieren compensación cuando disciplina y expectativa futura bastan.
Sonora guarda otra inconformidad potencial
Sonora merece especial vigilancia. Lorenia Valles obtuvo 7.75 puntos contra 2.25 de Célida López, pero la lectura detallada muestra una competencia bastante menos desigual.
Célida resultó más conocida y superó a Valles en intención de voto, mientras la coordinadora ganó otros atributos que, bajo la ponderación partidista, terminaron otorgándole una ventaja amplia.
Eso no invalida la metodología. Sí demuestra que el marcador final puede ocultar aspirantes derrotados que conservan suficiente reconocimiento, estructura y votos para complicar una campaña estatal.
Ahí está el verdadero inventario que Morena deberá administrar durante los próximos meses: no solamente quienes ganaron o perdieron, sino cuánto poder conserva cada perdedor después de perder.
La unidad también tiene presupuesto político
Todo partido competitivo enfrenta ese problema. Gobernaturas hay pocas; aspirantes sobran. La diferencia es que Morena llega a 2027 como fuerza dominante y concentra dentro muchas carreras políticas.
Cuando un partido pequeño pierde una interna, el derrotado tiene menos destinos disponibles. Morena posee senadurías, diputaciones, alcaldías, estructuras partidistas, gobiernos y otras candidaturas donde acomodar expectativas.
Eso no significa que vaya a repartir cargos como indemnizaciones ni que cada inconforme vaya a recibir uno. Hasta ahora sólo Andrea ofrece un ejemplo especialmente claro para plantearlo.
Pero su designación instala un precedente difícil de ignorar: perder una encuesta estatal no necesariamente significa terminar la competencia; puede significar cambiar de ventanilla dentro del mismo partido.
La fórmula también tiene riesgos. Si quien acepta una derrota descubre que otro obtuvo inmediatamente una posición por inconformarse, la disciplina deja de ser premiada y comienza a parecer ingenuidad.
Morena podría entonces crear exactamente el incentivo contrario al buscado: protestar después de perder, demostrar capacidad de daño y esperar que la dirigencia encuentre una salida suficientemente atractiva.
Tatiana ya construyó movimiento propio. Félix exige otra encuesta. Milena pidió revisión. Ulises cuestionó metodología. Otros derrotados conservan estructuras que serán necesarias cuando llegue la campaña.
La dirigencia insiste en que las encuestas resolvieron democráticamente las candidaturas. Puede tener razón y aun así enfrentar un problema que ninguna encuesta estaba diseñada para resolver.
Las mediciones sirven para escoger a uno.
La política comienza cuando hay que decidir qué hacer con todos los demás.
Andrea Chávez ya conoce una respuesta. Perdió Chihuahua y recibió Ciudad Juárez.
Los siguientes premios de consolación morenista, si llegan, permitirán saber si aquello fue una excepción o el comienzo de un método.

