La MUST CAPRA eliminó pedales, cadena y transmisión para quedarse únicamente con la parte divertida: se carga montaña arriba en una mochila, se despliega en la cima y sirve para bajar.
Alguien observó una bicicleta y llegó a una conclusión que probablemente ofenderá a varias generaciones de ciclistas: sobran los pedales.
El resultado se llama MUST CAPRA Adventure Bike.
Tiene dos ruedas, manubrio, frenos, suspensión delantera y trasera y aspecto de pequeña bicicleta de montaña. Pero no tiene cadena, cambios, platos, desviador ni, por supuesto, pedales.
No es un olvido. Es el juguete.
La CAPRA fue concebida alrededor de una instrucción deliciosamente absurda: sube caminando y baja rodando.
Para utilizarla hay que plegarla, sujetarla a una mochila diseñada específicamente para ella y comenzar a caminar montaña arriba. Al llegar a la cima, se despliega y lo que durante el ascenso era equipaje se convierte en una pequeña máquina de descenso.
Así que tenemos una bicicleta que exige cargarla precisamente cuando las bicicletas normalmente nos cargan a nosotros.
El descubrimiento estuvo en quitar
La historia comenzó con una petición: fabricar algo suficientemente pequeño y ligero para transportarse en una mochila, pero capaz de convertirse después en una bicicleta para bajar por la montaña.
El primer experimento fue un cuadro rígido de acero.
Y entonces apareció la rareza.
Probaron a utilizarlo sin pedales y descubrieron que aquello que parecía una carencia podía convertirse en la idea completa.
La versión presentada este septiembre en Bespoked Dresden llevó el experimento más lejos: doble suspensión, ruedas de 20 pulgadas, geometría orientada al descenso y un sistema en el que bicicleta, plegado, mochila y distribución del peso fueron concebidos conjuntamente.
CAPRA queda así en un territorio fronterizo entre bicicleta de montaña, senderismo y montañismo.
Durante la subida eres excursionista.
En la cima haces unos cuantos movimientos.
Y de pronto eres ciclista.
¿Pero no sería mejor ponerle pedales?
Seguramente, si el objetivo fuera fabricar una bicicleta más práctica.
Pero entonces dejaría de existir CAPRA.
Su encanto está precisamente en aceptar una limitación absurda y construir todo alrededor de ella. No pretende solucionar cómo subir una montaña en bicicleta. Decidió que ése ya no era problema de la bicicleta.
Las piernas hacen la subida.
La gravedad hace la bajada.
Y CAPRA aparece solamente para la segunda mitad del trato.
Todavía faltan preguntas importantes. No existen pruebas independientes suficientes para saber cómo se comporta realmente en una montaña, ni datos públicos sólidos sobre precio o disponibilidad que permitan determinar si estamos ante un futuro producto comercial o un maravilloso objeto de nicho.
Por ahora basta con contemplar la idea.
Durante más de un siglo hemos intentado construir bicicletas que pedaleen cada vez mejor.
A alguien finalmente se le ocurrió mejorar una quitándole los pedales.
