Un grupo de artistas escaneó espacios, grabó sonidos y convirtió fragmentos de Oaxaca en información digital. El resultado no pretende copiar el territorio: intenta descubrir qué queda cuando un lugar se vuelve memoria.
Hay una manera bastante sencilla de llevarse Oaxaca: comprar algo, tomar una fotografía o guardar una piedra que probablemente debimos dejar exactamente donde estaba.
F3 STUDIO decidió probar un método considerablemente más extraño. Sacó escáneres, cámaras y grabadoras para capturar fragmentos del territorio y convertirlos en información digital.
El resultado se llama “Memorias Orgánicas Oaxaca”, instalación audiovisual inmersiva actualmente presentada en la Galería Manuel Felguérez del Centro Multimedia, dentro del Centro Nacional de las Artes.
Sus autores son F3 STUDIO, Gabriela Reyes —Cero Tres— y Jorge Flores —FRQNXY—. Su materia prima comienza donde normalmente terminaría nuestra fotografía turística.
Ellos registran formas, superficies, sonidos y atmósferas mediante escaneo tridimensional, fotogrametría y grabaciones de audio para construir después composiciones audiovisuales generativas. CENART
La fotogrametría parece magia hasta que alguien explica el truco. Muchas fotografías tomadas desde distintos ángulos permiten calcular posiciones y reconstruir digitalmente superficies y objetos tridimensionales.
El escaneo 3D hace algo parecido utilizando otra clase de mediciones: convierte aquello que encuentra enfrente en cantidades enormes de coordenadas ubicadas dentro del espacio.
El resultado inicial puede parecer una nube.
Una nube de puntos.
Miles o millones de pequeñas posiciones que, juntas, comienzan a insinuar nuevamente una pared, una piedra, una calle o cualquier superficie registrada.
Una fotografía que puedes rodear
Pero “Memorias Orgánicas” no pretende construir un Google Maps artístico de Oaxaca ni fabricar una copia digital donde podamos pasear sin comprar boleto de autobús.
Los propios creadores establecen una diferencia fundamental: aquello recopilado no funciona como registro científico ni como documentación exacta del territorio. CENART
Los datos son desmontados, reinterpretados y transformados.
Texturas, sonidos y formas dejan de obedecer completamente al lugar original y empiezan a producir imágenes abstractas capaces de mutar mediante sistemas generativos.
Entonces aparece la pregunta interesante.
Si quitamos una calle, pero conservamos su forma; eliminamos un paisaje, pero guardamos su sonido; desaparece un edificio, pero permanecen millones de coordenadas, ¿qué sobrevivió realmente?
Probablemente no Oaxaca.
Sobrevivió una memoria de Oaxaca.
Y eso explica el nombre de un proyecto que no comenzó aquí. “Memorias Orgánicas” funciona como archivo vivo, acumulando capítulos realizados también en Ciudad de México y París. cmm.cenart.gob.mx
Cada territorio aporta información diferente, pero la tecnología permite observar una coincidencia universal: los lugares no son solamente aquello que está físicamente construido sobre ellos.
También contienen personas, recorridos, sonidos, recuerdos y experiencias.
Una computadora puede registrar perfectamente la distancia entre dos paredes. Mucho más difícil resulta explicarle qué ocurrió entre ellas durante treinta años.
Ahí entra el arte.
La exposición puede visitarse gratuitamente, de martes a domingo entre 10:00 y 17:00 horas, en el Centro Multimedia del Cenart, en Río Churubusco 79.
La programación específica mantiene actualmente el 25 de octubre como fecha de cierre. cmm.cenart.gob.mx
Oaxaca continúa donde siempre estuvo.
Pero en una galería de Ciudad de México existe ahora otro Oaxaca hecho de puntos, sonidos, algoritmos, superficies reconstruidas y recuerdos transformados.
No puedes vivir allí.
Tampoco puedes comprar mezcal.
Pero quizá puedas descubrir algo que ningún mapa sabe guardar.
