La jornada laboral comenzará a bajar en enero de 2027 hasta llegar a 40 horas en 2030. Trabajar menos horas semanales no significa automáticamente trabajar solamente cinco días.
La semana laboral de 40 horas ya está en la Constitución mexicana, pero entre sus ocho horas menos quedó escondido un detalle capaz de cambiar las expectativas.
Cuarenta horas semanales no significan necesariamente cinco días de trabajo y dos de descanso. La reforma mantuvo expresamente un mínimo de un descanso por cada seis días trabajados.
La Secretaría del Trabajo volvió a explicarlo ante una pregunta que acompañará la implementación: reducir la jornada semanal y aumentar obligatoriamente los días de descanso son cosas jurídicamente distintas.
La Constitución ahora establece dos reglas simultáneas. La jornada llegará a un máximo de 40 horas semanales y deberá existir, por lo menos, un descanso pagado después de seis días trabajados.
Por eso una empresa podría organizar eventualmente las 40 horas en cinco jornadas de ocho horas, pero ésa no es la única distribución posible permitida por el nuevo límite.
También podrían existir horarios repartidos durante seis días, siempre que respeten los máximos legales, descansos, condiciones laborales y las reglas que correspondan a cada jornada.
El primer cambio llegará pronto, aunque todavía no serán 40 horas.
Durante 2026 se mantiene el límite de 48 horas semanales. El 1 de enero de 2027 bajará a 46 horas.
Un año después serán 44. En 2029 caerán a 42 y finalmente, desde el 1 de enero de 2030, el máximo ordinario será de 40 horas semanales.
La reducción tampoco autoriza al patrón a descontar proporcionalmente ocho horas del sueldo. El decreto constitucional prohíbe expresamente disminuir salarios, sueldos o prestaciones como consecuencia del recorte.
Ahí aparece otra manera de medir la reforma: aunque un trabajador conserve exactamente el mismo ingreso semanal, cada hora ordinaria de su trabajo terminará teniendo mayor valor.
Para alguien que actualmente distribuye 48 horas en seis jornadas de ocho, existen distintas maneras hipotéticas de reorganizar el tiempo conforme disminuya el máximo semanal.
En 2027 podrían ser cinco jornadas de ocho horas y otra de seis. También podría acordarse otra distribución compatible con la legislación y las características del centro laboral.
Cuando el límite llegue a 40 horas, una fórmula particularmente sencilla será trabajar ocho horas durante cinco días y descansar dos. Pero la Constitución no obliga a utilizar esa fórmula.
Una empresa podría distribuir las mismas 40 horas entre seis días mediante jornadas menores, siempre dentro de los límites y derechos establecidos por la legislación laboral.
Por eso el segundo descanso dependerá del esquema de distribución de la jornada, los acuerdos aplicables y las condiciones legales correspondientes, no solamente de que aparezca el número 40.
La reforma también conserva derechos que a veces se confunden con la duración semanal: tiempos de comida, prima dominical, vacaciones, días festivos y regulación del trabajo extraordinario.
Y las horas extra tampoco se convierten en horas ordinarias disfrazadas.
La Constitución regula el tiempo extraordinario y establece pagos adicionales cuando, por circunstancias extraordinarias, sea necesario prolongar la jornada. Para menores de 18 años queda prohibido.
El tamaño del cambio tampoco es menor. La Secretaría del Trabajo calcula que más de 13 millones de personas serán beneficiadas por la reducción progresiva.
Datos presentados por la dependencia indican que 36.1 por ciento de los trabajadores ya labora hasta 40 horas semanales, mientras 63.9 por ciento supera actualmente ese umbral.
Dentro de ese segundo grupo hay diferencias enormes: algunos trabajan entre 41 y 48 horas, otros entre 49 y 57 y una proporción todavía supera las 58.
Por eso 2026 funciona como año de preparación. Empresas y centros laborales tienen que reorganizar turnos, horarios y procesos antes de que el reloj comience oficialmente a retroceder.
El Gobierno también ha anunciado un registro electrónico de jornadas para fortalecer la inspección y comprobar cuánto tiempo se trabaja realmente, no solamente cuánto aparece escrito en el contrato.
La reforma cambia así una cifra que permaneció durante décadas asociada a la vida laboral mexicana: las 48 horas.
Pero no convierte automáticamente el sábado en domingo.
En 2030 México tendrá constitucionalmente una semana laboral máxima de 40 horas. Que esas horas quepan en cinco días dependerá de cómo se distribuya cada jornada.
