Gaming Fest 2026 convertirá el Centro Banamex en un enorme territorio de videojuegos, competencias y experiencias digitales. Del 9 al 11 de octubre, la pantalla dejará de ser suficiente.
Durante décadas, el videojuego tuvo una dirección bastante precisa: estaba dentro del televisor, la computadora o una pequeña consola que podíamos llevar en el bolsillo.
Después comenzaron a aparecer torneos multitudinarios, simuladores, realidad virtual y comunidades capaces de llenar recintos donde antes solamente encontrábamos exposiciones comerciales o conciertos multitudinarios.
Gaming Fest 2026 llevará esa transformación al Centro Banamex de Ciudad de México, donde ocupará 13 mil metros cuadrados durante tres días, del 9 al 11 de octubre.
La propuesta reúne estaciones de juego, competencias, experiencias tecnológicas y actividades relacionadas con una industria que dejó de necesitar exclusivamente una pantalla para reunir físicamente a sus seguidores.
Trece mil metros cuadrados para mover los pulgares
La dimensión del encuentro resulta interesante porque convierte una actividad frecuentemente asociada con permanecer sentado en una experiencia que también exige caminar, explorar y encontrarse.
En lugar de entrar a un único videojuego, los asistentes recorrerán espacios dedicados a distintas formas de entretenimiento digital, desde competencias hasta experiencias con tecnologías inmersivas.
El programa anunciado contempla videojuegos, arcades, realidad virtual, torneos y cosplay, una combinación que permite observar distintas generaciones de entretenimiento compartiendo prácticamente el mismo espacio.
Una máquina arcade representa una manera de jugar anterior a las conexiones permanentes, mientras las experiencias inmersivas buscan que el cuerpo participe más directamente en entornos digitales.
Entre ambos extremos aparece buena parte de la historia reciente del entretenimiento electrónico, desde controles físicos hasta experiencias donde mirar y desplazarse forman parte del funcionamiento.
El jugador también quiere público
Los videojuegos poseen una característica que los distingue de otros entretenimientos: pueden disfrutarse individualmente, pero también convertirse en espectáculos donde observar resulta casi tan importante como participar.
Las competencias organizadas trasladan habilidades normalmente practicadas frente a una pantalla hacia escenarios donde existen espectadores, rivales identificables y resultados compartidos en tiempo real.
Ese cambio explica parte del atractivo de los encuentros presenciales: quienes se conocen mediante partidas, plataformas y comunidades digitales pueden finalmente encontrarse fuera de ellas.
También permite descubrir algo que las transmisiones no reproducen completamente: el ruido colectivo cuando una partida cambia inesperadamente y cientos de personas reaccionan al mismo tiempo.
El videojuego no abandona su naturaleza digital durante esos encuentros; simplemente añade una dimensión social que transforma la experiencia de participar, competir y observar a otros.
El personaje salió caminando de la consola
El cosplay introduce otra transformación interesante porque permite que personajes nacidos en pantallas aparezcan físicamente entre visitantes, escenarios y máquinas mediante vestuarios elaborados por aficionados.
Lo que comenzó como una representación gráfica puede terminar convertido en telas, armaduras, accesorios y mecanismos construidos cuidadosamente para reproducir detalles reconocibles de universos ficticios.
Ahí también aparece una forma de fabricación artesanal que convive con el entretenimiento digital, aunque sus herramientas principales puedan ser costura, pintura, modelado y paciencia.
La realidad virtual propone el movimiento contrario: en lugar de traer personajes al mundo físico, utiliza dispositivos para introducir nuestra percepción dentro de escenarios construidos digitalmente.
Ambas experiencias terminan compartiendo una misma curiosidad: hasta dónde puede desplazarse la frontera entre aquello que ocurre dentro de una pantalla y lo que experimentamos fuera.
La industria también necesita encontrarse
El encuentro funciona además como escaparate para distintas expresiones del entretenimiento electrónico, desde equipos y experiencias hasta comunidades que sostienen actividades alrededor de los videojuegos.
Su organizador anunció una expectativa superior a 52 mil asistentes durante los tres días, una proyección que deberá contrastarse posteriormente con las cifras efectivamente registradas.
El acceso gratuito también forma parte de la propuesta anunciada, aunque conviene revisar previamente los mecanismos de registro y las condiciones correspondientes a cada actividad.
Para quienes solamente conocen los videojuegos mediante teléfonos o consolas domésticas, recorrer un encuentro de estas dimensiones permite descubrir cuánto ha crecido su ecosistema.
No todo consiste en comprar equipos o perseguir novedades. También hay espacio para observar competencias, reconocer personajes y experimentar tecnologías que normalmente permanecen lejos del hogar.
La pantalla sigue ahí, pero ya no alcanza
Lo curioso es que ninguna de estas experiencias significa que el videojuego haya dejado de depender de pantallas, procesadores, controles o sistemas capaces de producir imágenes digitales.
La transformación ocurre alrededor: aquello que antes cabía dentro de una habitación ahora puede convocar comunidades, llenar escenarios y necesitar miles de metros cuadrados para reunirse.
Gaming Fest ocupará el Centro Banamex desde el viernes 9 hasta el domingo 11 de octubre, con actividades pensadas para diferentes formas de acercarse al entretenimiento electrónico.
Al final, probablemente nadie necesite trece mil metros cuadrados para terminar una partida, desbloquear un personaje o descubrir cómo funciona un control de videojuegos.
Pero cuando miles de personas quieren hacerlo juntas, aquella pequeña pantalla doméstica comienza a quedarse sorprendentemente corta.
