Tiene calles de comida, juegos mecánicos, escenarios, luces y habitantes que llegan por miles. Las Fiestas de Octubre levantan durante un mes una ciudad que después vuelve a desaparecer.
Durante once meses existe un espacio de Guadalajara sin enormes ruedas girando, montañas rusas iluminadas ni decenas de puestos intentando vender la cena simultáneamente.
Entonces llega octubre y aparecen estructuras, escenarios, cables, cocinas, taquillas, juegos, anuncios y suficientes luces para conseguir que la noche parezca considerablemente menos nocturna.
Las Fiestas de Octubre comenzaron este viernes y permanecerán hasta el 2 de noviembre, convirtiendo durante un mes su recinto principal en otra pequeña ciudad.
Tiene calles, restaurantes, transporte, seguridad, espectáculos, comercio, electricidad y una población flotante que llega por la tarde, ocupa temporalmente el territorio y después regresa.
Lo extraordinario es que casi todo aquello que parece formar parte del paisaje durante octubre tendrá que desaparecer nuevamente cuando termine la última función.
Una ciudad llega guardada en camiones
Una feria no aparece por generación espontánea: sus juegos llegan desmontados y requieren estructuras, motores, plataformas, instalaciones eléctricas y trabajadores capaces de ensamblarlos correctamente.
Los puestos necesitan energía, iluminación, agua o gas según aquello que preparen, mientras los escenarios requieren sonido, pantallas, camerinos y una infraestructura invisible para los visitantes.
Hasta la entrada monumental necesita proyecto propio, porque los documentos oficiales de esta edición contemplan expresamente su diseño, fabricación, traslado, montaje y posterior desmontaje.
Es decir, hasta la puerta de esta pequeña ciudad tiene fecha de caducidad y terminará separada nuevamente en componentes cuando noviembre devuelva el terreno.
Otros contratos públicos contemplan incluso instalación, operación y desmontaje de megapantallas y tótems digitales, confirmando hasta qué punto la feria funciona mediante arquitectura deliberadamente temporal.
Quizá por eso una feria provoca una sensación diferente de cualquier parque permanente: disfrutamos sus luces sabiendo que dentro de algunas semanas dejarán de estar ahí.
Guadalajara lleva construyéndola desde 1965
Las Fiestas de Octubre nacieron en 1965, cuando el gobernador Francisco Medina Ascencio propuso organizar una celebración que diera renombre a Guadalajara y atrajera visitantes.
Su primer escenario fue el Parque Agua Azul, uno de los espacios recreativos tradicionales de la ciudad, mucho antes de consolidarse alrededor del Auditorio Benito Juárez.
Durante seis décadas la celebración incorporó espectáculos, gastronomía, actividades culturales, juegos, comercio y entretenimiento hasta convertirse en una de las grandes tradiciones populares de Jalisco.
La edición 2026 representa la número 61 y nuevamente transforma durante un mes una parte de la zona metropolitana mediante escenarios, atracciones y programación prácticamente cotidiana.
Cada edición funciona también como pequeña cápsula de su época porque cambian artistas, juegos, alimentos, tecnologías, maneras de pagar y hasta formas de fotografiarse.
Pero algunas necesidades humanas permanecen maravillosamente intactas: subir muy alto, comer algo, escuchar música, ganar premios improbables y descubrir cuánto mareo soporta razonablemente nuestro estómago.
También permanece ese extraordinario negocio ferial de gastar varios intentos tratando de ganar un peluche cuyo precio posiblemente habría resultado considerablemente menor comprándolo directamente.
Este domingo la ciudad es de los niños
La edición apenas comenzó: el viernes abrió con lucha libre AAA, el sábado recibió a Ha*Ash y este domingo el Foro Principal tendrá a Picus.
Después continuará una programación donde aparecen Gloria Trevi, Kenia OS, Reik, Beto Cuevas, Caloncho, Farruko, Manuel Turizo, El Tri y Carlos Rivera.
Pero describir las Fiestas de Octubre únicamente mediante sus conciertos sería aproximadamente como intentar explicar Guadalajara mencionando solamente aquello que ocurre dentro de sus teatros.
Afuera permanece otra función, protagonizada por familias caminando entre luces, vendedores, cocinas, juegos mecánicos, premios enormes y niños negociando desesperadamente una última oportunidad.
Una rueda gira lentamente mientras otra máquina parece investigar cuántas vueltas consecutivas necesita un ser humano para reconsiderar todas las decisiones tomadas durante su vida.
Los teléfonos intentan conservar aquello que precisamente resulta atractivo porque desaparecerá, mientras familias completas fabrican recuerdos dentro de una ciudad construida expresamente para ser provisional.
Las Fiestas de Octubre terminarán el 2 de noviembre y entonces comenzará un espectáculo completamente diferente que prácticamente ningún visitante compra boleto para observar.
Se apagarán luces, llegarán trabajadores y camiones, desaparecerán escenarios y atracciones, mientras aquella pequeña ciudad empieza lentamente a encogerse hasta abandonar nuevamente el terreno.
Después Guadalajara continuará normalmente durante once meses, hasta que regresen tráileres, estructuras, cables, cocinas y trabajadores dispuestos a levantar otra ciudad desde absolutamente cero.
Quizá ése sea el verdadero juego mecánico de las Fiestas de Octubre: una ciudad completa que aparece, gira durante un mes y finalmente vuelve a guardarse.
