Una iniciativa quiere incorporar expresamente la diversidad corporal entre las causas protegidas frente a la discriminación. La Constitución ya menciona apariencia física, pero ahora pretenden escribir con mayor claridad que peso, talla, estatura o complexión tampoco justifican excluir derechos.
La Constitución de la Ciudad de México ya protege religión, género, edad, origen, apariencia física, orientación sexual y muchas otras características que jamás deberían reducir derechos.
Ahora alguien quiere meter también el cuerpo.
La diputada Jannete Elizabeth Guerrero, del PT, propuso incorporar expresamente la “diversidad corporal” al artículo cuarto de la Constitución capitalina, dedicado a igualdad y discriminación.
La intención es que diferencias de peso, talla, estatura, complexión o forma corporal queden reconocidas explícitamente dentro de aquello que ninguna autoridad debería convertir en desventaja.
Parece una precisión pequeña, especialmente porque el texto constitucional vigente ya incluye la apariencia física entre las causas por las cuales está prohibido discriminar.
Pero ahí está justamente la discusión.
“Apariencia física” puede abarcar muchísimas características; “diversidad corporal” colocaría directamente tamaño y forma del cuerpo dentro del lenguaje constitucional de la ciudad.
Eso podría resultar relevante cuando la discriminación aparece detrás de argumentos aparentemente neutrales: contratación, uniformes, mobiliario, atención médica, burlas escolares o prestación de servicios.
La iniciativa menciona ejemplos bastante cotidianos: alguien rechazado laboralmente por su peso o considerado indisciplinado, incapaz o poco profesional únicamente debido a su cuerpo.
También señala consultas médicas donde cualquier problema termina atribuido automáticamente al peso, incluso antes de realizar una valoración integral de otras posibles causas clínicas.
El asunto, sin embargo, no empieza jurídicamente desde cero.
La Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México ya reconoce la apariencia física entre los motivos protegidos contra tratos desiguales.
COPRED también ha trabajado durante años la gordofobia como fenómeno discriminatorio y documentado sus efectos en ámbitos como trabajo, educación, salud, transporte y espacio público.
Por eso aprobar la reforma no crearía repentinamente el derecho a no ser discriminado por tener determinado cuerpo: ese derecho ya existe bajo disposiciones más amplias.
Tampoco convertiría automáticamente una burla sobre el peso en delito, ni establecería multas nuevas solamente por incorporar dos palabras adicionales dentro del texto constitucional capitalino.
Su efecto sería principalmente de reconocimiento explícito, interpretación jurídica y orientación para políticas públicas destinadas a combatir una forma concreta de discriminación ya contemplada indirectamente.
Guerrero presentó además una propuesta equivalente para reformar la Constitución federal, aunque esa decisión correspondería al Congreso de la Unión y posteriormente al procedimiento constitucional nacional.
Una tercera iniciativa plantea declarar cada 6 de mayo como Día de la Erradicación de la Gordofobia y el Gordoodio en la Ciudad de México.
Las tres propuestas apenas comienzan su recorrido legislativo y fueron enviadas a comisiones, así que ninguna ha modificado todavía leyes ni Constitución alguna.
Pero dejan una pregunta interesante sobre una ciudad que lleva años ampliando el vocabulario utilizado para describir las distintas maneras en que alguien puede ser discriminado.
Quizá el cuerpo ya estaba jurídicamente adentro.
Lo que quieren ahora es ponerle su nombre en la puerta.
