La Secretaría de Cultura destinará 50 millones de pesos a adquirir nuevos títulos para la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Paco Ignacio Taibo II asegura que llevaba una década sin realizarse una compra semejante. La convocatoria sale el 21 de septiembre. El regreso importa, aunque los números muestran también el tamaño del abandono: México tiene 7,476 bibliotecas registradas y un acervo de más de 46 millones de volúmenes.
México volverá a comprar libros para sus bibliotecas públicas.
No algunos ejemplares obtenidos mediante donaciones ni adquisiciones aisladas. El Gobierno federal prepara una compra masiva destinada a renovar los acervos de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.
El miércoles 9 de septiembre, en las oficinas del Instituto Mexicano de Cinematografía, en la Ciudad de México, la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, y el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, anunciaron que destinarán 50 millones de pesos del presupuesto de 2026 para adquirir libros.
Taibo II puso una cifra más sorprendente sobre la mesa: dijo que desde hace diez años las bibliotecas no compraban libros.
La afirmación requiere una precisión.
Eso no significa que durante una década no haya entrado un solo libro nuevo a las bibliotecas mexicanas. Existen donaciones, adquisiciones estatales y municipales, entregas institucionales y otros mecanismos.
Lo que ahora regresa es una compra federal masiva para renovar los acervos de la Red Nacional.
Y después de diez años, 50 millones de pesos parecen mucho.
Hasta que se abre el mapa.
7,476 bibliotecas
La Dirección General de Bibliotecas registra actualmente 7,476 bibliotecas públicas en México.
De ellas, alrededor de 6,468 aparecen abiertas y poco más de mil cerradas.
La red incluye bibliotecas municipales, regionales, institucionales, centrales estatales, recintos de las alcaldías de la Ciudad de México y dos bibliotecas federales administradas directamente por la Secretaría de Cultura.
Su acervo supera los 46.5 millones de volúmenes.
Es una infraestructura cultural gigantesca y dispersa.
Por eso dividir simplemente los 50 millones entre las 7,476 bibliotecas sería engañoso: el Gobierno no ha dicho que vaya a entregar la misma cantidad de dinero o ejemplares a cada una.
Pero hacerlo como ejercicio permite entender la magnitud.
Serían aproximadamente 6,700 pesos por biblioteca.
¿Cuántos libros son 50 millones?
Todavía no lo sabemos.
La convocatoria para las editoriales será publicada el 21 de septiembre y hasta conocer precios, descuentos, número de títulos y ejemplares solicitados será imposible establecer cuántos libros terminarán en los anaqueles.
Pero pueden construirse escenarios.
Si el precio promedio pagado por el Gobierno fuera de 200 pesos por ejemplar, podrían adquirirse aproximadamente 250 mil libros.
A 250 pesos serían unos 200 mil.
A 300 pesos, alrededor de 167 mil.
No son proyecciones oficiales.
Sirven para dimensionar.
Incluso en el escenario de 250 mil ejemplares, si todos fueran distribuidos uniformemente entre las 7,476 bibliotecas —algo que tampoco ocurrirá necesariamente— resultarían unos 33 libros nuevos por biblioteca.
La operación no va a renovar por sí sola los acervos mexicanos.
Pero puede volver a ponerlos en movimiento.
Primero habrá que escogerlos
La compra tendrá además una característica relevante.
La convocatoria estará orientada principalmente a editoriales mexicanas independientes, pequeñas y medianas.
Eso convierte los mismos 50 millones en dos políticas públicas simultáneas.
Una es bibliotecaria: poner nuevos libros al alcance de lectores.
La otra es editorial: utilizar la capacidad de compra del Estado para colocar recursos en una industria donde las empresas pequeñas tienen dificultades para competir con los grandes grupos y llegar a todo el territorio nacional.
Y ahí aparece una decisión particularmente delicada.
¿Quién escogerá los libros?
La selección determinará qué autores, géneros, editoriales y temas llegarán simultáneamente a bibliotecas de todo el país.
La convocatoria deberá permitir conocer los requisitos.
Después habrá que observar el mecanismo de selección.
Porque una compra pública de libros también es una decisión sobre qué diversidad editorial termina disponible para los lectores.

Diez años es mucho tiempo para un anaquel
Una biblioteca puede seguir funcionando mientras su acervo envejece.
No hay un día en que una colección caduque.
Ocurre lentamente.
Un libro de literatura puede conservar su vigencia durante décadas. Una obra clásica, siglos.
Pero un manual tecnológico, un atlas, un libro de ciencia, una obra jurídica o determinados materiales de consulta pueden perder actualidad mucho más rápidamente.
Por eso medir la salud de una biblioteca exclusivamente por el número de volúmenes también engaña.
México puede tener más de 46 millones de ejemplares y necesitar urgentemente libros nuevos.
El tamaño del acervo dice cuántos hay.
No necesariamente qué tan actualizados están.
También hay mil bibliotecas cerradas
La propia numeralia oficial introduce otra incomodidad.
De las 7,476 bibliotecas registradas en la Red Nacional, alrededor de mil aparecen cerradas en el directorio de la Dirección General de Bibliotecas.
Ese dato ayuda a colocar la compra en contexto.
Los libros son solamente una parte del problema.
Una biblioteca necesita edificio, personal, mantenimiento, electricidad, mobiliario, conectividad y horarios suficientes para que alguien pueda entrar a leerlos.
Los 50 millones anunciados son para adquisición de acervo.
No deben confundirse con el presupuesto total destinado a sostener la red.
El propio Gobierno reconoce esa otra dimensión: para el vigésimo aniversario de la Biblioteca Vasconcelos destinó cerca de 14 millones de pesos a rehabilitación, mantenimiento y mejoras de conectividad.
Comprar libros y mantener abierta una biblioteca son dos políticas diferentes.
Y hacen falta ambas.
El regreso forma parte de algo mayor
El anuncio tampoco llegó aislado.
Curiel y Taibo presentaron un paquete más amplio para intentar fortalecer el ecosistema mexicano del libro.
El Gobierno incorporó al Paquete Económico 2027 una propuesta para aplicar tasa cero a pequeñas y medianas librerías mexicanas.
Cultura estima que, si el Congreso la aprueba, el beneficio fiscal para el sector podría situarse entre 200 y 250 millones de pesos anuales.
Para 2027 también se plantea fortalecer el apoyo a ferias estatales del libro.
La lógica oficial es conectar los distintos extremos de la cadena: quien publica, quien distribuye, quien vende, quien conserva y quien lee.
Los 50 millones para bibliotecas son una pieza de esa estrategia.
El dato que falta
Hay una cifra que todavía no conocemos y que terminará determinando el alcance real del anuncio.
Cuántos libros se comprarán.
Después vendrán otras.
Cuántos títulos.
Cuántos ejemplares de cada uno.
Qué editoriales fueron seleccionadas.
A qué bibliotecas llegarán.
Con qué criterios se distribuirán.
Y cuánto tiempo pasará antes de la siguiente adquisición.
Porque ése puede ser el dato decisivo.
Si Paco Ignacio Taibo II tiene razón y la Red Nacional pasó una década sin una compra masiva de esta naturaleza, el problema no fueron únicamente los 50 millones que ahora aparecen.
Fueron los años en que no aparecieron.
La compra anunciada puede colocar miles de libros nuevos en circulación.
Lo que todavía no sabemos es si estamos ante una operación extraordinaria o ante el regreso de una política permanente de actualización de acervos.
La diferencia no es pequeña.
Una biblioteca no envejece solamente cuando se deteriora el edificio.
También envejece cuando durante años deja de llegar el siguiente libro.
