Una experiencia de cine expandido llega este sábado al Planetario Luis Enrique Erro. En lugar de ocultar los trucos de la proyección, los artistas los convierten en protagonistas.
El cine lleva más de un siglo intentando convencernos de que las imágenes se mueven solas, aunque detrás siempre exista alguna máquina trabajando discretamente.
Este sábado 10 de octubre, el Planetario Luis Enrique Erro recibirá una propuesta que hace exactamente lo contrario: mostrar cómo se construye una experiencia cinematográfica.
Se llama Umbral Expandido: El sexto sol y reúne procedimientos analógicos, imágenes, sonidos y acciones realizadas durante la presentación, en una experiencia distinta de una función convencional.
Participan Elena Pardo, Azucena Losana, Jael Jacobo y Fernando Vigueras, artistas vinculados con la experimentación audiovisual y las posibilidades expresivas de los dispositivos cinematográficos.
La actividad está anunciada para las 10:00 y las 12:00 horas, dentro de una colaboración relacionada con FICUNAM y CulturaUNAM, en instalaciones del Instituto Politécnico Nacional.
El proyector también quiere aparecer en pantalla
En una sala tradicional, el espectador suele permanecer sentado frente a una pantalla mientras los mecanismos encargados de producir imágenes funcionan fuera de su atención.
El cine expandido modifica esa relación cuando incorpora procedimientos, espacios y acciones que pueden transformar la proyección en una experiencia artística más amplia y abierta.
En lugar de considerar el dispositivo cinematográfico como una herramienta invisible, estas propuestas permiten explorar sus posibilidades materiales, sonoras y visuales durante la propia presentación.
Eso puede incluir intervenciones realizadas en tiempo real, combinaciones de soportes y relaciones distintas entre quienes producen las imágenes y las personas que las observan.
La película deja entonces de ser únicamente una secuencia terminada y puede convertirse en un acontecimiento cuya forma depende también de aquello que sucede durante la exhibición.
La imagen todavía tiene manos
Antes de que las plataformas digitales convirtieran las películas en archivos disponibles mediante una pantalla, el cine dependía de materiales físicos y mecanismos de proyección.
Las películas fotoquímicas, los proyectores y las técnicas de montaje permitían construir imágenes en movimiento mediante procedimientos que hoy pueden parecer extraordinariamente artesanales para nuevos espectadores.
El cine experimental conserva y transforma parte de esas posibilidades, no necesariamente por nostalgia, sino porque cada soporte ofrece características visuales y materiales diferentes.
Una imagen intervenida físicamente puede producir texturas, irregularidades y accidentes que forman parte de su lenguaje, mientras el sonido introduce otra dimensión de percepción.
Lo interesante aparece cuando esos procedimientos dejan de ocultarse y se convierten en elementos visibles de una obra que también permite observar cómo está siendo producida.
El planetario cambia de universo
El Planetario Luis Enrique Erro suele asociarse con estrellas, galaxias y representaciones del espacio, pero también puede funcionar como escenario para experiencias audiovisuales experimentales.
Su relación habitual con la proyección de imágenes permite establecer un diálogo interesante entre las tecnologías utilizadas para representar el universo y aquellas que construyen cine.
En ambos casos, la experiencia depende de dispositivos capaces de transformar información, luz y sonido en representaciones que amplían aquello que podemos percibir directamente.
Sin embargo, una presentación de cine expandido no debe confundirse automáticamente con una película astronómica ni con una proyección diseñada específicamente para explicar fenómenos espaciales.
El atractivo de El sexto sol está en la exploración del lenguaje audiovisual, sus procedimientos y las relaciones que pueden establecerse entre imagen, sonido y espacio.
Una función que también sucede frente al público
El programa reúne a cuatro participantes cuyas intervenciones forman parte de una propuesta colectiva, aunque no corresponde atribuir funciones técnicas específicas sin consultar la descripción completa.
La experiencia se presenta como una combinación de recursos analógicos y acciones performáticas, elementos que pueden modificar nuestra idea habitual de asistir a una función cinematográfica.
En el cine convencional esperamos que la película comience, avance y termine mientras permanecemos atentos a una historia organizada previamente mediante imágenes y sonidos.
Aquí el interés también puede concentrarse en los procedimientos que generan esas imágenes, así como en las relaciones que surgen durante la presentación artística.
No se trata de demostrar que una tecnología antigua sea necesariamente superior a las herramientas digitales, sino de explorar posibilidades expresivas que ambas pueden ofrecer.
Dos oportunidades para ver los trucos
Las presentaciones están anunciadas para el sábado 10 de octubre, a las 10:00 y 12:00 horas, en el Planetario Luis Enrique Erro de Ciudad de México.
El recinto pertenece al Instituto Politécnico Nacional y se encuentra en la zona de Zacatenco, al norte de la capital, dentro de su complejo institucional.
Antes de acudir conviene confirmar directamente las condiciones de ingreso, porque la información disponible no permite establecer con suficiente certeza el costo ni posibles requisitos de registro.
La actividad puede resultar atractiva para quienes disfrutan el cine, la fotografía, las artes visuales o simplemente quieren descubrir cómo funcionan experiencias audiovisuales diferentes.
También ofrece una oportunidad para observar que las imágenes no aparecen por generación espontánea, aunque las pantallas contemporáneas hagan cada vez más sencillo olvidar sus mecanismos.
La magia no desaparece cuando conocemos el truco
El cine suele esconder sus procedimientos para concentrar nuestra atención en los personajes, los paisajes y los acontecimientos que aparecen dentro de la pantalla.
El cine expandido propone una relación diferente cuando convierte esos procedimientos en parte de la experiencia y permite que el dispositivo también participe en la narración.
Conocer cómo se produce una imagen no necesariamente destruye su capacidad de sorprendernos, porque puede revelar decisiones artísticas y posibilidades técnicas que antes permanecían invisibles.
Quizá después de asistir a una experiencia semejante resulte imposible mirar cualquier pantalla sin preguntarnos qué máquinas, materiales y personas están trabajando detrás de ella.
Y ese podría ser el descubrimiento más interesante: comprobar que el cine todavía puede sorprendernos incluso cuando decide enseñarnos cómo fabrica sus propios trucos.
