Clara Brugada quiere establecer en la ciudad lugares de descanso para repartidores como en Nueva York
La Ciudad de México quiere adaptar el modelo neoyorquino de estaciones para repartidores: espacios con baño, descanso, reparación y recarga de bicicletas eléctricas. Parece poca cosa hasta recordar que para miles de trabajadores su oficina es la calle y su silla, muchas veces, la moto.
El repartidor de plataforma tiene una oficina bastante grande: toda la Ciudad de México. El problema es que prácticamente no tiene dónde sentarse dentro de ella.
Entre pedido y pedido aparecen las banquetas, jardineras, estacionamientos, entradas de restaurantes, motocicletas y cualquier pedazo de sombra capaz de convertirse durante unos minutos en sala de descanso.
La CDMX quiere comenzar a cambiarlo mirando hacia Nueva York.
Durante una visita a esa ciudad, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, conoció el modelo de espacios creados específicamente para trabajadores de reparto y anunció este 21 de septiembre que buscará adaptarlo a la capital mexicana.
La idea neoyorquina es sencilla porque parte de necesidades bastante elementales.
Un repartidor necesita sentarse, ir al baño, protegerse de la lluvia o el calor, cargar el teléfono y, cuando utiliza bicicleta eléctrica, disponer de un lugar seguro para recargar la batería.
Nueva York abrió en abril de 2026, junto al City Hall Park, su primer Deliverista Hub diseñado con participación de los propios trabajadores.
El módulo tiene espacios para descanso, reparación de bicicletas, orientación y apoyo, además de gabinetes exteriores para cargar baterías de bicicletas eléctricas durante las 24 horas.
La instalación aprovechó el espacio donde anteriormente funcionaba un puesto de periódicos.
Eso último puede ser tan importante como el enchufe.
El modelo no parte necesariamente de construir grandes instalaciones nuevas, sino de preguntarse qué infraestructura urbana perdió su función original y podría recibir otra. Nueva York había planteado desde 2022 reutilizar quioscos y puestos vacíos para este propósito.
Ahora la pregunta cruza la frontera: ¿cómo sería la versión chilanga?
Brugada habló de espacios con baños, áreas de descanso y posibilidades de recarga. Todavía no se han informado ubicaciones, número de módulos, calendario de construcción ni presupuesto para desarrollar la red capitalina.
Y ahí comienza la parte difícil.
Un refugio para repartidores sirve poco si está lejos de donde esperan los pedidos. Su ubicación tendría que responder a la geografía real de las plataformas: corredores restauranteros, zonas comerciales y puntos donde diariamente se concentran motocicletas y bicicletas.
También habrá que resolver quién paga la infraestructura y quién la mantiene.
Nueva York financió su primer Deliverista Hub con un millón de dólares de recursos federales gestionados por el senador Chuck Schumer y lo desarrolló junto con organizaciones de repartidores y distintas agencias de la ciudad.
No se trata únicamente de comodidad.
Las baterías de bicicletas eléctricas requieren sistemas seguros de recarga y almacenamiento. Un baño disponible también importa: Nueva York incluso reconoce legalmente a los repartidores el derecho a utilizar el sanitario de los establecimientos cuando recogen pedidos, salvo determinadas excepciones de salud o seguridad.
La CDMX tiene ahora sobre la mesa una idea pequeña frente al tamaño de su economía de plataformas.
Pero quizá ésa sea precisamente su virtud.
Durante años, las ciudades aprendieron a convivir con miles de personas recorriendo sus calles para que alguien pudiera tocar una pantalla y recibir comida en la puerta.
Ahora falta una parte bastante elemental de aquella revolución tecnológica.
Encontrar dónde se sienta el repartidor mientras llega el siguiente pedido.
