Foto Secretaría de Cultura
Una instalación del Centro de Cultura Digital reúne voces, matemáticas y arte audiovisual para explorar aquello que nuestros ojos no pueden ver. La experiencia puede visitarse gratuitamente hasta el 23 de octubre.
Imagínate escuchar 74 voces humanas mientras una pantalla intenta mostrar algo que nuestros ojos no están preparados para comprender: un universo de cuatro dimensiones.
La experiencia existe en el Centro de Cultura Digital de la Ciudad de México, donde una instalación audiovisual transforma grabaciones humanas en una exploración artística.
Su nombre completo es La canción del eterno universo: Artefactos tecno-espirituales para una escucha siniestra, una creación de la artista Azalea Almazán, conocida como Murakami.
La obra reúne una composición sonora de más de tres horas, imágenes digitales y conceptos matemáticos para investigar relaciones entre percepción, tecnología, memoria y espacio.
El resultado no pretende demostrar que podamos observar físicamente una cuarta dimensión espacial, sino proponer una experiencia sensible alrededor de una idea difícil de imaginar.
El universo tiene una voz bastante concurrida
La materia prima de la instalación son 74 voces, un conjunto de presencias humanas que adquieren una nueva relación cuando participan dentro de una composición extensa.
Cada voz procede de una persona, pero su incorporación a una obra colectiva permite explorar cómo las identidades individuales pueden encontrarse dentro de una experiencia compartida.
La pieza utiliza el sonido como elemento central y lo relaciona con imágenes que buscan traducir conceptos abstractos a formas perceptibles para quienes visitan la instalación.
La duración de la composición también modifica la experiencia, porque supera ampliamente el tiempo que solemos dedicar a escuchar una canción o contemplar una pantalla.
No es necesario confundir esa duración con una obligación de permanecer tres horas frente a la obra: el recorrido del visitante puede tener su propio ritmo.
¿Cómo se dibuja algo que no podemos ver?
Nuestro espacio cotidiano tiene tres dimensiones: altura, anchura y profundidad. Podemos representarlas mediante objetos, dibujos y modelos que reconocemos desde nuestra experiencia física.
Una cuarta dimensión espacial, en cambio, exige trabajar con relaciones geométricas que no podemos observar directamente de la misma manera que una mesa o una habitación.
Las matemáticas permiten describir espacios de más dimensiones, aunque nuestras representaciones visuales suelen necesitar proyecciones y otros recursos para acercarlos a la percepción humana.
La instalación explora ese territorio mediante visualizaciones digitales y una colaboración con el Instituto de Matemáticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Aquí la tecnología no aparece solamente como una herramienta para producir imágenes llamativas, sino como un medio para experimentar con ideas que desafían nuestra intuición.
Las matemáticas también pueden tener oído
La relación entre sonido y geometría no es nueva, pero adquiere posibilidades distintas cuando las herramientas digitales permiten organizar materiales y construir representaciones audiovisuales complejas.
Una composición puede desarrollar estructuras, repeticiones y transformaciones que dialoguen con conceptos matemáticos sin convertirse necesariamente en una explicación académica de esos mismos conceptos.
Por eso conviene distinguir entre la investigación que inspira la obra y aquello que cada visitante experimenta al escuchar sus sonidos y observar sus imágenes.
La instalación pertenece al terreno artístico, donde una pregunta puede permanecer abierta sin que la experiencia tenga que terminar convertida en una respuesta científica.
Su interés está precisamente en acercar dos formas de conocimiento que suelen presentarse separadas: el razonamiento matemático y la exploración de nuestras percepciones.
Una criatura que no cabe dentro de la pantalla
El título de esta historia propone imaginar las 74 voces como una criatura colectiva, aunque esa figura es una metáfora periodística y no una descripción literal.
La instalación permite pensar en un organismo construido mediante presencias sonoras, relaciones matemáticas e imágenes que intentan representar espacios fuera de nuestra experiencia habitual.
Esa combinación plantea una contradicción sugerente: necesitamos tecnología para explorar dimensiones abstractas, pero seguimos utilizando voces humanas para otorgarles una presencia reconocible.
Mientras una visualización puede cambiar de forma y representar relaciones complejas, una voz conserva cualidades que asociamos inmediatamente con alguien que existe fuera de la máquina.
La obra se sitúa justamente en ese encuentro, donde las herramientas digitales permiten reorganizar materiales humanos sin borrar necesariamente su origen ni sus posibilidades expresivas.
Una cita con la cuarta dimensión
La instalación forma parte de la programación del Centro de Cultura Digital y permanecerá abierta hasta el viernes 23 de octubre, de acuerdo con su anuncio institucional.
Este martes 13 de octubre también están previstas dos conversaciones relacionadas con la propuesta, dedicadas a explorar sus vínculos entre arte, sonido y dimensiones espaciales.
La entrada a la instalación es gratuita y el recinto se encuentra bajo la Estela de Luz, sobre Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.
Para asistir a las conversaciones conviene revisar los horarios específicos en la programación oficial, así como cualquier actualización sobre las condiciones de acceso al recinto.
La experiencia ofrece una oportunidad poco habitual: acercarse a una pregunta matemática mediante el sonido y las imágenes, sin necesidad de comenzar resolviendo ecuaciones.
La dimensión que siempre llevamos encima
Podemos construir modelos de espacios que no somos capaces de recorrer y producir imágenes de estructuras que jamás encontraremos directamente en nuestra vida cotidiana.
También podemos grabar una voz y hacer que continúe sonando mucho después de que la persona que la produjo haya abandonado una habitación.
La canción del eterno universo reúne esas posibilidades en una experiencia donde la tecnología sirve para transformar materiales conocidos en relaciones que resultan difíciles de anticipar.
Quizá la cuarta dimensión continúe escapando de nuestra imaginación, pero hay algo que reconocemos incluso cuando aparece rodeado de matemáticas y pantallas: otra persona hablando.
Y tal vez ésa sea la verdadera rareza de esta instalación: para intentar escuchar un universo imposible de ver, primero hubo que reunir 74 voces humanas.
