Las muertes investigadas en Durango y Jalisco obligaron a mirar una estadística mucho mayor
Las muertes investigadas en Durango y Jalisco obligaron a mirar dentro de las terapias intensivas neonatales. México notificó 122 mil 745 infecciones asociadas a la atención durante 2025; 15 mil 364 correspondieron a menores de un año y 4 mil 938 fueron adquiridas en terapia intensiva neonatal. La vigilancia existe, pero las propias autoridades reconocen el riesgo del subregistro. Hace menos de dos años, otro brote alcanzó ocho hospitales de tres estados.
Un bebé entra en terapia intensiva neonatal porque necesita encontrarse en el lugar más seguro que la medicina puede ofrecerle cuando acaba de comenzar su vida.
Allí hay incubadoras, catéteres, ventiladores, medicamentos, enfermeras, neonatólogos y una vigilancia prácticamente permanente. También existe algo imposible de eliminar completamente de cualquier hospital: microorganismos capaces de producir infecciones.
Esa diferencia es fundamental para entender lo ocurrido durante las últimas semanas en Durango y Jalisco sin convertir una tragedia médica en una conclusión epidemiológica apresurada.
Cinco recién nacidos murieron en Durango. Familias de tres bebés fallecidos en Guadalajara denunciaron sus casos. En ambos episodios apareció Klebsiella pneumoniae entre la información investigada.
Hasta ahora, eso no permite afirmar que una misma bacteria haya causado las ocho muertes. Mucho menos que exista un brote nacional conectando ambos hospitales.
Pero las ocho muertes hicieron algo importante.
Obligaron a abrir una puerta que normalmente permanece cerrada para casi todos nosotros: la vigilancia de las infecciones adquiridas mientras una persona está recibiendo atención médica.
Y detrás encontramos números mucho mayores.
122 MIL 745
Durante 2025, la Red Hospitalaria de Vigilancia Epidemiológica recibió 122 mil 745 notificaciones de infecciones asociadas a la atención de la salud, conocidas como IAAS.
No son 122 mil 745 negligencias.
Tampoco 122 mil 745 personas fallecidas.
Una IAAS es una infección que aparece durante la atención sanitaria y que no estaba presente ni incubándose cuando el paciente ingresó.
Puede surgir por múltiples factores y los pacientes sometidos a procedimientos invasivos, inmunológicamente comprometidos o extremadamente vulnerables presentan riesgos particularmente elevados.
Entre todos aquellos reportes de 2025, 15 mil 364 correspondieron a menores de un año.
Y existe otro número mucho más cercano a la tragedia que ahora observamos:
4 mil 938 infecciones fueron adquiridas en terapia intensiva neonatal.
Otra vez debemos separar cuidadosamente las cifras.
Menor de un año no significa recién nacido. Infección tampoco significa muerte. Y adquirir una infección durante una hospitalización no demuestra automáticamente negligencia.
Pero los números derriban una impresión peligrosa.
Las infecciones dentro de las unidades donde México atiende a sus pacientes más pequeños no comenzaron con estos ocho bebés.
Ya estaban siendo contadas.
UNA BACTERIA QUE TAMPOCO ACABA DE LLEGAR
Klebsiella pneumoniae tampoco apareció repentinamente en septiembre.
Forma parte de los microorganismos conocidos por los sistemas hospitalarios y puede provocar infecciones particularmente complicadas en personas vulnerables, especialmente cuando existen cepas resistentes a antibióticos.
Esto importa porque convierte la prevención en una tarea permanente.
México sabe qué debe hacer.
Higiene de manos.
Preparación segura de medicamentos.
Limpieza.
Desinfección.
Esterilización.
Manejo cuidadoso de catéteres.
Vigilancia epidemiológica.
Detección temprana.
La propia Secretaría de Salud ha señalado que la aplicación adecuada de estrategias intrahospitalarias puede prevenir hasta 70 por ciento de las infecciones asociadas con la atención sanitaria.
El dato no significa que 70 por ciento de las infecciones registradas actualmente sean producto de negligencias.
Significa algo distinto y suficientemente serio: una parte considerable del riesgo puede modificarse mediante medidas conocidas de prevención y control.
Por eso una infección hospitalaria nunca debería producir automáticamente una condena.
Pero tampoco debería producir resignación.
GUADALAJARA YA ERA MÁS GRANDE QUE TRES DENUNCIAS
Después de las denuncias de tres familias en Jalisco, el propio IMSS amplió considerablemente el universo que debe investigarse.
En la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital de Gineco Obstetricia del Centro Médico Nacional de Occidente ingresaron 552 bebés durante 2026.
El Instituto reconoció que a lo largo del año fueron detectados y notificados brotes de infecciones hospitalarias dentro de esa unidad.
Reconoció también seis bebés fallecidos en cuyos certificados una infección asociada a la atención aparece entre las causas de muerte.
Eso tampoco significa que la infección haya provocado necesariamente las seis muertes.
Precisamente por eso el IMSS ordenó una auditoría clínica independiente con especialistas externos provenientes de Conamed, Institutos Nacionales de Salud y UNAM.
Tendrán que contestar tres preguntas.
Si hubo infección asociada a la atención.
Si causó o contribuyó al fallecimiento.
Y si existieron fallas que pudieron evitarse.
Son exactamente las preguntas que deberían responderse antes de repartir culpabilidades.
Mientras ocurre, el director del hospital y el jefe de la terapia intensiva neonatal fueron separados temporalmente de sus cargos para evitar interferencias con la investigación.

MÉXICO YA VIVIÓ ALGO PEOR
Hace menos de dos años ocurrió un episodio que explica por qué una infección detectada en un hospital obliga algunas veces a mirar mucho más lejos.
En noviembre de 2024 comenzaron a aparecer infecciones por Klebsiella oxytoca en hospitales del Estado de México.
Era otra especie bacteriana.
No debe confundirse con la Klebsiella pneumoniae investigada actualmente.
Pero el brote de 2024 enseñó una lección que sigue siendo completamente vigente.
Los casos aparecieron después en Michoacán y Guanajuato.
Finalmente fueron ocho hospitales de tres estados.
Murieron 17 menores.
Las investigaciones encontraron una conexión epidemiológica extraordinariamente importante: los hospitales recibían nutrición parenteral procedente del mismo proveedor y una central de mezclas ubicada en Toluca.
Aquello cambió el mapa.
Lo que parecía estar dentro de diferentes hospitales podía tener un punto de encuentro situado fuera de todos ellos.
La cadena dejó de ser solamente paciente, médico y hospital.
Ahora incluía:
hospital, insumo, proveedor, central de mezclas, distribución y otros hospitales.
Cofepris inmovilizó lotes. La Secretaría de Salud emitió alertas. El proveedor fue suspendido mientras avanzaban las investigaciones.
El episodio demostró que dos pacientes separados por cientos de kilómetros pueden compartir algo que ninguno de ellos conoce.
Un insumo.
Un dispositivo.
Un proveedor.
Un procedimiento.
Una bacteria.
EL HOSPITAL QUE REPORTA CERO
Para encontrar esas conexiones existe la vigilancia epidemiológica.
México tiene la Red Hospitalaria de Vigilancia Epidemiológica, RHOVE, que monitorea las infecciones mediante unidades centinela.
Y aquí aparece una de las paradojas más interesantes de toda la investigación.
Cuando hablamos de 122 mil 745 infecciones notificadas durante 2025, no estamos diciendo que ése sea necesariamente el número absoluto de todas las IAAS ocurridas en México.
Estamos hablando de aquellas notificadas dentro del sistema conforme a su universo y metodología de vigilancia.
Por eso existe un enemigo adicional:
el subregistro.
No lo inventamos nosotros.
Los propios instrumentos oficiales lo reconocen.
La metodología de IMSS-Bienestar establece que cuando una tasa de infecciones se encuentra por debajo del valor de referencia deben intensificarse las estrategias de vigilancia para disminuir precisamente esa posibilidad.
Parece una contradicción.
No lo es.
Un hospital que reporta muchas infecciones puede tener un problema de control.
Pero otro que reporta poquísimas puede tener un problema diferente:
no estar encontrándolas.
Una cifra baja solamente es una buena noticia cuando existe suficiente vigilancia para confiar en ella.
Cero puede significar cero infecciones.
También puede significar cero detectadas.
Y ésa es una diferencia capaz de salvar vidas.
ENCONTRAR MÁS PUEDE SER MEJOR
Esta paradoja aparece incluso en la manera como México mide sus objetivos sanitarios.
Mejorar vigilancia puede provocar inicialmente que aumenten las infecciones registradas porque empiezan a aparecer casos que antes no entraban correctamente en las estadísticas.
Eso no significa que encontrar infecciones sea suficiente.
Después hay que reducirlas.
Pero antes de prevenir aquello que ocurre dentro de cientos de hospitales es necesario conseguir verlo.
La vigilancia epidemiológica funciona un poco como encender la luz.
Si al encenderla aparecen más problemas de los que creíamos, apagarla nuevamente no convierte la habitación en un lugar más limpio.
EL IMSS YA ESTABA MIRANDO EL PROBLEMA
Hay una coincidencia temporal que merece atención.
En agosto de 2026, antes de que estos casos ocuparan la conversación pública, el IMSS informó que trabajaba con la Organización Panamericana de la Salud para fortalecer prevención y control de infecciones.
La evaluación revisaba componentes fundamentales de los programas hospitalarios e identificaba oportunidades para fortalecerlos.
Esto no permite afirmar que aquellas revisiones detectaran problemas en Durango o Jalisco.
La información pública disponible no demuestra siquiera que ambos sitios hayan formado parte de las unidades evaluadas.
Pero demuestra algo relevante.
El riesgo estaba institucionalmente identificado antes de la crisis.
Las infecciones asociadas a la atención y los microorganismos resistentes no aparecieron en la agenda del IMSS después de las muertes.
Ya estaban allí.
LA RESPUESTA AHORA SERÁ NACIONAL
Guadalajara produjo además una decisión que modifica la escala del caso.
El IMSS anunció la creación de un Comando Operativo del Sector Salud para la Seguridad de los recién nacidos en todas las unidades de cuidados intensivos neonatales del país.
La propuesta contempla vigilancia epidemiológica homologada, alertas tempranas, revisiones periódicas, reglas para informar a las familias y protocolos específicos para evaluar muertes asociadas con brotes.
Se prevé involucrar también a ISSSTE, IMSS-Bienestar y hospitales privados.
Esa decisión contiene implícitamente una conclusión importante.
La respuesta ya no puede quedarse dentro del hospital donde comenzaron las denuncias.
Si las reglas necesitan fortalecerse, tienen que hacerlo antes de que otro grupo de padres descubra una falla mediante la peor evidencia posible.
NO TODOS LOS BROTES TERMINAN SIENDO BROTES
También existe una lección en sentido contrario.
En 2017, ocho recién nacidos murieron en el Hospital General de Los Mochis y surgió preocupación sobre una posible infección común.
La investigación sanitaria terminó descartando una bacteria compartida como explicación de las ocho muertes.
Cuatro bebés presentaron sepsis neonatal, pero los orígenes eran diferentes; otros fallecimientos estaban relacionados con problemas respiratorios asociados a prematurez extrema.
El antecedente importa precisamente porque obliga a frenar.
Ocho bebés muertos juntos constituyen una tragedia.
No constituyen automáticamente un solo brote.
La epidemiología existe para descubrir conexiones.
También para descartarlas.
LA PREGUNTA QUE DEJARON LOS OCHO
Los hospitales nunca podrán ser lugares completamente libres de microorganismos.
Y las terapias intensivas neonatales concentran una paradoja particularmente cruel: allí están los pacientes que más necesitan procedimientos capaces de mantenerlos vivos y que, al mismo tiempo, pueden aumentar riesgos infecciosos.
Por eso no existe una solución tan sencilla como exigir que jamás vuelva a ocurrir una infección.
Existe una obligación más concreta.
Prevenir las prevenibles.
Detectar rápidamente las inevitables.
Aislar los brotes.
Encontrar sus conexiones.
Revisar los insumos.
Avisar a las familias.
Y aprender antes del siguiente paciente.
México posee normas, vigilancia epidemiológica, laboratorios, Cofepris, hospitales de alta especialidad y experiencia acumulada de brotes anteriores.
Posee también evidencia de que el subregistro es un riesgo y de que una cadena compartida puede llevar un problema más allá de las paredes donde inicialmente fue detectado.
Los casos actuales deberán decirnos finalmente qué ocurrió en Durango y Guadalajara.
Quizá aparezcan conexiones.
Quizá sean episodios completamente distintos.
Quizá algunas muertes resulten atribuibles a infecciones y otras no.
Eso debe determinarlo la investigación clínica y epidemiológica, no un encabezado.
Pero los números nacionales ya permiten afirmar algo sin esperar esos resultados.
El problema de las infecciones hospitalarias es mucho más grande que estos ocho bebés.
En 2025 México notificó 122 mil 745.
Casi cinco mil fueron adquiridas en terapia intensiva neonatal.
Hace menos de dos años, un brote atravesó ocho hospitales y tres estados antes de quedar asociado a una cadena compartida de nutrición parenteral.
Ahora el IMSS prepara una respuesta nacional para las unidades donde se atiende a los recién nacidos más vulnerables.
Ocho muertes nos hicieron mirar.
La prueba verdadera será otra:
que el sistema consiga encontrar el siguiente riesgo antes de que otra familia tenga que señalarlo desde afuera de una incubadora.

