Edi Rama promete llevar Albania a la Unión Europea en 2028. Sus estudiantes responden con protestas por educación, empleo, corrupción y un país que sienten cada vez más ajeno.
Albania lleva años intentando demostrar que está lista para entrar a la Unión Europea. Esta semana, miles de estudiantes comenzaron a preguntar algo distinto: lista para quién.
Las protestas comenzaron por costos educativos, condiciones universitarias, escaso apoyo financiero y pocas oportunidades laborales, pero rápidamente absorbieron un malestar político mucho más amplio.
El miércoles, decenas de miles salieron en Tirana, incendiaron oficinas gubernamentales y bancos y chocaron con policías que respondieron con gases lacrimógenos e hidrantes.
Un día después, Edi Rama, Primer Ministro de Albania rechazó renunciar y defendió la legitimidad de su cuarto mandato: “Tuvimos elecciones el año pasado, no una revolución”.
Europa está en el discurso pero la calle pide otra cosa
Rama convirtió la adhesión europea en pieza central de su proyecto político y quiere completar las negociaciones para que Albania pueda incorporarse alrededor de 2028.
Su argumento ante las protestas también pasa por Bruselas: aseguró que abandonar el gobierno ahora sería traicionar el mandato recibido para completar precisamente ese proceso.
Pero los jóvenes protestan por asuntos mucho más cercanos que una futura bandera europea: cuánto cuesta estudiar, dónde trabajar después y qué oportunidades ofrece Albania realmente.
Los organizadores hablan además de corrupción, falta de vivienda accesible y sensación de que las decisiones importantes terminan beneficiando a empresarios o intereses externos.
La costa también terminó dentro de la protesta
El malestar creció durante meses por un proyecto turístico de lujo en la costa sur respaldado por Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.
Habitantes de la zona sostienen que terrenos fueron vendidos indebidamente para permitir el desarrollo; Reuters no encontró evidencia de irregularidades atribuibles directamente a Kushner.
Ese conflicto terminó mezclándose con las protestas estudiantiles porque simboliza una sospecha más grande: quién obtiene realmente los beneficios del crecimiento y la integración económica.
Una manifestante resumió esa mezcla de asuntos al explicar que protestaba primero por la costa y después “por la educación aquí en Albania, que está muy mal”.
Entrar a Europa también exige arreglar la casa
Albania y Montenegro encabezan actualmente el proceso de adhesión entre los Balcanes occidentales, pero Bruselas sigue observando corrupción, justicia, instituciones y Estado de derecho.
Rama responde que precisamente esos problemas están siendo combatidos como nunca antes y acusa a algunos sectores internos y externos de intentar descarrilar el avance europeo.
También ofrece hablar sobre costos educativos, aunque separa esas demandas de la violencia. “Destruir propiedad pública” no forma parte, dijo, de reclamos estudiantiles legítimos.
La Unión Europea pidió diálogo y moderación mientras la protesta se extendía hacia otras ciudades y el Parlamento suspendía su sesión ante los disturbios en Tirana.
El problema no cabe en una candidatura europea
La paradoja albanesa es que una sociedad puede avanzar técnicamente hacia Europa mientras parte de sus jóvenes siente que quedarse dentro del país resulta cada vez menos atractivo.
Para Bruselas, cumplir capítulos, reformas y estándares importa. Para un estudiante, Europa también significa conseguir empleo, pagar menos por estudiar y confiar en instituciones públicas.
Rama quiere presentar 2028 como horizonte nacional. Los manifestantes están preguntando qué ocurrirá mientras llega esa fecha y quién podrá permitirse todavía esperar hasta entonces.
Albania quizá consiga entrar a la Unión Europea. El desafío inmediato es evitar que una parte de su generación joven quiera abandonar Albania antes de verlo.
