El inframundo mexica exigía atravesar nueve regiones después de morir. En Ciudad de México basta bajar al sótano de una plaza comercial y comprar un boleto desde 390 pesos.
Morirse ya no es requisito para conocer el Mictlán. Desde el 25 de septiembre, una puerta bastante menos definitiva conduce hacia allá desde Plaza Metrópoli Patriotismo.
Hay que bajar al sótano dos. Allí comienza la tercera edición de “Un Viaje al Mictlán”, experiencia inmersiva construida alrededor de los nueve niveles del inframundo mexica.
La contradicción resulta irresistible: una antigua concepción sobre la muerte, transformada durante unas semanas en recorrido tecnológico dentro de uno de los inventos más contemporáneos posibles, el centro comercial.
Pero conviene separar el espectáculo de la historia.
El Mictlán no era exactamente el equivalente mexica del infierno cristiano. Llegar allí tampoco dependía sencillamente de haberse portado bien o mal durante la vida.
En la cosmovisión nahua documentada por fuentes históricas, el destino después de morir estaba relacionado, entre otros factores, con la manera en que había ocurrido la muerte.
Quienes llegaban al Mictlán emprendían un viaje complejo por regiones llenas de obstáculos antes de alcanzar el descanso definitivo, bajo el dominio de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.
La experiencia toma esa poderosa estructura narrativa y la convierte en nueve salas recorribles mediante iluminación, sonido, instalaciones de gran formato y diferentes elementos inspirados en aquella cosmovisión.
También aparece un compañero imprescindible: el xoloitzcuintle, animal asociado en las tradiciones mesoamericanas con el tránsito de los muertos y convertido aquí en guía del visitante.
Esta edición renovó salas e incorporó espacios y elementos dinámicos. Durante los fines de semana aparecen además personajes relacionados con el universo mexica dentro del recorrido.
El resultado no debe confundirse con una reconstrucción arqueológica. Es entretenimiento contemporáneo inspirado en una tradición histórica mucho más compleja que cualquier experiencia inmersiva de una hora.
Y justamente ahí está lo interesante.
Durante siglos, el Mictlán sobrevivió mediante relatos, códices, investigaciones, imágenes y tradiciones. Ahora también compite por nuestra atención utilizando proyectores, instalaciones, sonido envolvente y escenarios fotografiables.
El viaje puede realizarse hasta el 8 de noviembre. Los boletos cuestan 390 pesos entre semana y 420 durante sábados y domingos.
Hay algo deliciosamente extraño en todo esto.
Una antigua civilización imaginó uno de los viajes más difíciles posibles después de la muerte.
Veinticinco generaciones después, nosotros conseguimos meterlo debajo de una plaza comercial.
Y ahora hasta acepta tarjeta.
