Las autoridades han detenido todo intento de extracción en la Mina
Durante décadas sacaron piedra, grava y arenilla de la Sierra de Santa Catarina. La explotación estaba prohibida y las minas habían sido clausuradas, pero algunas siguieron trabajando. En agosto se cerró el último acceso conocido del Yuhualixqui. Ahora viene algo posiblemente más difícil: recuperar el cerro.
En Lomas de San Lorenzo todavía hay vecinos que recuerdan cuando era posible subir caminando al volcán Yuhualixqui y mirar la Ciudad de México desde arriba.
Después llegaron las excavaciones.
Durante décadas, la extracción de piedra, arenilla y grava modificó las laderas de la Sierra de Santa Catarina, la cadena volcánica que atraviesa territorios de Iztapalapa y Tláhuac.
Hay ahora una pequeña buena noticia en una historia bastante larga de deterioro ambiental.
La extracción en la mina del Yuhualixqui se detuvo en agosto, después de que la alcaldía Iztapalapa cerrara sus accesos y asegurara dos camiones que salían cargados de material.
El caso resulta particularmente llamativo porque la Sierra de Santa Catarina fue declarada área natural protegida desde 1994.
Además, en la Ciudad de México no existe autorización para extraer materiales pétreos.
En agosto de 2025, la Secretaría del Medio Ambiente y la Secretaría de Seguridad Ciudadana realizaron un operativo en el que fueron clausuradas 17 minas ilegales ubicadas en Tláhuac e Iztapalapa: diez fueron nuevas clausuras y en siete lugares tuvieron que reponerse sellos.
Eso tampoco bastó.
En el Yuhualixqui continuó la extracción y las autoridades de Iztapalapa tuvieron que reforzar la vigilancia. El 17 de agosto de 2026 fueron suspendidos sus accesos y asegurados dos camiones. Días después todavía se reportó el intento de ingreso de otro vehículo para cargar material.
La historia explica por qué clausurar no es lo mismo que recuperar.
Detener los camiones impide que siga saliendo material, pero no devuelve automáticamente la tierra removida, la vegetación ni los servicios ambientales perdidos durante décadas.
La zona empieza, sin embargo, otra etapa. En agosto también fue escenario de trabajos de reforestación dentro de una jornada en la que autoridades y habitantes participaron en la plantación de árboles y recuperación de suelo verde.

Para quienes viven junto a la sierra, el desafío ya no debería ser únicamente conservar los sellos de clausura.
Será conseguir que un territorio utilizado durante décadas como proveedor de materiales para construir la ciudad pueda volver a funcionar como cerro.
Y, algún día, quizá también como aquel lugar al que los vecinos recuerdan que podían subir.
